Los cuatro acuerdos…

1. No supongas.

No des nada por supuesto.

Si tienes duda, aclárala.

Si sospechas, pregunta.

Suponer te hace inventar historias increíbles que sólo envenenan tu alma y que no tienen fundamento.

2. Honra tus palabras.

Lo que sale de tu boca es lo que eres tú.

Si no honras tus palabras, no te estás honrando a ti mismo; y si no te honras a ti mismo, no te amas.

Honrar tus palabras es ser coherente con lo que piensas y con lo que haces.

Eres auténtico y te hace respetable ante los demás y ante ti mismo.

3. Has siempre lo mejor.

Si siempre haces lo mejor que puedas, nunca podrás recriminarte ni arrepentirte de nada.

4. No te tomes nada personal.

Ni la peor ofensa.

Ni el peor desaire.

Ni la más grave herida.

En la medida que alguien te quiere lastimar, en esa medida ese alguien se lastima a sí mismo. Pero el problema es de él y no tuyo.

(autor desconocido)

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Vivir tu vida… antes de que sea tarde

Comparto nuevamente un texto que he extraído del blog “Puerto Managers” de Andrés Ubierna.

Que lo disfrutes.

“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y
 me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero
 en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo
 que valen sino por lo que significan.
 Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los
 ojos, perderemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se 
detienen, despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los
 demás hablan y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me
 tiraría de bruces al sol, dejando descubierto no solo mi cuerpo sino mi 
alma. Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre hielo y
 esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre 
las estrellas un poema de Benedetti y una canción de Serrat sería la serenata
 que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lagrimas las rosas, para 
sentir el dolor de sus espinas y el encarnado beso de sus pétalos.

Dios mío , si yo tuviera un trozo de vida…

No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
 Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría
 enamorado del amor. A los hombres les probaría cuan equivocados están al
 pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen
 cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega
 con la vejez sino con el olvido.

Tantas cosas he aprendido de ustedes los hombres….He aprendido que todo 
el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera
 felicidad esta en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando
 un recién nacido aprieta con su pequeño puño por vez primera, el dedo de su
 padre, lo tiene atrapado por siempre.
 He aprendido que un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
 cuando ha de ayudarle a levantarse.
 Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de
 mucho no habrán de servir, por que cuando me guarden dentro de esa maleta, 
infelizmente me estaré muriendo.”

Gabriel García Márquez, carta escrita durante el año 2000 cuando se retira de la vida pública a causa de un cáncer linfático.

(gracias Luna)

(gracias Andrés Ubierna)

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Resolver tus problemas…

Había un hombre al que no le gustaba la familia de su mujer porque le parecía que ocupaba más sitio de lo debido en la casa.

Fue a ver a un maestro que vivía cerca, porque había oído hablar mucho de él, y le dijo:

- ¡’Haz algo por favor! Ya no aguanto a la familia de mi mujer. Quiero a mi esposa, pero a su familia… ¡no puedo! Ocupan tanto sitio en la casa que me da la impresión de que están por todas partes.

El maestro le preguntó:

-¿Tienes gallinas?

- Sí – Contestó el hombre.

- Pues mete todas las gallinas en la casa.

El hombre hizo lo que le había aconsejado el maestro y volvió a verlo.

- ¿Se ha resuelto el problema?

El hombre dijo:

- ¡No, es todavía pero!.

- ¿Tienes obejas?

- Sí.

- Pues mete todas las ovejas en la casa.

El hombre hizo lo que le había ordenado el maestro, quien la siguiente vez que volvió le preguntó:

- ¿Qué? ¿Todo resuelto?

- ¡No! ¡Todavía peor!

- ¿Tienes perro?

- Sí, varios

- Mete a todos en la casa.

El hombre volvió a casa del maestro y le dijo:

- ¡He venido a pedirle ayuda y mi vida es peor que nunca!

El maestro dijo:

- Vulve a sacar los perros, las gallinas y las ovejas.

El hombre volvió a casa y sacó todos los animales. ¡Qué cantidad de espacio! Volvió a ver al maestro y dijo:

- ¡Gracias, gracias! Has resuelto todos mis problemas.

de “El poder de la intención”, de Wayne W. Dyer

ISBN 987-566-192-9


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Las cuatro estaciones…

Había una vez un hombre que tenía cuatro hijos.

El honbre buscaba que ellos aprendieran a no juzgar las cosas tan rápidamente; entonces los envió a cada uno por turnos a visitar un peral que estaba a una gran distancia.

El primer hijo fue en el invierno, el segundo en la primavera, el tercero en el verano y el hijo más joven en el otoño.

Cuando todos ellos habían ido y regresado; su padre los llamó, y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.

El primer hijo mencionó que el árbol era horrible, doblado y retorcido.

El segundo dijo que no, que estaba cubierto  con brotes verdes y lleno de promesas.

El tercer hijo no estuvo de acuerdo, dijo que estaba cargado de flores, que tenia aroma muy dulce y se veía muy hermoso, era la cosa más llena de gracia que jamás había visto.

El último de los hijos no estuvo de acuerdo con ninguno de ellos, y dijo que el peral estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.

Entonces el hombre les explicó a sus hijos que todos tenían razón, porque ellos solo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol.

Les dijo a todos que no deben de juzgar a un árbol, o a una persona, solo por ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son, el placer, regocijo y amor que viene con la vida puede ser solo medida al final, cuando todas las estaciones ya han pasado.

Si tú te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano, y la satisfacción  del otoño.

No dejes que el dolor de una estación destruya la dicha del resto.

No juzgues la vida solo por una estación difícil.

Aguanta con valor las dificultades y las malas rachas, porque luego disfrutarás de los buenos tiempos.

Sólo el que persevera encuentra un mañana mejor.

(autor desconocido)

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Para usted que anda por ahí

Ojalá que todos los que lean estas líneas hayan tenido, alguna vez, vacaciones. Nada especial o súper. Vacaciones de pocas horas de viaje en auto, a la costa, a Luján, a San Pedro. Cualquier destino unido por rutas importantes. Y ojalá que, alguna vez, haya tenido la inquietud de satisfacer la curiosidad natural de echar una mirada a los pueblos de la vera del camino, sólo para ver cómo es el pueblo, como será la gente, conciudadanos con quienes rara vez (nunca, en verdad) tenemos trato directo. Todo vale: ver cómo son sus comercios, la plaza, sus jardines, cómo se visten, como adornan sus casas, todo.

Por casualidad, tal vez, usted se pone a conversar con un aparcero. El aparcero le habla pausadamente; no es lento, es pausado -que no es lo mismo- y eso le permite a usted crear las imágenes mentales de lo que le cuentan.

Y la historia del aparcero dice que cuando él era muchacho subió el intendente Mengano e hizo esto, lo otro, lo de más allá. Hasta que pasaron cosas raras.

Después vino el intendente Fulano y se repitió el ciclo.

Después vinieron los Menganistas y después los Fulanistas que (ambos) hicieron algunas cosas, les cambiaron el nombre algunas calles (honrando a ya sabemos quién). Después vino una línea de los Fulanistas, sucedidos por el Menganismo auténtico: hicieron algunas cosas, cambiaron de mano a algunas calles a las que ya les habían cambiado el nombre (casi se atreven a cambiarle nombre a la calle San Martin, ¡imagínense el revuelo!). Se repitió el ciclo, sobre todo la parte de las cosas raras.

Volvamos al presente y destaquemos algunos detalles.

Primero, notemos que el tiempo del aparcero es kairológico y el suyo es cronológico, en otras palabras, usted ya se quiere ir. Relájese.

Otra: Ampliemos el cuadro ¿qué vemos?. Vemos a hijos viendo sus padres dialogando con otra persona, ellos también escuchan.

Repito la imagen más lentamente (leer esta frase a la velocidad del aparcero): hijos viendo a sus padres dialogando con otra persona.

Imaginemos ahora que esto se repite en el próximo viaje. Imaginemos más aún, que otros viajeros con hijos ven a sus propios padres hablando con otros

aparceros en otros pueblos (de seguro no gobernaron ni el intendente Fulano ni el intendente Mengano). Al final, la República entera dialogando.

Extraordinario.

Pensemos entonces cómo puede ser un futuro posible si los hijos crecen viendo sus padres dialogando. ¿Resultado para el día siguiente? Negativo. ¿Resultados para dentro de algunas décadas?, posiblemente. ¿Esto es educación?, definitivamente. Y ¡fijese quién la imparte!.

Nuevaniente volvamos al aquí y ahora.

¿Qué nos cuenta el aparcero?. Todo, porque la memoria del aparcero es extraordinaria. Nos muestra todo lo que está, todo lo palpable: la historia en obras, edificios, iglesias, municipalidades, portales de cementerios, avenidas, parques, hospitales, escuelas, etcétera. La gente que lo hizo. Todos. También nos cuenta lo intangible: la bonanza y los quebrantos, la abundancia y la sequia, la Naturaleza que se prodiga y que se inmola.

Ésta es la síntesis de lo que somos hoy, lo que fuimos, lo que quisimos y no quisimos ser, lo que pudimos ser y lo que se quedó en el intento.

Es muy probable que lo que veamos nos retrotraiga a momentos históricos excepcionales, infames, felices, oscuros, intrascendentes, excitantes, momentos que nos identifican, momentos que aborrecemos, momentos que no comprendemos cómo pudieron suceder. Pero están todos alli, nos reflejan, somos eso, nos guste o no.

Ahora bien, ¿cómo se toma este trago?

A las heridas, hojas de aloe, el tiempo solamente, no alcanza.

A nosotros nos toca el trabajo intelectual – emocional de nivelar esos desequilibrios de la historia. Dejar que ese péndulo siga oscilando en esos pares irreconciliables, pero que son, para un nuevo péndulo, la base para que la instancia superadora de lo que queremos ser, de lo que soñamos para el futuro, sin reproches históricos, y sin “ismos”, haga que el sueño individual sea, naturalmente, el sueño colectivo.

Esas emociones, de seguro, tienen un origen, han sido instaladas alli, sentimos que han sido instaladas para que generen algo y es la prueba contundente de que, definitivamente, no pertenecen a nuestra esencia.

Ahora lo dejo. Me subo al auto. Me voy a buscar una ruta. El resto, se la dejo picando.

Lic. Guillemo Baberowsky

( Guillermo… sin tu permiso :) )

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En tus tiempos malos…

‘La gratitud es un sentimiento que ennoblece el alma. El agradecimiento va acompañado de actitudes que cambian la manera de ver y de vivir la realidad.

En tus “tiempos malos” no compares “para arriba”, porque te sentirás con rabia, como sintiéndote elegido por la “mala suerte”.

Compara “para abajo”, con los que perdieron más que tú y te sentirás agradecido y con deseo de compartir lo que tienes.’


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Preguntas… respuestas

¿El día más bello?

Hoy

¿La cosa más fácil?

Equivocarse

¿El mayor obstáculo?

El miedo

¿La raíz de todos los males?

El egoísmo

¿El mayor error?

La guerra

¿La distracción más bella?

El trabajo

¿La peor derrota?

El desaliento

¿Los mejores profesores?

Los niños

¿La primera necesidad?

Comunicarse

¿El peor sentimiento?

El rencor

¿La persona más peligrosa?

La mentirosa

¿La ruta más rápida?

El camino cierto

¿La mayor satisfación?

El deber cumplido

¿El mejor remedio?

El optimismo

¿La más bella de todas las cosas?

El amor

¿Las personas más necesarias?

Los padres

¿Lo más imprescindible?

El hogar

¿El mejor regalo?

El perdón

¿El sentimiento que más te bloquea?

La tristeza

¿Lo que te hace más feliz?

Ser útil a los demás

¿La fuerza más potente del mundo?

La Fe

¿El mayor misterio?

La muerte

¿La sensación más agradable?

La paz interior

Voy a pasar por la vida una sola vez, por eso, cualquier cosa buena que yo pueda hacer, o alguna amabilidad que pueda hacer a un ser humano, debo hacerla ahora, porque no pasaré de nuevo por aquí.

Teresa de Calcuta

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Salidas y llegadas…

SALIDA: Cada segundo…

LLEGADA: Nunca lo sabrás…

DESTINO: LA VIDA

Un día, leí un libro que comparaba la vida con un viaje en tren.

Una comparación extremadamente interesante cuando es bien interpretada.

Interesante, porque nuestra vida es como un viaje en tren, llena de embarques y desembarques, de pequeños accidentes en el camino, de sorpresas agradables, con algunas subidas y bajadas tristes.

Cuando nacemos y subimos al tren, encontramos dos personas queridas, que nos harán  conocer el viaje hasta el fin: “nuestros padres”.

Lamentablemente, ellos en alguna estación se bajarán para no volver a subir más…

Quedaremos huérfanos de su cariño, protección y afecto.

Pero a pesar de esto, nuestro viaje deberá continuar…

Conoceremos otras interesantes personas durante la larga travesía, entre ellos nuestros hermanos, hijos, amigos y amores.

Muchos de ellos solo realizarán un corto paseo, otros estarán siempre a nuestro lado, compartiendo alegrías y tristezas.

En el tren, también viajarán personas que andarán de vagón en vagón para ayudar a quien lo necesite.

Muy cerca…

Muy cerca…

Es curioso ver como algunos pasajeros a los que queremos deciden sentarse alejados de nosotros, en otros vagones.

Muchos se bajarán y dejarán recuerdos imborrables, para ellos el viaje “terminó”.

Otros, en cambio, viajarán ocupando asientos, sin que nadie perciba que están allí sentados.

Eso nos lleva a realizar el viaje distantes de ellos.

Pero eso no nos impedirá, aunque tal vez con alguna dificultad, acercarnos a ellos.

Lo difícil es aceptar que, a pesar de estar cerca, no podremos sentarnos juntos,  pues muchas veces otras son las personas que los acompañan.

Este viaje es así, lleno de atropellos, sueños, fantasías, esperas, llegadas y partidas.

Sabemos que este tren solo realiza un viaje, el de ida…

Tratemos entonces de viajar lo mejor posible, intentando tener una buena relación con todos los pasajeros, procurando lo mejor de cada uno de ellos, recordando siempre que en algún momento del viaje, alguien puede perder sus fuerzas y deberemos entender eso.

A nosotros también nos ocurrirá lo mismo y seguramente alguien nos entenderá y  nos ayudará.

El gran misterio de este viaje es que no sabemos en cual estación nos tocará  descender.

Pienso: cuando tenga que bajarme del tren ¿sentiré añoranzas?.

Mi respuesta es SÍ; dejar a mis hijos viajando solos será muy triste…

Separarme de los amores de mi vida, será doloroso.

Pero tengo la esperanza de que en algún momento nos volveremos a encontrar en la estación principal, y tendré la emoción de verlos llegar con mucha más experiencia  de la que tenían al iniciar el viaje.

Seré feliz al pensar que en algo pude colaborar para que ellos hayan crecido como buenas personas.

Ahora, en este momento, el tren disminuye la velocidad para que suban y bajen personas.

Mi emoción aumenta a medida que el tren va parando…

¿Quién subirá?.

¿Quién será?.

Me gustaría que tu pensaras que el desembarcar del tren, no es sólo una representación de la muerte o el término de una historia.

Estoy feliz de ver como ciertas personas, como nosotros, tienen la capacidad de reconstruir para volver a empezar…

Eso es señal de lucha y garra.

Saber vivir es poder ofrecer lo mejor a todos los pasajeros…

Agradezco a Dios porque estamos compartiendo este viaje, y a pesar de que a veces  nuestros asientos no estén juntos, con seguridad el vagón en el que vamos y el maquinista son los mismos.

A tí, que compartes estos minutos, GRACIAS

Que tengas un “Buen Viaje”…

(autor desconocido)

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Es bueno creer…

Que con ternura, un cuerpo y un corazón sin vida; pueden volver a latir.

Que “la casualidad” nos une a seres que acrecientan nuestra esperanza.

Que no debemos poner limitaciones a los sueños por realizar.

Que nos han enseñado a dar y no sabemos recibir con generosidad.

Que la paciencia es la que mantiene la esperanza.

Que nunca es tarde para arrepentirse y pedir perdón.

Que al sentir una mirada, un corazón enamorado puede embriagarse.

Que sí, se puede aprender a confiar nuevamente.

Que yo no puedo enseñarte lo que no tengo; pero sí podemos intercambiar lo que sabemos.

Que hay que decir lo que se sienta, hacer lo que se piensa, y dar lo que se tenga.

Que cuando un amigo se va, es que ha realizado la función por la que estaba en nuestra vida.

Que la desconfianza nos hace no salir a la ventana para ver quién llama.

Que es de sabios saber cuando hablar y cuando callar.

Que las palabras jamás se podrán recoger una vez que han salido de nuestra boca.

Que hay que pensar muy bien antes de hablar, calmarse cuando se esté airado, resentido y hablar sólo cuando se esté en completa paz.

Que hay un lugar en el corazón donde habita la esperanza y es en ese lugar de nuestro corazón donde encontramos el calor necesario para sufragar las noches solitarias de recuerdos y desengaños.

Que aún hay esperanza.

Que si hacemos y vivimos de acuerdo a nuestro corazón, si damos lo mejor de nosotros cada instante de nuestra vida; si amamos desinteresadamente; si hacemos a los demás lo que nos gusta o deseamos que nos hagan a nosotros; este mundo en el que vivimos puede cambiar.

Que la vida es hermosa; y nos llena de oportunidades para sentirnos felices de estar vivos.

Que nunca es tarde para comenzar de nuevo, para hacer caminos, para lograr que todos vivamos dignamente y en paz.

Que sin Dios nada somos, nada seremos y nada lograremos; debemos dejar que El tome el control de nuestras vidas y asi poder alcanzar las bendiciones y el proposito que El tiene para con nosotros.

(autor desconocido)

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Somos lo que somos…

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.

El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.

Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid.

Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa.

La Rosa lloraba por no ser fuerte y sólida como el Roble.

Entonces encontró una planta, un Clavel floreciendo y más fresco que nunca.

El rey le preguntó: ¿Cómo es que creces tan saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?

La flor contestó: Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste querías claveles.

Si hubieras querido un Roble, lo habrías plantado.

En aquel momento me dije:

Intentaré ser Clavel de la mejor manera que pueda y heme aquí el más hermoso y bello clavel de tu jardín.


Así a veces nos pasa a nosotros…

Vivimos marchitándonos; en nuestras propias insatisfacciones, en nuestras absurdas comparaciones con los demás.

Si yo fuera, si yo tuviera, si mi vida fuera…

Siempre conjugando un futuro incierto, en vez del presente concreto, empecinados en no querer ver, que la felicidad es un estado subjetivo y voluntario.

Podemos elegir hoy, estar felices con lo que somos, con lo que tenemos o vivir amargados por lo que no tenemos o no podemos ser.

Sólo podremos florecer el día que aceptemos que somos lo que somos, que Dios nos hizo únicos e irrepetibles, y que nadie puede hacer lo que nosotros vinimos a hacer.

(autor desconocido)

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