Echar raíces

…Cuando interpretamos nuestra vida simbólicamente, como un viaje espiritual, podemos examinar más objetivamente nuestras acciones, así como nuestras decisiones de no actuar.

Podemos intentar extraer una lección de cada encuentro o experiencia. Por ejemplo, ser objeto de una traición puede ser devastador desde el punto de vista emocional, pero generalmente nos enseña que tenemos que desprendernos de las expectativas, las dependencias emocionales y psicológicas y los intentos de controlar a los demás provocados por nuestros propios miedos. Nos enseña a aceptar a los demás tal y como son, en vez de como desearíamos que fueran o esperábamos que fueran. También nos ayuda a comprender que no podemos controlar completamente nuestras vidas.

En definitiva, para cumplir nuestro propósito necesitamos mantener determinado tipo de relaciones y vivir experiencias desagradables que nos permitirán aprender a mantener y vivir otras mejores. El final de una relación nos obliga necesariamente a iniciar un nuevo camino. Aunque al principio es posible que nos resistamos a seguir esa nueva dirección, cuando finalmente nos rindamos a ella podremos ver nuestras nuevas circunstancias como una bendición. Podemos elegir entre ver las crisis como arbitrarias y negativas o bien como intervenciones que forman parte de un plan de mayor alcance, postes en el camino que nos dirigen hacia la próxima lección sobre nuestro poder personal y nuestro Contrato Sagrado.

Por supuesto, no hace falta esperar a tener una crisis para ver las cosas como símbolos. La vida espiritual no consiste sólo en intentar imaginar por qué nos ocurren cosas malas o por qué les ocurren a otras personas, sino en intentar encontrar un sentido a esas experiencias negativas, puesto que nunca entenderemos completamente el porqué. Podemos enfocar los sucesos y patrones positivos de nuestra vida, al igual que nuestros problemas, con la intención de encontrar una finalidad oculta, un propósito superior. Por ejemplo, podemos plantearnos por qué mantenemos una buena relación con determinadas personas o qué nos llevó a implicarnos en una línea de trabajo o afición especialmente gratificante. Todos debemos encontrar el camino correcto que nos permita disfrutar de la vida y dar un sentido a nuestras actividades diarias y a nuestras interacciones con los demás. Podemos empezar en cualquier momento, por ejemplo, hoy. Hemos sido creados para “estar aquí ahora”, como afirma la famosa frase de Ram Dass.

fragmento de “El Poder Invisible en Acción
de Caroline Myss
ISBN 84-666-2503-8

 

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Con el tiempo aprendes

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo te das cuenta que casarse solo porque “ya me urge” es una clara advertencia de que tu matrimonio será un fracaso.

Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.

Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás deseando no volver a verla.

Con el tiempo te das cuenta de que los amigos verdaderos valen mucho más que cualquier cantidad de dinero.

Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado solo de amistades falsas.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es solo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día lloraras por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona, es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana, es demasiado incierto para hacer planes.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añoraras terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo… ante una ausencia…, ya no tiene ningún sentido.

Pero desafortunadamente… SOLO CON EL TIEMPO…

Y recuerda estas palabras:

“EL HOMBRE SE HACE VIEJO MUY PRONTO Y SABIO MUY TARDE” (justamente cuando ya no hay tiempo…)

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Y… Uno aprende

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma.

Y uno aprende que el amor no significa acostarse y una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender… que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos.

Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes…, y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema.

Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, que uno aprende y aprende…, y con cada día uno aprende.

(Autor desconocido)

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