Mundial de fútbol 2010… un mensaje de esperanza

Comparto este video de Nick Vujicic que nos transmite claramente un hermoso mensaje de esperanza ante el fracaso y las derrotas.

Hoy la ocasión es el próximo mundial de fútbol 2010 en Sudáfrica, pero el mensaje es universal y atemporal.

La traducción libre al español es mía, la he hecho humildemente lo mejor que pude, por lo tanto sepan disculpar las impresiciones.

Espero que lo disfrutes.      (Pablo A. Gimènez)

Nací diferente.

Pero eso no me detuvo para vivir mi vida.

Y yo soy feliz.

Nicholas James Vujicic

Amo mucho el fútbol, por supuesto, no juego tan bien como otros.

Pero ustedes saben, en la Copa Mundial se suscita en todos nosotros tanta expectativa y exitación, que todos aclaman por el éxito de su propio equipo.

Y ustedes saben que en todos los juegos se pierde y se gana.

Gente que protesta, ustedes saben, cuando su equipo no gana, y gente que se exita tanto cuando ellos ganan.

Todos amamos ganar pero no nos detendremos en la diferencia entre el ganar y el perder.

En la Copa Mundial de Fútbol, la mayor parte de los fanáticos alrededor del mundo experimentarán la pérdida de su equipo.

pero… ¿es perder fallar?

A los 8 años, yo quería poner fin a mi vida.

Le dije a mi madre que quería cometer suicidio, y etonces a los 10 años lo intenté.

Me sentía como si no tuviera esperanzas para vivir.

Me sentía como que era muy diferente a todos los demás y que definitivamente no había futuro o esperanza para mí.

Si yo hubiera abandonado, pensando que ese era el fin, me hubiese perdido mucho más.

La vida es vida.

Hay montones de éxitos pero tambien hay montones de fracasos, y esto se repite una y otra vez.

¿Deberíamos realmente desesperarnos cada vez que pasamos por… tu sabes, un fracaso?

Tu estás diciendo “oh, ahora seré un fracasado por el resto de mi vida”

Ya ves, las escaleras que están justo enfrente mio son una gran barrera, y lo que tengo que hacer es subir un escalón a la vez.

Si nunca lo intento, nunca lograré nada.

Si me caigo, ¿qué debo hacer?.

Voy a intentarlo una y otra vez porque en el momento en que me rinda será el momento en que yo fracase.

Es muy importante que no nos desesperemos con los resultados.

Que a veces no nos anticipemos, ya sea en el partido de fútbol o en la vida.

Entonces, emprende el camino que tu equipo ha tomado, y cree que ellos lo intentarán de nuevo con resilencia.

Entonces sentirás nuevamente la felicidad en la vida, para poder disfrutar de la Copa Mundial de Fútbol como el verdadero festival que es, como una celebración.

Siente la vida.

Fallar no es lo importante. Como lo superas si lo es.

Siente el juego.

(Mas videos en Un Mensaje Para Ti…)

Mensaje relacionado:

¿Aún podemos decir “no puedo”?

UnMensajeParaTi.com.ar @PabloGimenez

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A veces…

A veces, queremos decir tantas cosas pero no las decimos…

A veces, se nos va el tiempo, en discusiones sin sentido…

A veces, en vez de decir cuanto amas, te la pasas diciendo tonterías…

A veces, pierdes a la persona que más amas, por no tratar de entenderla…

A veces, es bueno decir te amo, en vez de decir otras cosas…

A veces, es bueno pedir a Dios amarte más y que me entiendas mejor…

A veces, las mañanas no son, como quisieras que fueran…

A veces, el sol no brilla como quisieras y tus días son grises…

A veces, a la luna no la ves y tus noches son oscuras…

A veces, hay que tener paciencia, con la persona que dices que amas…

A veces, nos ciega la ira y ofendemos sin querer, a quien más amamos…

A veces, es bueno pedir perdón, si sabes que has ofendido…

A veces, es bueno dar gracias a Dios por tenerte…

A veces, es bueno decir una plegaria a Dios, dando gracias…

A veces, es bueno decirle a un amigo cuanto lo extrañas…

A veces, es bueno ver los defectos tuyos antes que los ajenos.

Por eso yo hoy te digo…

Que me perdones, por todos esos momentos, que no disfrute de ti, por andar en discusiones tontas.

Quizá olvidaremos, pues hay que olvidar y perdonar.

Que el sol hoy, esta alumbrando este día más que nunca.

Que mi noche es clara, porque la luna esta dándome su luz.

Que mi Dios escucha mis oraciones y esta conmigo…

¿Por qué si la vida es tan corta, me la tengo que pasar peleándome con todos los que me rodean?.

¿Por qué no disfrutar de estos momentos, que son tan pocos, que viven en ti y te dan esa energía que necesitas, para luchar en la vida por lo que quieres?.

¿Por qué no sonreírle a la vida?

¿Por qué no rodearme de amor, así la vida la veo de otro color, y las penas son menos y los dolores se curan más rápido?.

Por eso hoy le abriré mis brazos a un amigo, sin ver sus defectos.

A veces, lo mas bueno de la vida, no es lo mas bello: es lo que se ama.

A veces, es bueno decir estas palabras.

Hoy es un día en que quiero decirte esas palabras.

(autor desconocido)

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El fondo del pozo

Hay momentos, en nuestras vidas, en los cuales perdemos todo.  Puede que sea la quiebra de nuestra empresa, el empleo de muchos años, puede ser un divorcio, puede ser un cambio en la economía, puede ser una guerra, puede ser un crimen, puede ser una muerte.

Por más brillante y rica que sea una persona, se encontrará en el fondo del pozo en algún momento de su vida, pero el ideal, es que tales momentos sean puntuales y raros. Y lo serán, si nos preparamos para salir de ellos, antes de que sucedan.  No tengas miedo de esos momentos, pues van a ocurrir de cualquier forma.  Son esa parte de la existencia sobre la cual no tenemos control.  Por eso es mejor desde ya, tener en mente un pensamiento que nos va a ayudar mucho:  “La ventaja, de estar en el fondo del pozo, es que cualquier movimiento nos lleva hacia arriba.”

Esos momentos pueden causarnos pánico y recelo sobre el futuro.  Desafortunadamente, la mayoría de las personas hemos sido enseñadas a sufrir por el dolor del fracaso, pero no sobre cómo usar lo aprendido de esos fracasos para construir los nuevos caminos con dirección a la victoria; aprendemos sobre las lágrimas de la amargura, pero no sobre cómo usar esas lágrimas para volvernos mejores personas, día tras día; nos dijeron sobre la soledad de la pérdida, sin jamás acordarse de la importancia de que, cuando estemos solos, nos detengamos para reflexionar sobre lo que debemos cambiar, para que las pérdidas no se repitan.

Verdaderamente, escuelas, facultades y gran parte de nuestra sociedad nos enseñan que el fracaso, la pérdida y la falla son cosas horribles, lo que muchas veces es cierto, pero casi nunca nos enseñan lo que tenemos que hacer para salir del fondo del pozo.

Por más dolor que sientas, todo eso por lo cual estás pasando es una dolorosa percepción.  Una evaluación de la realidad con base en el desastre.  Tu dolor es muy real, pero es necesario comprender que el dolor necesita ser contenido, para que podamos pensar y actuar, para colocar nuestra vida en el carril nuevamente.  Por eso, cuando estés caído en el fondo del pozo, descansa un poco y mira a tu alrededor.  Duerme, si es preciso.  Llora, si es preciso.  Pero, después de algún tiempo, sal de allí.   No verás nada; por algunos momentos, estará oscuro y te sentirás perdido. Eso es natural.  Pero, vamos a buscar lo que también es natural: es natural que tú, habiendo tropezado con uno de los puntos bajos de tu vida, solamente necesites hacer un movimiento y ya estarás más próximo de la salida.

No te preocupes en olvidar el dolor, pues él es parte de ti.  Son las cicatrices las que te vuelven una persona más completa, más rica internamente, más viva.  Puede ser que tardes y que tengas que “resbalar” mucho, pero echarle la culpa a una persona o situación (aunque sean culpables) no va a sacarte a ti, o a tus sueños, del fondo del pozo. Solamente la acción puede generar resultados.

Acuérdate de que la ventaja de estar en el fondo del pozo, es que cualquier movimiento nos lleva hacia arriba.  Busca la salida, levántate y recomienza el camino.  Mientras más pronto, mejor.

(autor desconocido)

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Día de limpieza

Estaba necesitando hacer una limpieza en mí…

Tirar algunos pensamientos indeseados; lavar algunos tesoros que estaban medio oxidados.

Entonces saqué del fondo de las gavetas, recuerdos que no uso y no quiero mas.

Tiré afuera algunos sueños, algunas ilusiones…

Papeles de regalo que nunca usé, sonrisas que nunca dí.

Tiré fuera la rabia y el rencor de las flores marchitas que estaban dentro de un libro que nunca leí.

Miré mis sonrisas futuras y mis alegrías pretendidas… y las coloqué en un cajoncito, bien ordenaditas.

Quedé sin paciencia…

Saqué todo de adentro del armario y lo fui tirando al suelo: pasiones escondidas; deseos reprimidos; palabras horribles que nunca hubiera  querido decir; heridas de un amigo; recuerdos de un día triste…

Pero también encontré otras cosas… y muy bellas.

Me senté en el suelo, para poder escoger.

Un pajarito cantando en mi ventana; aquella luna color de plata; esa puesta de sol…

Me fui encantando y distrayendo, mirando cada uno de aquellos recuerdos.

Arrojé directo en el tacho de la basura los restos de un amor que me hirió.

Tomé las palabras de rabia y de dolor que estaban en el estante de encima, pues casi no las uso, y las tiré fuera en el mismo instante.

Otras cosas que aún me hieren, las coloqué en un cajón para después ver lo que haré con ellas, si las olvido o las envío al basurero.

Encontré aquel cajoncito, aquella gaveta en la que uno guarda todo lo que es mas importante: el amor, la alegría, las sonrisas, un dedito de fé para los momentos que más necesitamos.

Recogí con cariño el amor encontrado; doblé ordenaditos los deseos; coloqué perfume en la esperanza; pasé un pañito en el estante de mis metas y las dejé a la vista para no olvidarlas.

Coloqué en los estantes de abajo algunos recuerdos de la infancia; en la gaveta de encima, los de mi juventud, y colgado bien enfrente, puse mi capacidad de amar, y principalmente… la fuerza para RECOMENZAR.

(autor desconocido)

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No me digas que no puedes…

Tony Melendez, un ejemplo.

Un video inspirador, un mensaje de esperanza.

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Si, se puede

Sí se puede, cuando estás decidido, cuando comprometes tu voluntad, para lograr lo que deseas alcanzar.

Sí se puede, cuando ante cada obstáculo, muestras temple y con mayor decisión los empiezas a enfrentar.

Sí se puede, si ante cada fracaso buscas reconocer tus propios errores, lo que te permitirá acumular sabiduría y todos tus sueños realizar.

Sí se puede, si ante los conflictos, mantienes una actitud positiva y, a pesar de las adversidades,  tu ánimo no comienza a menguar, así, no habrá cima que no puedas alcanzar.

Sí se puede, cuando ante los negativos y escépticos,  mantienes una sonrisa  y la alegría se convierte en tu fiel compañera… siempre amigos podrás cautivar.

Sí se puede, cuando ante la duda y la incertidumbre, tu fé te mantiene firme.

Sí se puede, si tienes el coraje de vivir intensamente  y haces de cada día, una fascinante aventura…  La muerte, entonces, será una angustia que nunca llegará.

Sí se puede, cuando aprendes a confiar en Dios,  dejándole a El los imposibles  y entregas tu vida entera a las estrellas  por las que quieres luchar… podrás entonces el camino a la plenitud alcanzar…

 

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Como el bambú japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.

También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada, apurándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable.

En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto,que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡mas de 30 metros!

¿Tardó sólo seis semanas crecer?

No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente de que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y coherente y saben esperar el momento adecuado.

De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.

Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos pasamos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que, en tanto no bajemos los brazos ,ni abandonemos por no “ver” el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.

Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.

Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

Tiempo… ¡Cómo nos cuestan las esperas!

¡Qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos!

Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del taxi… nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué.

Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés…

¿Para qué?

Propongámonos tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación.

Gobernar aquella toxina llamada impaciencia, la misma que nos envenena el alma.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizá sólo estés echando raíces….

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Despertar…

Llega un momento en tu vida en que finalmente te das cuenta.

Cuando en el medio de todos tus miedos e insania te detienes de repente en tu camino y en algún lado tu voz interior grita:

¡Basta!

Basta de pelear y llorar y forcejear para mantenerte en ese lugar.

Entonces tu sollozo se apaga, te limpias las lágrimas y comienzas a mirar el mundo a través de nuevos ojos.

¡Esto es tu despertar!

Te das cuenta que llegó el tiempo de dejar de esperar y esperanzarse en los cambios, la felicidad, la seguridad o la protección que van a venir a tu encuentro alguna vez.

Llegas a la conclusión de que ella o el no es Princesa o Príncipe, y de que tu no eres Cenicienta o Ceniciento; que en el mundo real no siempre hay finales justos, o comienzos, y de que cualquier garantía de “eterna felicidad” comienza únicamente por ti mismo, y durante este proceso, una sensación de serenidad nace de la aceptación.

Te despiertas a la realidad de que no eres perfecto, y que los demás no siempre van a amar, apreciar o aprobar quien o que eres, y eso esta bien.

Paras de criticar y maldecir a otras personas por las cosas que te hicieron o dejaron de hacer, y aprendes que lo único con lo que cuentas es lo inesperado.

Aprendes que la gente no siempre dice lo que piensa o piensa lo que dice; y que no todos van a estar para ti y que no siempre se trata de ti.

Entonces aprendes a sostenerte por ti mismo y a cuidarte, y en el proceso nace la confianza.

Paras de juzgar y apuntar con el dedo y comienzas a aceptar a la gente como es, con sus defectos y debilidades, y en el proceso, una sensación de paz y contento nace del perdón.

Te das cuenta de que de la manera en que te ves a ti mismo y al mundo que te rodea, es resultado de todos los mensajes y opiniones que implantaron en tu psiquis.

Aprendes a abrirte a nuevos mundos y puntos de vista.

Empiezas a redefinir y reestimar quien y que eres, y para que estas.

Aprendes la diferencia entre pretender y necesitar, y de a poco descartas doctrinas y principios que nunca deberías haber adoptado; y en el proceso, aprendes a confiar en tu propio conocimiento.

Aprendes que es dando que recibimos, que hay un poder y gloria en crear y contribuir; y dejas de maniobrar atravesando la vida como un mero consumidor.

Aprendes que principios como honestidad e integridad, no son ideales obsoletos de una era pasada, sino los cimientos que sostienen la fundación a partir de la que debes construir tu vida.

Aprendes que no lo sabes todo, que no es tu trabajo salvar al mundo y que no podes hacer que un chancho cante.

Aprendes a distinguir entre culpabilidad y responsabilidad; y la importancia de poner límites y decir no.

Aprendes que la única cruz a cargar es la que elegiste llevar ,y que los mártires son quemados en la hoguera.

Entonces aprendes sobre el amor, el romántico y el familiar.

Aprendes como amar, cuanto dar en el amor, o cuando alejarte; y ya no proyectas tus necesidades en una relación.

Aprendes que no vas a ser más hermoso, más inteligente, más adorable o importante por la mujer o el hombre que va de tu brazo o el niño que lleva tu nombre.

Que así como las personas crecen o cambian, así sucede con el amor.

Aprendes que estar solo no significa estar en soledad, y te miras al espejo y te das cuenta que tal vez nunca vas a tener un talle 3 o un perfecto 10, y paras de competir con la imagen implantada en tu cabeza.

Aprendes que sentir que tienes derechos esta bien, como lo esta querer y pedir por lo que queres.

Llegas a la conclusión de que mereces ser tratado con amor, cuidado, sensibilidad y respeto, y no vas a aceptar menos que eso.

Aprendes que tu cuerpo es tu templo. comienzas a cuidarlo y tratarlo con respeto, alimentándote de manera equilibrada, tomando mas agua y más tiempo para ejercitarte.

Aprendes que la fatiga disminuye el espíritu y puede crear duda y miedo, entonces tomas más tiempo para descansar.

Y, como la comida alimenta al cuerpo, reír alimenta tu alma, entonces tomas más tiempo para reír y jugar.

Aprendes que por cualquier objetivo que vale la pena alcanzar, vale la pena luchar, y que querer que algo suceda, es diferente a trabajar para su concreción.

Más importante, aprendes que para alcanzar el éxito necesitas dirección, disciplina y perseverancia.

Que no se puede hacer todo solo, y que está bien arriesgarse y pedir ayuda.

Aprendes que lo único que debes temer, es al miedo en si mismo. Atraviesas tus miedos porque sabes que puedes superar lo que suceda, y por que rendirse al miedo es rendirse a tu derecho de vivir la vida en tus propios términos.

Aprendes que vivir no siempre es justo, que no siempre obtendrás lo que piensas que mereces y a veces malas cosas les suceden a buenas personas.

Nadie te castiga o falla en responder tus plegarias. solo es la vida sucediendo.

Aprendes a lidiar con lo malo en su más primario estado: el Ego.

Que sentimientos negativos como rabia, envidia y resentimiento deben ser entendidos y redirigidos, o sofocarán tu vida, envenenando el universo que te rodea.

Aprendes a admitir tus equivocaciones, y a construir puentes, no paredes.

Aprendes a ser agradecido y a disfrutar de cosas que no tomamos en cuenta, cosas que millones de personas apenas si pueden soñar: la heladera llena, el agua potable, una cama tibia y blanda o una ducha caliente.

Lentamente, comienzas a tomar responsabilidad de ti mismo por ti mismo, y te prometes nunca traicionarte y nunca, pero nunca transar por menos de lo que tu corazón desea.

Entonces cuelgas un mensajero del viento afuera de tu ventana, para que cada vez que lo escuches te recuerde que sigas sonriendo, sigas creyendo y abierto a toda maravillosa posibilidad.

Finalmente, con coraje en tu corazón y la fe de tu lado, te pones de pie, respiras profundamente, y comienzas a diseñar la vida que queres vivir, de la mejor manera posible.

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Hubo momentos…

Hubo un momento en el que creías que la tristeza sería eterna; pero volviste a sorprenderte a ti mismo riendo sin parar.

Hubo un momento en el que dejaste de creer en el amor; y luego apareció esa persona y no pudiste dejar de amarla cada día más.

Hubo un momento en el que la amistad parecía no existir; y conociste a ese amigo que te hizo reír y llorar, en los mejores y en los peores momentos.

Hubo un momento en el que estabas seguro que la comunicación con alguien se había perdido; y fue luego cuando el cartero visitó el buzón de tu casa.

Hubo un momento en el que una pelea prometía ser eterna; y sin dejarte ni siquiera entristecerte terminó en un abrazo.

Hubo un momento en que un examen parecía imposible de pasar; y hoy es un examen más que aprobaste en tu carrera.

Hubo un momento en el que dudaste de encontrar un buen trabajo; y hoy puedes darte el lujo de ahorrar para el futuro.

Hubo un momento en el que sentiste que no podrías hacer algo; y hoy te sorprendes a ti mismo haciéndolo.

Hubo un momento en el que creíste que nadie podía comprenderte; y te quedaste boquiabierto mientras alguien parecía leer tu corazón.

Así como hubo momentos en que la vida cambió en un instante, nunca olvides que aún habrá momentos en que lo imposible se tornará un sueño hecho realidad.

Nunca dejes de soñar, porque soñar es el principio de un sueño hecho realidad.

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Creo en mí

Creo en mis formas, en mis caminos; en esos que duelen pero que rinden frutos.

Creo en el sendero de la verdad, en el sendero difícil.

Creo en mi alma, en esa porción agazapada de mí.

Creo en mis palabras, en mis frases, en mis abrazos y en mis miradas.

Creo en quien soy y, por lo tanto, en quien a pesar de las derrotas no tengo intenciones de dejar de ser.

Creo en mi sueño, en el magnífico sueño que seguiré construyendo hasta que no me queden más fuerzas para creer.

Creo en el destino, en mi historia, en mis pasos y en mi experiencia.

Creo en mis ganas de dar y creo en un mundo maravilloso que espera recibir mi gota de cariño.

Creo en la amistad, en los besos, en la lluvia, en las sonrisas y en los secretos.

Creo en mi esfuerzo por crecer, en mis ganas de crecer.

Creo en la vida, y en la magia con la que toca todas las cosas.

Creo en el destino y en un futuro de recompensa para quienes afrontan el desafío de ser fieles a sí mismos.

Creo en mí; sobre todo creo en mí cuando caigo, cuando no tengo fuerzas, cuando el viento sopla y mis velas ceden, sigo creyendo en aguantar y en volver con todas mis fuerzas para seguir y seguir creyendo, y seguir andando, y seguir viviendo.

Creo en los sentimientos que pueden hacer de cada día un sol distinto, y por supuesto…

Creo en el amor y en ese modo indescriptible de estar parado ante la vida, en esa manera intrépida de hacer transcurrir el tiempo, en esa forma tan peligrosa y a la vez tan excitante de tener el corazón abierto.

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