Para usted que anda por ahí

Ojalá que todos los que lean estas líneas hayan tenido, alguna vez, vacaciones. Nada especial o súper. Vacaciones de pocas horas de viaje en auto, a la costa, a Luján, a San Pedro. Cualquier destino unido por rutas importantes. Y ojalá que, alguna vez, haya tenido la inquietud de satisfacer la curiosidad natural de echar una mirada a los pueblos de la vera del camino, sólo para ver cómo es el pueblo, como será la gente, conciudadanos con quienes rara vez (nunca, en verdad) tenemos trato directo. Todo vale: ver cómo son sus comercios, la plaza, sus jardines, cómo se visten, como adornan sus casas, todo.

Por casualidad, tal vez, usted se pone a conversar con un aparcero. El aparcero le habla pausadamente; no es lento, es pausado -que no es lo mismo- y eso le permite a usted crear las imágenes mentales de lo que le cuentan.

Y la historia del aparcero dice que cuando él era muchacho subió el intendente Mengano e hizo esto, lo otro, lo de más allá. Hasta que pasaron cosas raras.

Después vino el intendente Fulano y se repitió el ciclo.

Después vinieron los Menganistas y después los Fulanistas que (ambos) hicieron algunas cosas, les cambiaron el nombre algunas calles (honrando a ya sabemos quién). Después vino una línea de los Fulanistas, sucedidos por el Menganismo auténtico: hicieron algunas cosas, cambiaron de mano a algunas calles a las que ya les habían cambiado el nombre (casi se atreven a cambiarle nombre a la calle San Martin, ¡imagínense el revuelo!). Se repitió el ciclo, sobre todo la parte de las cosas raras.

Volvamos al presente y destaquemos algunos detalles.

Primero, notemos que el tiempo del aparcero es kairológico y el suyo es cronológico, en otras palabras, usted ya se quiere ir. Relájese.

Otra: Ampliemos el cuadro ¿qué vemos?. Vemos a hijos viendo sus padres dialogando con otra persona, ellos también escuchan.

Repito la imagen más lentamente (leer esta frase a la velocidad del aparcero): hijos viendo a sus padres dialogando con otra persona.

Imaginemos ahora que esto se repite en el próximo viaje. Imaginemos más aún, que otros viajeros con hijos ven a sus propios padres hablando con otros

aparceros en otros pueblos (de seguro no gobernaron ni el intendente Fulano ni el intendente Mengano). Al final, la República entera dialogando.

Extraordinario.

Pensemos entonces cómo puede ser un futuro posible si los hijos crecen viendo sus padres dialogando. ¿Resultado para el día siguiente? Negativo. ¿Resultados para dentro de algunas décadas?, posiblemente. ¿Esto es educación?, definitivamente. Y ¡fijese quién la imparte!.

Nuevaniente volvamos al aquí y ahora.

¿Qué nos cuenta el aparcero?. Todo, porque la memoria del aparcero es extraordinaria. Nos muestra todo lo que está, todo lo palpable: la historia en obras, edificios, iglesias, municipalidades, portales de cementerios, avenidas, parques, hospitales, escuelas, etcétera. La gente que lo hizo. Todos. También nos cuenta lo intangible: la bonanza y los quebrantos, la abundancia y la sequia, la Naturaleza que se prodiga y que se inmola.

Ésta es la síntesis de lo que somos hoy, lo que fuimos, lo que quisimos y no quisimos ser, lo que pudimos ser y lo que se quedó en el intento.

Es muy probable que lo que veamos nos retrotraiga a momentos históricos excepcionales, infames, felices, oscuros, intrascendentes, excitantes, momentos que nos identifican, momentos que aborrecemos, momentos que no comprendemos cómo pudieron suceder. Pero están todos alli, nos reflejan, somos eso, nos guste o no.

Ahora bien, ¿cómo se toma este trago?

A las heridas, hojas de aloe, el tiempo solamente, no alcanza.

A nosotros nos toca el trabajo intelectual – emocional de nivelar esos desequilibrios de la historia. Dejar que ese péndulo siga oscilando en esos pares irreconciliables, pero que son, para un nuevo péndulo, la base para que la instancia superadora de lo que queremos ser, de lo que soñamos para el futuro, sin reproches históricos, y sin “ismos”, haga que el sueño individual sea, naturalmente, el sueño colectivo.

Esas emociones, de seguro, tienen un origen, han sido instaladas alli, sentimos que han sido instaladas para que generen algo y es la prueba contundente de que, definitivamente, no pertenecen a nuestra esencia.

Ahora lo dejo. Me subo al auto. Me voy a buscar una ruta. El resto, se la dejo picando.

Lic. Guillemo Baberowsky

( Guillermo… sin tu permiso 🙂 )

UnMensajeParaTi.com.ar @PabloGimenez

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