Confiemos en la “lógica de los acontecimientos”

Cualesquiera sean las circunstancias que está viviendo en la actualidad, la prueba del apoyo y cuidado de Dios está a su disposición en este momento. No siempre es fácil decidir qué queremos hacer en la vida, encontrar un empleo o lograr el tipo de progreso que deseamos en nuestra carrera. Entonces cuando nos volvemos a Dios, quien es la Mente divina, recurrimos a la fuente de toda inteligencia y guía verdadera.

La Biblia dice que Dios es la fuente de la vida. Esta fuente es abundante e incapaz de fallamos. Al volvemos a Dios descubrimos que no estamos en desventaja por nuestra edad. Descubrimos que a pesar de los reveses económicos, el cuidado y la provisión de Dios son constantes. Aprendemos que aun en medio de la reestructuración, la reducción de oportunidades de empleo, y la reorganización corporativa o industrial, el hombre, la imagen y semejanza de Dios, nunca puede ser inútil. El propósito que tiene Dios para nosotros, y nuestras oportunidades de expresado, continúan apareciendo.

…El empleo de alguien es amenazado por la reorganización de la compañía o por gran número de despidos en toda la industria; el progreso en la carrera de otro es bloqueada por el prejuicio, los celos o el acose sexual; el dueño de un pequeño negocio lucha por mantenerse a flote confrontado con crecientes obligaciones crediticias y posible bancarrota. En situaciones tan difíciles es comprensible que la gente tenga temores y se desespere al tratar de encontrarle salida a la contingencia. Algunos hasta llegarán a la conclusión de que sólo mediante un gran esfuerzo de la voluntad humana se pueden alcanzar soluciones adecuadas.

Por un lado, la desesperación impide que la persona alcance las metas necesarias y cumpla con sus responsabilidades. La desesperación puede hasta acelerar la circunstancia misma que uno teme. Por otro lado, la voluntad humana corre el riesgo de lograr propósitos equivocados al emplear medios equivocados. La voluntad humana afirma que si insistimos lo suficiente durante un tiempo prolongado,de algún modo haremos que todo salga bien, que con el tiempo podemos hacer ocurrir lo que sea necesario para conservar nuestro empleo, progresar en nuestra profesión, y salvar nuestro negocio.

Es obvio que la desesperación no proporciona una respuesta satisfactoria a estos desafíos personales. Pero al principio no siempre es tan obvio que la voluntad humana en realidad tampoco satisface. No importa cuan grande sea nuestra capacidad o habilidad personal, la voluntad humana básicamente es limitada en alcance, punto de vista, perspectiva y capacidad. La voluntad humana, por sí misma, no percibe la voluntad divina y así puede perderse completamente la bendición que viene después de confiar en Dios de todo corazón para resolver cualquier circunstancia difícil que podamos encontrar.

La Ciencia Cristiana muestra como la oración y confianza radical en Dios, apoyadas por un entendimiento espiritual de Sus leyes imperantes, pueden proveer una respuesta práctica y sanadora que nos saca de la crisis o tumulto que pueda haber en nuestro empleo, carrera o negocio. En realidad, esta confianza en Dios basada en la espiritualidad es tanto un elemento importante como un resultado importante de nuestra oración. A medida que confiamos en nuestra oración, recibimos una más profunda convicción de nuestra oración.

…Poder esperar pacientemente la lógica de los acontecimientos, seguramente requeriría una confianza firme en que una ley de armonía y propósito divinos está gobernando nuestra vida, aun cuando circunstancias temporales parecieran argumentar en contra de los hechos espirituales. Y es esta devota confianza en la lógica de los acontecimientos que calladamente desplaza el temor y reemplaza la presión y los empujones mal encaminados de la voluntad humana.

…Si estamos viviendo según nuestro entendimiento más elevado de los mandamientos morales y espirituales de Dios, podemos esperar pacientemente ver la lógica de los acontecimientos. Podemos sentir la seguridad de que el bien procede inevitablemente del imperio de la sabiduría divina y de la ley espiritual. En la medida en que sometemos los propósitos humanos, deseos y expectativas egoístas a la voluntad divina, reconocemos que la evidencia del bien de Dios es un hecho presente en nuestra vida.

…Nuestro punto de vista nunca incluye resignarse a la derrota, las faltas o la limitación; es más bien aceptar la necesidad del crecimiento espiritual y la inevitabilidad del bien, porque amamos a Dios.

(fragmento de: “Trabajos, carreras y los negocios de nuestro Padre”, de The Christian Science Publishing Society)

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