La paciencia…

“Aprendemos la paciencia cuando esperamos el tiempo de las cosas que no es el de la ansiedad. La ansiedad es la falta de esta confianza mayor en la que descanso, mientras sé que lo que tenga que ocurrir, ocurrirá. No es dejar de hacer, es actuar sin obsesionarse por el resultado, sin la presión de nuestro imponernos sobre las cosas.

Actuar sin ansiedad, desde un corazón puro, es nuestra entrega sagrada. Es la apertura del corazón que se da confiado a lo que es.”

(fragmento de “De la mente al corazón“, de Miguel Lagos)

 

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@PabloGimenez

+Pablo

El pan tostado

Después de un largo y duro día en el trabajo, mi mamá puso un plato de salchichas y pan tostado muy quemado frente a mi papá.

Recuerdo estar esperando ver si alguien lo notaba.

Sin embargo, aunque mi padre lo notó, alcanzó un pan tostado, sonrió a mi madre y me preguntó cómo me había ido en la escuela.

No recuerdo lo que le contesté, pero sí recuerdo verlo untándole mantequilla y mermelada al pan tostado y comérselo todo.

Cuando me levanté de la mesa esa noche, recuerdo haber oído a mi madre pedir disculpas a mi padre por los panes tostados muy quemados.

Nunca voy a olvidar lo que le dijo: “Cariño no te preocupes, a veces me gustan los panes tostados bien quemados.”

Más tarde esa noche, fui a dar el beso de las buenas noches a mi padre y le pregunté si a él le gustaban los panes tostados bien quemados.

Él me abrazó y me dijo estas reflexiones:”tu mamá tuvo un día muy duro en el trabajo, está muy cansada y además – un pan tostado un poco quemado no le hace daño a nadie”.

La vida está llena de cosas imperfectas y gente imperfecta.

Aprender a aceptar los defectos y decidir celebrar cada una de las diferencias de los demás, es una de las cosas más importantes para crear una relación sana y duradera.

Un pan tostado quemado no debe romper un corazón.

La comprensión y la tolerancia es la base de cualquier buena relación.

Sé más amable de lo que tú creas necesario, porque todas las personas, en éste momento, están librando algún tipo de batalla.

Todos tenemos problemas y todos estamos aprendiendo a vivir y lo más probable es que no nos alcance la vida para aprender lo necesario.

El camino a la felicidad no es recto.

Existen curvas llamadas EQUIVOCACIONES, existen semáforos llamados AMIGOS, luces de precaución llamadas

FAMILIA, y todo se logra si tienes una llanta de repuesto llamada DECISIÓN, un potente motor llamado AMOR, un buen seguro llamado FE, abundante combustible llamado PACIENCIA, pero sobre todo un experto conductor llamado ¡DIOS!.

 (autor desconocido)
(gracias Luna por compartirlo)

El papel arrugado

Mi carácter impulsivo me hacía reventar en cólera a la menor provocación.

La mayor parte de las veces, después de uno de estos incidentes, me sentía avergonzado, entonces me esforzaba por consolar a quien había dañado.

Un día, mi psicólogo que me escuchó dando excusas después de una explosión de ira, me entregó un papel liso.

Y me dijo:

“Estrújalo”

Asombrado, obedecí e hice una bola con él papel.

Luego me dijo:

“Ahora déjalo como estaba antes.”

Por supuesto que no pude dejarlo como estaba.

Por más que traté, el papel quedó lleno de arrugas.

Entonces mi psicólogo dijo:

“El corazón de las personas es como ese papel. La impresión que dejas en ese corazón que lastimaste, será tan difícil de borrar como esas arrugas en el papel. Aunque intentemos enmendar el error, ya estará marcado.”

Por impulso no nos controlamos y sin pensar arrojamos palabras llenas de odio y rencor, y luego, cuando pensamos en ello, nos arrepentimos, pero no podemos dar marcha atrás, no podemos borrar lo que quedó grabado.

Y lo mas triste es que dejamos ´arrugas´ en muchos corazones.

Desde hoy, sé más compresivo y más paciente.

Cuando sientas ganas de estallar, recuerda el papel arrugado.

(autor desconocido)

Esperar

Esperar es una prueba,
es tendencia a madurar,
comprender que lo que esperas,
puede hacerse realidad.

Esperar es una fuerza,
saber que el tiempo ha de pasar,
entendiendo que las cosas,
vienen cuando han de llegar.

Esperar es mirar el mundo,
percibir que todo tiene un ritmo,
es fortalecer el alma,
no perderte en el abismo.

Esperar, es no perder lo encontrado,
ahí está, pero no has de poseerlo,
hasta que el tiempo indique lo contrario,
cuando madures y lo asumas con anhelo.

Esperar, es saber que lo que deseas,
es más fuerte que el impulso cotidiano,
descubrir la importancia del objeto,
y la calma, que te lleva a disfrutarlo.

Esperar es segura complacencia,
es saber que cuando llegue lo esperado,
disfrutarás la alegría de aquella espera,
y vivirás a plenitud con lo logrado.

(autor desconocido)

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Como el bambú japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.

También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada, apurándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable.

En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto,que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡mas de 30 metros!

¿Tardó sólo seis semanas crecer?

No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente de que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y coherente y saben esperar el momento adecuado.

De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.

Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos pasamos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que, en tanto no bajemos los brazos ,ni abandonemos por no “ver” el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.

Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.

Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

Tiempo… ¡Cómo nos cuestan las esperas!

¡Qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos!

Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del taxi… nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué.

Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés…

¿Para qué?

Propongámonos tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación.

Gobernar aquella toxina llamada impaciencia, la misma que nos envenena el alma.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizá sólo estés echando raíces….

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La paciencia

Espera y sosiego en las cosas que se desean.

Paciencia es aprender a esperar cuando realmente no quieres.

Es descubrir algo que te gusta hacer mientras estas aguardando, y disfrutar tanto de lo que estás haciendo que te olvidas que estás haciendo tiempo.

Paciencia es dedicar tiempo a diario a soñar tus propios sueños y desarrollar la confianza en ti mismo para convertir tus deseos en realidad.Paciencia es ser complaciente contigo mismo y tener la fe necesaria para aferrarte a tus anhelos, aún cuando pasan los días sin poder ver de qué manera se harán realidad.Paciencia es amar a los demás aún cuando te decepcionen y no los comprendas.

Es renunciar y aceptarlos tal y como son y perdonarlos por lo que hayan hecho.

Paciencia es amarte a ti mismo y darte tiempo para crecer; es hacer cosas que te mantengan sano y feliz y es saber que mereces lo mejor de la vida y que estás dispuesto a conseguirlo, sin importar cuánto tiempo sea necesario.

Paciencia es estar dispuesto a enfrentarte a los desafíos que te ofrezca la vida, sabiendo que la vida también te ha dado la fuerza y el valor para resistir y encarar cada reto.

Paciencia es la capacidad de continuar amando y riendo sin importar las circunstancias, porque reconoces que, con el tiempo, esas situaciones cambiarán y que el amor y la risa dan un profundo significado a la vida y te brindan la determinación de continuar teniendo paciencia.

Paciencia, cultivala en ti, y agradece a Dios por ese don.

El Picapedrero

“Una de las metáforas globales más capacitadoras que me han ayudado en los momentos difíciles es una historia compartida por muchos oradores en el tema del desarrollo personal.

Se trata de la sencilla historia de un picapedrero.

¿Cómo puede un picapedrero abrir un gigantesco canto rodado?.

Empieza por utilizar un enorme martillo con el que golpea la roca granítica con toda la fuerza que puede.

La primera vez que la golpea no le hace ni una muesca, no le arranca ni un trocito, nada.

Retira el martillo y vuelve a golpear una y otra vez, 100, 200, 300 veces, sin producir una sola grieta.

Después de tanto esfuerzo, la roca no muestra ni la más ligera grieta, pero él sigue golpeándola.

A veces, pasa gente a su lado y se ríe de su persistencia, cuando es evidente que sus acciones no están teniendo el menor efecto.

Pero un picapedrero es muy inteligente.

Sabe que, por el hecho de no ver resultados inmediatos de las acciones que realiza, eso no quiere decir que no se esté haciendo ningún progreso.

Continúa golpeando la roca en diferentes puntos, una y otra vez, y en algún momento, quizá cuando lleve 500 o 700 golpes, o en el que hace 1.004, la piedra no sólo se astilla, sino que se abre literalmente por la mitad.

¿Ha sido ese único y último golpe el que ha abierto la piedra?

Desde luego que no.

Ha sido la presión constante y continua que ha aplicado al desafío al que se enfrentaba.

Para mí, la aplicación consistente de la disciplina es el martillo capaz de romper cualquier canto rodado que esté impidiéndole el paso por el camino de su progreso”.

Extraído de “Controle su destino
Anthony Robbins
ISBN 84-293-2420-3

 

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Lección de perseverancia

¿Te has puesto a observar la actitud de los pájaros ante las adversidades? 

Están días y días haciendo su nido, recogiendo materiales a veces traídos desde largas distancias…

…Y cuando ya está terminado y están prontos para poner los huevos, las inclemencias del tiempo o la obra del ser humano o de algún animal lo destruye y tira por suelo lo que con tanto esfuerzo se logró…

¿Qué hace el pájaro?

¿Se paraliza, abandona la tarea?

De ninguna manera. Vuelve a recomenzar, una y otra vez, hasta que en el nido aparecen los primeros huevos.

A veces -muchas veces- antes de que nazcan los pichones algún animal, un niño, una tormenta, vuelve a destruir el nido, pero esta vez con su precioso contenido…

Duele recomenzar desde cero… pero aun así el pájaro jamás enmudece ni retrocede, sigue cantando y construyendo, construyendo y cantando…

¿Has sentido que tu vida, tu trabajo, tu familia, tus amigos no son los que soñaste?  ¿Has querido decir basta, no vale la pena el esfuerzo, esto es demasiado para mí?

¿Estás cansado de recomenzar, del desgaste de la lucha diaria, de la confianza traicionada, de las metas no alcanzadas cuando estabas a punto de lograrlo?

Por más que te golpee la vida no te entregues nunca, di una oración, pon tu esperanza al frente y arremete.

No te preocupes si en la batalla sufres alguna herida, es de esperar que algo así suceda.

Junta los pedazos de tu esperanza, ármala de nuevo y vuelve a arremeter.

No importa lo que pase… no desmayes, sigue adelante.

La vida es un desafío constante pero vale la pena aceptarlo.

Y sobre todo… nunca dejes de cantar.

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Decisiones importantes

En muchas ocasiones, debemos tomar decisiones importantes para nuestras vidas.

Cuando uno se encuentra en una situación o estado de ánimo alterado, mucha veces es mejor esperar un tiempo para tomar una gran decisión.

Decidir en condiciones anímicamente adversas, aumenta la posibilidad de error.

Siempre recuerdo uno de los cuentos, que ya hace unos cuantos años, nos contaba el padre José cuando con los chicos del barrio jugábamos en el patio de la parroquia. La enseñanza que nos deja este breve relato, bien puede aplicarse a quien se encuentra ante la disyuntiva del divorcio.

…Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña, así que buscó un árbol muerto y lo cortó. Pero luego, en la primavera, pudo darse cuenta con gran tristeza, que al tronco marchito le brotaron retoños.

Mi padre dijo: “Estaba yo seguro de que ese árbol estaba muerto. Había perdido todas las hojas en el invierno. Hacía tanto frío, que las ramas se quebraban y caían como si no le quedara al viejo tronco ni una pizca de vida. Pero ahora advierto que aún alentaba en él la vida.”

Y volviéndose hacia mí, me aconsejó:

“Nunca olvides esta importante lección. Jamás cortes un árbol en invierno.”

Jamás tomes una decisión negativa en tiempo adverso.

Nunca tomes las más importantes decisiones cuando estés en tu peor estado de ánimo. Espera, sé paciente, la tormenta pasará.

Recuerda que la primavera volverá.

Anónimo.

Una princesa azul

… Proseguí mi marcha flotando hacia el lugar del encuentro.

Tenía una cita desde la eternidad de los tiempos: iba a encontrarme con “ella”.

Apareció a lo lejos una especie de pagoda o pérgola flotando junto a la orilla. Tenía un techo al estilo japonés, sujeto por delgadas cañas entre las que subían enredaderas de hojas rosadas y flores azules que hacían las veces de paredes. Sobre el piso de madera pulida había almohadones de anchas franjas de colores; desde el techo colgaban pequeños adornos, como inciensarios de bronce u oro y jaulitas para grillos.

Sobre los almohadones se encontraba “ella”, la sentí cercana, inmensamente cercana, sin embargo, era la primera vez que íbamos a unirnos…

No nos miramos a los ojos, queríamos alargar los momentos previos, no había que apresurar nada… tantos milenios habíamos esperado ya…

Hice una reverencia a la que ella respondió sutilmente; entré, nos comunicamos, pero no con palabras, hubiera sido demasiado vulgar, poco armonioso con ese mundo y con aquel encuentro tan anhelado. Nuestro lenguaje consistió en un ritual artístico de leves movimientos de brazos, manos o dedos, acompañados de algún sentimiento que proyectábamos vibratoriamente. Cuando el lenguaje hablado es insuficiente, el amor nos pide otras formas de comunicación…

Llegó el momento de mirar aquel rostro ignorado: era una hermosa mujer de facciones orientales piel de un azul claro. Cabellos muy negros con partidura al centro. Tenía un lunar en medio de la frente.

Sentí mucho amor por ella, y ella por mí. Llegaba el momento culminante. Acerqué mis manos a las suyas… y todo desapareció.

Estaba junto a Ami, en la nave, la neblina luminosa y blanca indicaba que nos íbamos de aquel mundo.

-… tana…  oh, ya regresaste -dijo Ami.

Supe que todo aquello había ocurrido en una fracción de segundo, entre el “ven” y el “tana” de la palabra “ventana” que Ami pronunció apenas apareció el color rosado tras los vidrios. Sentí angustia, como quien despierta de un sueño hermoso y se enfrenta a una opaca realidad… ¿o era al revés? ¿no sería esto un mal sueño y lo otro, la realidad?

-¡Quiero volver! -grité. Ami cruelmente me había separado de “ella”, desgarrándome, no podía hacerme eso. Aún no recobraba mi mente habitual, el otro “yo” estaba sobrepuesto a mi vida real. Por un lado era Pedro, un niño de nueve años; por otro lado era un ser… ¿por qué no podía recordarlo ahora?

-Ya habrá tiempo -con suavidad me tranquilizó Ami -, vas a volver… pero no todavía…

Logré calmarme. Supe que era verdad, que volvería, recordé esa sensación de “no apresurar las cosas” y me quedé tranquilo. Poco a poco fui retornando a mi normalidad, pero nunca más volvería a ser el mismo, ahora había vislumbrado otra dimensión de mi propio ser… Yo era Pedro, pero sólo momentáneamente, por otro lado era mucho más que Pedro.

-¿En que mundo estuve?

-En un mundo situado fuera del tiempo y del espacio… en otra dimensión… por ahora.

-Yo estaba allí, pero no era el de siempre… era “otro”…

-Viste tu futuro, lo que serás cuando completes tu evolución hasta cierto límite… dos mil medidas, mas o menos.

-¿Cuándo será eso?

-Te falta nacer, morir, nacer varias veces, varias vidas…

-¿Cómo es posible ver el futuro?

-Todo está escrito. La “novela” de Dios ya está escrita, la saltaste unas cuantas hojas y leiste otra página, eso fue todo. Era necesario, es un pequeño estímulo para que renuncies definitivamente a la idea de que todo termina con una muerte más, y para que lo escribas y otros lo sepan.

-¿Quién era esa mujer? siento que nos amamos, incluso ahora.

-Dios te la pondrá muchas veces a tu lado. A veces la reconocerás, a veces no, depende de tu “cerebro del pecho”. Cada alma tiene un único complemento, una “mitad”.

-¡Tenía la piel azul!

-Y tu también, solo que no te miraste en un espejo -Ami volvió a reirse de mí.

-¿Ahora la tengo azul? -me miré las manos intranquilo.

-Claro que no. Ella tampoco ahora…

-¿Donde está ella en este momento?

-En tu mundo…

-¡Llévame  a ella, quiero verla!

-¿Y cómo la vas a reconocer?

-Tenía rostro de japonesa… aunque no recuerdo sus rasgos… tenía un lunar en la frente…

-Te dije que ahora no es así -reía Ami-, en estos momentos ella es una niña común y corriente.

-¿Tu la conoces, sabes quién es?

-No te apresures, Pedrito, rcuerda que la paciencia es la ciencia de la paz, de la paz interior… no quieras abrir antes de tiempo un regalo sorpresa. La vida te irá guiando… Dios está detrás de cada aconteciemiento…

-¿Cómo la reconoceré?

-No con la mente, no con el análisis, no con el prejuicio, solo con tu corazón, con amor.

-Pero ¿cómo?

-Obsérvate siempre, especialmente cuando conozcas a alguien, pero no confundas lo interno con lo externo… Nos queda poco tiempo por delante. Tu abuelita va a despertar, debemos volver.

-¿Cuándo regresarás?

-Escribe el libro, luego volveré.

-¿Pongo lo de la “japonesita”?

-Pon todo, pero no olvides decir que es un cuento.

Fragmento de “Ami – El niño de las estrellas

Enrique Barrios

ISBN 950-739-019-0

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