Un nudo en la sábana…

En una junta de padres de familia de cierta escuela, la Directora resaltaba el apoyo que los padres deben darle a los hijos.

También pedía que se hicieran presentes el máximo de tiempo posible.

Ella entendía que, aunque la mayoría de los padres de la comunidad fueran trabajadores, deberían encontrar un poco de tiempo para dedicar y entender a los niños.

Sin embargo, la directora se sorprendió cuando uno de los padres se levantó y explicó, en forma humilde, que él no tenía tiempo de hablar con su hijo durante la semana.

Cuando salía para trabajar era muy temprano y su hijo todavía estaba durmiendo.

Cuando regresaba del trabajo era muy tarde y el niño ya no estaba despierto.

Explicó, además, que tenía que trabajar de esa forma para proveer el sustento de la familia.

Dijo también que el no tener tiempo para su hijo lo angustiaba mucho e intentaba redimirse yendo a besarlo todas las noches cuando llegaba a su casa y, para que su hijo supiera de su presencia, él hacía un nudo en la punta de la sábana.

Eso sucedía religiosamente todas las noches cuando iba a besarlo.

Cuando el hijo despertaba y veía el nudo, sabía, a través de él, que su papá había estado allí y lo había besado. El nudo era el medio de comunicación entre ellos.

La directora se emocionó con aquella singular historia y se sorprendió aún más cuando constató que el hijo de ese padre, era uno de los mejores alumnos de la escuela.

El hecho nos hace reflexionar sobre las muchas formas en que las personas pueden hacerse presentes y comunicarse con otros.

Aquél padre encontró su forma, que era simple pero eficiente. Y lo más importante es que su hijo percibía, a través del nudo afectivo, lo que su papá le estaba diciendo.

Algunas veces nos preocupamos tanto con la forma de decir las cosas que olvidamos lo principal que es la comunicación a través del sentimiento.

Simples detalles como un beso y un nudo en la punta de una sábana, significaban, para aquél hijo, muchísimo más que regalos o disculpas vacías.

Es válido que nos preocupemos por las personas pero es más importante que ellas lo sepan, que puedan sentirlo.

Para que exista la comunicación, es necesario que las personas “escuchen” el lenguaje de nuestro corazón, pues, en materia de afecto, los sentimientos siempre hablan más alto que las palabras.

Es por ese motivo que un beso, revestido del más puro afecto, cura el dolor de cabeza, el raspón en la rodilla, el miedo a la oscuridad.

Las personas tal vez no entiendan el significado de muchas palabras, pero saben registrar un gesto de amor. Aún y cuando el gesto sea solamente un nudo. Un nudo lleno de afecto y cariño.

Estos gestos de amor son tan significativos cuando no es posible la comunicación directamente entre familiares amigos y parejas, por que hay situaciones en la vida que no nos permite estar cerca de nuestros seres amados incluyendo a nuestros amigos.

Por esa razón establecer estos lazos o nudos como gestos de amor y como un indicador de que estas allí, de que piensas en esa persona, de que la amas, de que la recuerdas fortalecen aún más las relaciones.

Una llamada perdida, un texto de móvil a móvil sin tantas palabras sólo un “hola”, “te quiero”, “una frase con un buen deseo”, un mensaje en el msn, una postal, una rosa, un detalle en cualquier día del año…estos detalles y gestos que representan ese nudo en la sábana nos fortalecen, nos llenan de amor, de seguridad, de energías y de cualquier otro noble sentimiento a tal punto que levantaría a un enfermo de una cama.

El amor es el sentimiento más noble y más fuerte que posee el hombre, es una poderosa arma para conquistar el mundo.

Vive de tal manera que cuando tus hijos piensen en Justicia, Cariño, Amor e Integridad, piensen en tí.

(autor desconocido)

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Si Dios nos regala un hijo

Una de las peores secuelas de la culpabilidad que nos atormenta hoy a la mayoría de los padres es que se han revertido los términos de nuestras relaciones con los hijos.

Hasta donde recuerdo, los esfuerzos de mis papás estaban encaminados a lograr que los respetáramos, obedeciéramos sus órdenes, tuviéramos buenos modales y fuéramos estudiantes consagrados.

Es decir, su función no era complacernos sino educarnos. Agradarlos era asunto nuestro, no suyo.

Mientras que hasta hace sólo un par de generaciones los niños hacían lo posible por complacer a sus padres, hoy nosotros hacemos hasta lo imposible por complacer a los hijos…

Parece que los sentimientos de culpa nos hacen creer que, como siempre hay algo en que nos hemos equivocado, no somos merecedores del amor de nuestros hijos y por lo tanto tenemos que ganárnoslo.

Lo más grave de este fenómeno es que desde el momento en que son los hijos quienes nos otorgan su amor y nosotros quienes tenemos que merecérnoslo, son ellos quienes tienen el poder en la familia.

Es por eso que hoy los niños son los que mandan y los padres los que obedecemos, una situación sin precedentes en las generaciones anteriores.

Esta nueva posición de inferioridad paterna da lugar a ciertas actitudes inconcebibles de los padres hoy como, por ejemplo, el creciente interés por ser los mejores amigos de los hijos…

Lo peor es que el esfuerzo por ganar su amistad nos lleva a actuar como aliados de nuestros hijos, por lo que estamos prestos a defenderlos ante la autoridad, ante el colegio, ante los profesores, es decir, ante todo el que se atreva a contrariarlos.

Esto significa que, no sólo no les ponemos límites sino que nos oponemos a que otros lo hagan. Y lo que así se logra es que los hijos se conviertan en personas irreverentes e irresponsables, que van por la vida exigiendo derechos que no tienen y  privilegios que no se merecen, pero siempre sabiendo que sus papás los sacarán de cualquier problema.

El amor de los hijos no se compra, y menos a base de convertirnos en sus pares. El precio a pagar no puede ser colocarlos en el lugar que nos corresponde como padres porque los dejamos huérfanos.

Lo que nos hará merecedores de su afecto y admiración será la dedicación, que estemos al mando de sus vidas hasta que tengan la madurez para hacerlo por sí mismos.

Esto significa que nuestra función no es subyugar a los hijos como en el pasado, pero tampoco rendirnos a sus pies para que nos amen, sino liderar su travesía inicial para que puedan más adelante ser capitanes idóneos de sus propias vidas.

Ángela Marulanda

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Hola mami…

Hola mami, ¿cómo estás? Yo, muy bien, gracias a Dios, hace apenas unos días me concebiste en tu pancita.

La verdad no te puedo explicar lo contento que estoy de saber que tú vas a ser mi mamá, otra cosa que también me llena de orgullo es el ver con el amor con el que fui concebido…

¡Todo parece indicar que voy a ser el niño más feliz del mundo!

Mami, ha pasado ya un mes desde mi concepción, y ya empiezo a ver como mi cuerpecito se empieza a formar,digo, no estoy tan bonito como tú, pero dame una oportunidad.

¡Estoy MUY feliz!

Pero hay algo que me tiene un poco preocupado…

Ultimamente me he dado cuenta de que hay algo en tu cabezita que no me deja dormir, pero bueno, ya se te pasará, no te apures.

Mami, ya pasaron dos meses y medio y la verdad estoy feliz con mis nuevas manitos y de veras que tengo ganas de utilizarlas para jugar.

Mamita dime que te pasa, ¿por que lloras tanto todas las noches?

¿Por qué cuando papi y tú se ven se gritan tanto?

¿Ya no me quieren, o qué?

Voy a hacer lo posible para que me quieran…

Han pasado ya 3 meses, mami, te noto muy deprimida, no entiendo que pasa, estoy muy confundido.

Hoy en la mañana fuimos con el doctor y te hizo una cita para mañana.

No entiendo, yo me siento muy bien…

¿Aacaso te sientes mal, mamita?

Mami, ya es de día, ¿a donde vamos?

Qué pasa, mami ¿por qué lloras?

No llores, si no va a pasar nada…

Oye mami, no te acuestes, apenas son las 2 de la tarde, es muy temprano para irse a la cama aparte, no tengo nada de sueño, quiero seguir jugando con mis manitas. mis…

¡Ay, ah! ¿Qué hace ese tubito en mi casita?

¿Es un juguete nuevo? ¡Oigan!

¿Por qué están succionando mi casa?

¡MAMI! ¡Esperen! ¡Esa es mi manito!

Señor, ¿por qué me la arrancan?

¿Que no ve que me duele? ¡ah! ¡Mami defiéndeme!

¡Mamá…ayúdame! ¿Que no ves que todavía estoy muy chiquito y no me puedo defender?

Mami, mi piernita, ¡me la están arrancando!

Por favor diles que ya no sigan, te lo juro que ya me voy a portar bien ya no te vuelvo a patear.

¿Cómo es posible que un ser humano me pueda hacer esto?

Va a ver cuando sea grande y fuer……te…

Mami, ya no puedo más, me ay… mami… mami… ayúdame…

Mami, han pasado ya 17 años desde aquel día, y yo desde aquí observo como todavía te duele esa decisión que tomaste.

Por favor, ya no llores, acuérdate que te quiero mucho y aquí te estoy esperando con muchos abrazos y besos.

Te quiero mucho… tu Bebé.

(autor desconocido)

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Consejos a un hijo…

Observa el amanecer por lo menos una vez al año.

Estrecha la mano con firmeza y mira a la gente de frente a los ojos.

Evita a las personas negativas: siempre tienen un problema para cada solución.

Nunca existe una segunda oportunidad para causar una buena impresión.

Desconfía de los fanfarrones, nadie alardea de lo que le sobra.

Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa.

Recuerda que se logra más de las personas por medio del estímulo que del reproche: dile al débil que es fuerte y lo verás hacer fuerza.

Anímate a presentarte a alguien que te cae bien, simplemente con una sonrisa y diciendo: “mi nombre es tal, todavía no nos han presentado”.

Nunca amenaces si no estás dispuesto a cumplir.

Muestra respeto extra por las personas que hacen el trabajo más pesado.

Haz lo que sea correcto, sin importar lo que otros piensen.

Dale una mano a tu hijo cada vez que tengas la oportunidad… llegará el momento en que ya no te dejará hacerlo.

Aprende a mirar a la gente desde sus sandalias y no desde las tuyas. Ubica tus pretensiones en el marco de las posibilidades.

Recuerda el viejo proverbio: “sin deudas, sin peligro”.

No hay nada más difícil que responder a las preguntas de los necios.

Aprende a compartir con los demás y descubre la alegría de ser útil a tu prójimo. (El que no vive para servir, no sirve para vivir).

Acude a tus compromisos con tiempo. La puntualidad es el respeto por el tiempo ajeno.

Nunca confundas riqueza con éxito.

No pierdas nunca el sentido del humor, y aprende a reírte de tus propios defectos.

No esperes que otro sepa lo que quieres si no lo dices.

Trata a tus empleados con el mismo respeto que tratas a tus clientes.

Recuerda que a veces, el silencio es la mejor respuesta.

No descartes una buena idea porque no te gusta de quien viene.

No confundas confort con felicidad.

Escucha el doble de lo que hablas (por eso Dios nos dio dos oídos y una sola boca).

Aprende a distinguir entre tus amigos y tus enemigos.

Cuando necesites un consejo profesional, pídeselo a profesionales y no a amigos.

Nunca envidies: la envidia es el homenaje que la mediocridad rinde al talento.

Recuerda que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres.

Si no quieres sentirte frustrado, no te fijes metas imposibles.

La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor… simplemente disfruta al máximo de lo que tiene.

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El manzano generoso

Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas.

Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él.

Trepaba el árbol hasta la copa, que le daba sombra.

Él amaba al árbol y el árbol amaba al niño.

Pasó el tiempo, y el pequeño niño creció y nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.

Un día, sin embargo, el muchacho regresó y escuchó cómo aquel manzano le preguntaba con tristeza:

–¿Vienes a jugar conmigo?

Pero él contestó:

–Ya no soy el niño de antes que se divertía contigo. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos.

–Lo siento –dijo el árbol–, pero no tengo dinero… Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera obtendrás el dinero que necesitas para comprar tus juguetes.

El muchacho se sintió muy afortunado.

Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero, y el árbol recobró su felicidad.

Pero resultó que su querido amigo no volvió en mucho tiempo…

Cuando aquel muchacho regresó, se había convertido ya en todo un hombre.

El manzano, todavía expectante, le preguntó:

-¿Vienes a jugar conmigo?

–No tengo tiempo para jugar –respondió él–. Debo trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa y con mis hijos. ¿Puedes ayudarme?.

–Lo siento, pero no tengo una casa. Sólo se me ocurre que puedes cortar mis ramas y usarlas para construir la tuya.

Y el joven cortó todas las ramas del árbol, volviendo a desaparecer por muchos años, y dejando al árbol triste y solo.

Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el manzano recuperó la sonrisa.

–¿Vienes a jugar conmigo?– le preguntó.

Pero el hombre contestó:

–Estoy triste: me estoy haciendo mayor. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?.

–Usa mi tronco para construir uno. Así podrás navegar y ser feliz –respondió el árbol.

El hombre cortó el tronco y construyó su bote.

Luego se fue a navegar por un largo tiempo.

Finalmente, regresó después de muchos años.

El manzano, adelantándose a los acontecimientos, le aclaró:

–Lo siento mucho, pero no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.

Pero el hombre replicó:

–Ya no tengo dientes para morder ni fuerza para escalar… Porque ahora yo también soy un viejo.

Entonces, el árbol, con lágrimas en sus ojos le dijo:

–Realmente no puedo darte nada, a excepción de mis raíces muertas.

Y el hombre contestó:

–Yo no necesito mucho ahora; tan solo un lugar para reposar tras años y años de trabajo.

–Bueno… las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y goza de los placeres de la naturaleza.

El hombre se sentó junto al manzano, y éste, tan desnudo de madera, hojas y frutos como feliz y pleno, sonrió con lágrimas…

Ésta puede ser la historia de cada uno de nosotros.

El árbol son nuestros padres, con quienes tanto compartimos de pequeños… pero a los que tan de lado dejamos según vamos creciendo.

Parece a veces que sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas.

Y allí los encontramos siempre, dispuestos a sacrificarse y a darnos todo con tal de vernos felices.

Se podría pensar que el muchacho es cruel con el manzano, pero… ¿no tratamos tantas y tantas veces así a nuestros padres?.

Valorémoslos, querámoslos, mimémoslos… mientras los tengamos a nuestro lado.

Si ya no están, que la llama de su amor arda por siempre en tu corazón y su recuerdo te dé fuerza cuando más cansado te sientas.

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Los hijos…

“…los hijos son bendiciones, cuya vida es una oportunidad para enriquecer la nuestra, porque enseñándoles aprendemos de ellos, formándolos revisamos nuestro proceder, amándolos gozamos de los frutos de su amor y ayudándolos a crecer, crecemos y nos hacemos mas humanos.”

Dedicatoria de “Sigamos Creciendo con Nuestros Hijos”
de Ángela Marulanda

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Carta a los padres…

Carta a los padres.

Escrita por los alumnos de 6to. año A del Colegio José Hernández de Villa Ballester, Buenos Aires, Argentina, en ocasión de la reunión de padres.

Escuchar en Goear

Estás acá porque te intereso, porque sentís que soy muy importante para vos, y eso me hace la persona más feliz del mundo.

Entonces quiero aprovechar para decirte un montón de cosas que tengo dendro mío y que quiero compartir.

Hay cosas que muchas veces no te pido, porque no sé cómo hacerlo; otras veces sé como decirlas, pero no estás a mi lado para escucharme.

De vez en cuando estamos juntos, tengo esas palabras, pero siento que no me estás atendiendo, que no tenés tiempo o que no me entendés.

Por eso hoy te escribo desde el corazón.

Para que sepas lo que me gusta, para que comprendas qué necesito, y que descubras con qué poquito me conformo, y cuánto te necesito.

No sientas culpa, no es una demanda.

Tampoco es una receta para ser mejores padres… como las que salen en las revistas.

Porque sé perféctamente que los padres perfectos no existen.

Tomalo como un simple consejo que nos permita compartir lo bueno de la vida.

Entonces, papi, mami, comprendé que estoy creciendo, que es doloroso dejar de ser tu chiquita.

Marcame los límites necesarios teniendo en cuenta que debo hacer mi propia experiencia probando nuevas cosas.

Poneme esos límites desde el amor y no desde la rigidez.

Yo te voy a agradecer todos tus retos, porque se que me ayudan en el camino de la maduración.

Otra cosa… necesito que cada momento que compartamos juntos sea mas intenso.

Acordate, que los días que nos toca vivir debemos priorizar la calidad ante la cantidad.

Compartí tus intereses conmigo, pero no te olvides de lo que me interesa a mí.

No sientas como una carga nuestra relación, disfrutala a fondo.

No te pongas a mi altura, date cuenta que tenemos diferentes edades.

Acordate que te necesito como papá, y no como amigo.

Y lo último… aunque ya haya crecido, cuando llegues a casa y me veas, abrazame fuerte fuerte, como cuando era más chiquito, y decime cuánto me amás y cuánto me necesitas… no sientas vergüenza.

Yo te lo voy a agradecer, siendo tal como siempre soñaste, el mejor hijo del mundo; te regalará el mismo cariño que me das día a día.

Te re… quiero.

Gracias señorita Susana, Graciashijita.

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El rol del padre

Ser papá hoy no es fácil. En los últimos años se han visto cambios en el rol del padre.

La revolución femenina ha traído consigo mujeres fuertes que continúan siendo las figuras centrales en la crianza.

A pesar de esto los padres jóvenes están haciendo más presencia y compartiendo las responsabilidades de la crianza. Hay una exigencia clara hacia los hombres a que sean mejores padres.

Anteriormente el papá era más ausente y esto se toleraba con facilidad. Hoy sabemos que el papá es tan importante como la mamá. Es una figura que imparte disciplina, pone orden y da seguridad a sus hijos.

Hay una protección especial que la da solo el papá. Como decía un niño de 8 años: “Cuando mi papá está en la casa duermo más tranquilo”. Los hijos para crecer armoniosamente necesitan también de la aprobación del padre. Las niñas necesitan ese amor aprobatorio del padre para luego sentirse seguras y atractivas como mujeres. El hijo varón necesita un papá que sea su héroe, su personaje especial, al que después tratarán de imitar.

Papá es importante y hoy, más que nunca, es necesario tener estas dos figuras tan diferentes que nos guían en nuestros roles futuros.

Papá y mamá deben compartir funciones alrededor de los hijos. Por ejemplo, papá podría encargarse con todo lo que tenga que ver con deportes y dinero y mamá con la ropa, comida, permisos.

Lo que sí es claro es que papá no debe competir con mamá y mamá debe abrirle un espacio a papá. Cada uno tiene un rol protagónico en la vida de los hijos.

Pese a esto aún hay ausencia de la figura paterna.

Esta es una mala tradición que ha dejado hijos con carencias importantes y sin modelos positivos que emular. Desafortunadamente las estadísticas muestran que el 75 por ciento de los delincuentes jóvenes crecieron sin padre porque éste decidió evadir su responsabilidad.

La exigencia y la necesidad de papá va en aumento y ojalá nuestros hombres se fortalezcan y le cumplan de manera cabal a esta generación de hijos.

Annie de Acevedo
Psicóloga

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Hay cuando venga tu padre…

¿Y Negra… te puedo hablar?
Ya los chicos se han dormido,
así que dejá el tejido
que después te equivocás
y hoy te quiero preguntar
por qué motivo las Madres,
de la mañana a la tarde
amenazan a sus hijos,
con este estribillo fijo:
¡
HAY… CUANDO VENGA TU PADRE…!
Y con tu padre de aquí,
y con tu padre de allá
resulta de que al final
al verme llegar a mí,
lo ven entrar a Caín
y escapan por todos lados
y yo que vengo cansado
de trabajar todo el día,
recibo por bienvenida
una lista de acusados…
Vos empezás con tus quejas
y yo, tengo “que enojarme”
lo mismo que hacía mi Padre,
cuando escuchaba a la Vieja…
que entraba a fruncir las cejas
apoyando a esa Fiscal
que en medio del temporal
se erigía en defensora
lo mismo que vos ahora
¡que siempre me dejás mal…!
Si los perdono…
¡Qué ejemplo!
¡Así es como los educo!
Si los castigo…
¡Sos bruto y no tenés  sentimientos!
A mí, que llegué contento
y no tuve más remedio
que poner cara de serio
y escuchar tu letanía…
A mí que me paso el día,
pensando en jugar con ellos
Yo sueño en  llegar a casa
y olvidarme felizmente
del trabajo, de la gente,
y de todo lo que pasa
Los hijos son la esperanza
y el por qué de nuestras vidas
por eso… nunca les digas: 
¡HAY… CUANDO VENGA TU PADRE…!

No quiero encontrar culpables,
quiero encontrar alegrías
Que no me pongas de escudo
como lo hacía mi Madre
que consiguió que a mi Padre
lo imaginara un verdugo
El llegaba y te aseguro
que terminaban las risas
y en lugar de una caricia
de hablarle como a un amigo
lo miraba compungido
presintiendo la paliza
Y el pobre que no me entendía
sacudiendo la cabeza
escuchaba con tristeza
lo que mi Madre decía
y que él de sobra sabía:
“¡que con éste no se puede,
que me ensució las paredes,
que la calle, la pelota,
que trajo las suelas rotas,
y me saca canas verdes!”
¡Ahora mismo… acuéstese!
aburrido me ordenaba,
mi Madre me consolaba
y yo, lo culpaba a él…
A él que había llegado recién
de trabajar, tan cansado…
y ya lo había amargado
con todas mis travesuras
Yo era una criatura
pero jamás lo he olvidado
Los hijos nunca analizan
el sentimiento del Padre
porque el brillo de la madre
es tan fuerte que lo eclipsa;
sólo le hacemos justicia
a su íntimo sentir
cuando nos toca vivir
a nosotros su problema…
¡Ah… si mi Padre supiera…
que recién lo comprendí!
¿Y por qué nunca me dijo
del modo que me quería
si yo sé cómo sufrí
a al ver enfermo a su hijo?
Por qué me miraba fijo
con el primer pantalón largo
y se que me habrá besado
cuando yo estaba durmiendo
Hoy que todo lo comprendí,
¿por qué no estará a mi lado?
¿Por qué no estarás ahora,
para abrazarte muy fuerte
viejo lindo…
y ofrecerte mi cariño a todas horas?
¿Ves a tu hijo que llora…?
Pero… llora con razón
porque te pide perdón
al pensar en esos días
en que ciego no veía
que eras todo corazón
¡Dejame Negra que llore,
es tan lindo desahogarse…!
¿Vamos a ver lo que hacen
nuestros futuros señores…?

¡Mirálos esos pantalones…!
¡Tapala un poco a la piba…!
Sí, ya sé… no me lo digas…
“Hoy se fue a la calle sola…”
¡Acostate rezongona…
mañana será otro día!

Héctor Gagliardi

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Amar y querer no es lo mismo

Podría pensarse que cuando hablamos de amar o de querer estamos hablando de lo mismo.

Pero no sólo es distinto, sino que puede ser todo lo contrario.

Cuando amamos aceptamos a los seres queridos como son y vemos ante todo sus cualidades, animándolos a ser lo mejor que puedan ser.

Cuando los queremos nos centramos es en sus defectos y exigimos que los cambien para que sean lo que soñamos.

Cuando amamos somos generosos con los seres queridos, damos con gusto y sin llevar cuentas ni esperar nada a cambio.

Cuando los queremos damos sólo lo que nos conviene, o reclamamos retribuciones por lo que les hemos dado.

Cuando amamos disfrutamos con los triunfos de los seres queridos, pero estamos a su lado para apoyarlos cuando fallan.

Cuando los queremos asumimos sus éxitos y fracasos como propios, vanagloriándonos de los unos y rechazándolos por los otros.

Cuando amamos procuramos liberar a los seres queridos, promoviendo su autonomía y sus atributos para que puedan ser los protagonistas de su vida.

Cuando los queremos procuramos controlarlos y resolverles la vida para mantenerlos dependientes.

Cuando amamos cuidamos a nuestros seres queridos como si fueran un tesoro, y los tratamos siempre con respeto y consideración.

Cuando los queremos no tenemos reparo en ofenderlos o humillarlos en aras de corregirlos.

Cuando amamos creemos que nuestros seres queridos son lo máximo.

Cuando los queremos vivimos comparándolos y presionándolos para que sean mejores que los demás.

¿Será que amamos o que queremos a nuestros hijos?

Por Angela Marulanda, Autora y Educadora Familiar

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