El árbol de los problemas

El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar mi vieja granja, acababa de finalizar su primer día de trabajo muy duro. Su cortadora eléctrica se había dañado y le había hecho perder una hora de su trabajo y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar.

Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia.

Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.

Al entrar en su casa, ocurrió una sorprendente transformación.

Su bronceada cara sonreía plenamente. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente me acompañó hasta el auto. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo visto cuando entramos.

“Ese es mi árbol de los problemas”, contestó. “Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero hay algo que es seguro: los problemas no pertenecen a mí casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego. Luego a la mañana los recojo otra vez…”

“Lo divertido es… – dijo sonriendo – que cuando salgo a la mañana a recogerlos, ni remotamente encuentro tantos como los que recuerdo haber dejado la noche anterior”.

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¿Zanahoria, huevo o café?

La hija se quejaba con su padre acerca de su vida y de como las cosas le resultaban tan difíciles.

No sabía como hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida.

Estaba cansada de luchar.

Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo.

Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte.

Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo.

En una de las ollas colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café.

Las dejó hervir sin decir palabra.

Su hija esperó impacientemente, preguntándose que estaría haciendo su padre.

A los veinte minutos el padre apagó el fuego.

Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón.

Sacó los huevos y los colocó en otro plato.

Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su hija le dijo: “Querida hija, ¿qué ves?”

-“Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias.

Ella lo hizo y notó que estaban blandas.

Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera.

Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro.

Luego le pidió que probara el café.

Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humíldemente la hija preguntó: -“¿Qué significa esto, padre?”

El entonces le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: el agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.

La zanahoria llegó al agua fuerte y dura, pero después de pasar por el agua hirviendo, se había vuelto débil y fácil de deshacer.

El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.

Los granos de café sin embargo, eran únicos; después de estar en el agua hirviendo, habían cambiado al agua.

– “¿Cuál eres tú?”, le preguntó a su hija.

– “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?

¿Eres una zanahoria que parece fuerte, pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable?.

¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido?

Por fuera te ves igual, pero… ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?.

¿o eres como un grano de café?

El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor.

Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor
mejoren.

Y tú, ¿cuál de los tres eres?”

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El éxito comienza al comenzar algo

Usted no necesita saber todas las respuestas de antemano para resolver un problema o alcanzar su meta.

Pero debe tener de antemano una idea clara sobre el problema o la meta que quiere alcanzar.

Todos los que lograron el éxito en un gran emprendimiento, resolvieron sus problemas a medida que iban apareciendo.

Ellos se ayudaron a sí mismos.

Y fueron ayudados a través de poderes conocidos y desconocidos por ellos en el momento en que comenzaron su viaje al éxito.

Siguieron el viaje sin tener en cuenta los obstáculos que encontraron.

No aplace las cosas cuando se enfrente con un problema difícil.

Divida su problema en partes, y maneje cada parte por vez.

Todo lo que tiene que hacer es saber a dónde va.

Las respuestas vendrán a usted de su propia manera.

Es el trabajo que usted nunca empieza el que le lleva más tiempo para terminar.

¡ Esos si que son problemas complicados !

¡Hola!, me llamo Augusto, tengo un año y medio y no sé muy bien qué significa esto. Lo que sí sé es que cuando se me cae el chupete, o cuando entre las sábanas se me pierde mi oso de peluche, es tal mi desesperación que lloro, grito y pataleo para que mis padres me hagan caso y resuelvan mi problema.

¡Qué angustia me agarro!
¡Esos sí que son problemas complicados!

¡Hola! Soy Augusto, tengo 8 años, me encanta jugar al fútbol.
El mes pasado me saqué una nota estupenda en matemáticas y ¿adivinen qué?, mis padres me compraron una pelota profesional; yo era el niño más feliz del mundo.
Todo era felicidad hasta hoy, porque la pelota se me pinchó y mi madre me dijo que no iba a comprarme otra porque no sé cuidarla.

¡Qué angustia me agarré!
¡Estos sí que son problemas complicados!

¿Que tal?, tengo 15 años y me llamo Augusto Arias. Alguna vez se preguntaron ¿quién soy?, ¿por qué nací acá?, ¿qué será de mi futuro?, ¿por qué yo soy yo y no otra persona?.
En realidad me doy cuenta que con tantas complicaciones en que pensar, la vida se va haciendo más difícil y que es francamente difícil descifrar el enigma de la vida.

¡Qué angustia tengo!
¡Estos sí que son problemas complicados!

¡Qué onda! ¿Cómo estás?, me llamo Augusto, alias “El Chancho” y voy a cumplir la grandiosa edad de 18 años. Tengo bajas cuatro materias, y creo que estoy recontra liquidado, soy un verdadero fracaso, no sirvo para nada.
No quiero ni pensar en la reacción de mis viejos cuando se enteren. Y eso no es todo, lo que me tiene peor es esa chica que conocí hace un tiempo, me parece que me enamoré de la “guacha”, pero es un poco boba. No sé que hacer, no sé que decir, no sé como actuar. Esta vida no vale un comino; ¡cómo me gustaría ser niño otra vez, en esa edad uno no tiene problemas!

¡Qué angustiado estoy!
¡Estos sí que son problemas complicados!

Hola soy Augusto Arias y trabajo en CWP, una multinacional de servicios, hace un par de años, y ahora se fusionó con otra parecida y parece que según se rumorea por los pasillos, se vienen los despidos y los grandes cambios.
Si quedamos en la calle como están las cosas eso si que es un problema ¿no?
¡Cómo me gustaría estar en el secundario y rascarme todo el día!
Eso si que era vida no esta de ahora.
¡¡¡¡Qué problemas complicado el laburar no!!!!!

¿Qué tal?, soy el Contador Augusto Arias, ésta empresa donde trabajo no me paga lo suficiente, lo que me merezco. Estudie toda una vida ¿y …?, ¿es esto lo que recibo?, ¡No es posible!. Con esta crisis que nos ahoga a todos y este gobierno que nos hunde más en el estiércol cada día que pasa.
Ya no soy feliz como cuando era adolescente; entonces no había preocupaciones, no tenía responsabilidades. ¿Qué problemas tenía yo?, tenía casa, comida, ropa; todo por delante, mi única obligación era el liceo.
Les diré una cosa: ¡prepárense para el futuro!, porque está lleno de problemas complicados.

¡Qué angustia!
¡Estos sí que son problemas complicados!

Gusto en conocerlos, soy el Master en Ciencias Económicas Augusto Arias Menta; soy padre de familia, no es fácil serlo. Mis hijos mal que bien la van llevando, pero la que no me banco más es a mi esposa, no es la misma que conocí hace 18 años, ¡bendita edad!, cuando construís castillos en el aire, soñás con ser millonario, famoso, o como cuando estaba en la universidad y tenía el mundo a mis pies. Ahora todo es diferente; la vida es recontra más dura que lo que parece en realidad, estoy sintiendo una gran angustia ante la impotencia de no poder hacer nada para cambiar el mundo.

Definitivamente
¡Estos sí que son problemas complicados!

¡Epa!, ¡Ya soy abuelo!, mi nieto se llama Augusto, como yo. Gracias a Dios goza de buena salud. ¡Qué suerte poder gozar de salud!. Si yo la tuviera sería el hombre más feliz del mundo, haría tantas cosas que no puedo hacer… caminaría por el parque de la mano con esa bendita mujer que tengo desde hace 50 años, jugaría con mi nieto a la pelota, viajaría de vez en cuando con la plata que pude juntar y que ahora se me va en puros remedios.

¡Qué lastima que la vida sea tan angustiosa y esté llena de problemas!

¿Qué pasa?. No sé dónde estoy!. Aquí solo veo una luz allá lejos, al final del camino, hace un tiempo me morí, pero, en realidad, no me morí, sigo existiendo… tarde me dí cuenta de que la vida es más sencilla de lo que parece, de que en realidad estuve muerto en vida, quejándome de todo, sintiendo que la vida era para sufrir, no entiendo por qué me preocupaba por un estúpido sonajero, por una pelota pinchada, ¿qué importa que tuviese 4 materias bajas o todas las materias o que me quedara repetidor?.
¿Por qué le tenía miedo a esa mujer que llegó a ser mi esposa y que solo de viejo supe valorar?.
¿A quién diablos le importa el gobierno?.
¿Por qué me preocupaba de mi salud cuando lo único que tenía era un simple resfrío?.

Lo más importante era que… ¡estaba vivo! ¡tenía sueños! ¡tenía esperanzas!.

Yo mismo me impuse el peor castigo que se puede imponer un ser humano: no vivir la vida.
Tarde me di cuenta de que en realidad no existen los problemas complicados, tarde me di cuenta de que el secreto de la vida es vivir intensamente cada momento, tarde me di cuenta de que el secreto de la vida es aprovechar cada día y ser más feliz con lo que ya tenés.

El no darte cuenta de eso,
¡ese sí que es un problema complicado!