En el día internacional de la mujer…

En el día internacional de la mujer comparto esta linda canción interptetada por Bryan Adams:

Have you ever really loved a woman?”  (“¿Has realmente amado alguna vez a una mujer?“)

Escuchar en Goear

To really love a woman
To understand her – you gotta know her deep inside
Hear every thought – see every dream
N’ give her wings – when she wants to fly
Then when you find yourself lyin’ helpless in her arms
Ya know ya really love a woman

When you love a woman you tell her
That she’s really wanted
When you love a woman you tell her that she’s the one
Cuz she needs somebody to tell her
That it’s gonna last forever
So tell me have you ever really
- really really ever loved a woman?

To really love a woman
Let her hold you -
Til ya know how she needs to be touched
You’ve gotta breathe her – really taste her
Til you can feel her in your blood
N’ when you can see your unborn children in her eyes
Ya know ya really love a woman

When you love a woman
You tell her that she’s really wanted
When you love a woman you tell her that she’s the one
Cuz she needs somebody to tell her
That you’ll always be together
So tell me have you ever really -
Really really ever loved a woman?

You got to give her some faith – hold her tight
A little tenderness – gotta treat her right
She will be there for you, takin’ good care of you
Ya really gotta love your woman…

Then when you find yourself lyin’ helpless in her arms
Ya know ya really love a woman
When you love a woman you tell her
That she’s really wanted
When you love a woman you tell her that she’s the one
Cuz she needs somebody to tell her
That it’s gonna last forever
So tell me have you ever really
- really really ever loved a woman?

Just tell me have you ever really,
Really, really, ever loved a woman?
Just tell me have you ever really,
Really, really, ever loved a woman?

(Traducción libre al español)
Para amar de verdad a una mujer,
para entenderle – debes conocerle bien por dentro,
escuchar cada pensamiento – ver sus sueños,
concederle alas – para cuando desee volar.
Cuando te encuentres tirado entre sus brazos
te darás cuenta de que de verdad amas a una mujer.

Si amas a una mujer le dices
que le deseas de verdad.
Si amas a una mujer le dirás que ella es la definitiva
porque necesita que alguien le diga
que será para siempre.
Así que dime, ¿alguna vez realmente
-de verdad, de verdad- has amado a una mujer?

Para amar de verdad a una mujer
deja que ella te abrace -
hasta que veas que necesite ser tocada
deberás respirar su aire – saborearla,
hasta sentirle en tu sangre.
Cuando puedas ver tus futuros hijos en sus ojos
sabrás que de verdad amas a una mujer.

Cuando amas a una mujer
le dices que realmente le deseas.
Si amas a una mujer le dirás que ella es la definitiva
porque necesita a alguien que le diga
que siempre estarás a su lado.
Así que dime, ¿alguna vez realmente
-de verdad, de verdad- has amado a una mujer?

Debes darle lugar a tener fe – abrázale fuertemente,
un poco de ternura – debes tratarle bien.
Estará ahí para ti, cuidándote bien,
Debes amar de verdad a tu mujer…

Cuando te encuentras tirado entre sus brazos
te das cuenta de que de verdad amas a una mujer.
Si amas a una mujer le dices
que le deseas enormemente
Si amas a una mujer le dirás que ella es la definitiva
porque necesita que alguien le diga
que será para siempre.
Así que dime, ¿alguna vez realmente
-de verdad, de verdad- has amado a una mujer?

Sólo dime si alguna vez realmente,
-de verdad, de verdad- ¿has amado a una mujer?
Sólo dime si alguna vez realmente,
-de verdad, de verdad- has amado a una mujer?

(Mas música en Un Mensaje Para Ti…)

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Mi otra mujer…

Mi esposa me recomendó salir con otra mujer. “Tu sabes que la amas” – me dijo un día, tomándome por sorpresa. La vida es muy corta, dedícale tiempo.

Pero yo te amo a Ti” – protesté.

Lo sé. Pero también la amas a Ella.

La otra mujer a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi Madre, viuda desde hace años, pero por las exigencias de mi trabajo y mis hijos hacían que sólo la visitara ocasionalmente.

Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine.

¿Qué te ocurre? ¿Estas bien?” me preguntó.

Mi madre es una mujer que una llamada tarde en la noche o una invitación sorpresiva es indicio de malas noticias.

Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo”, le respondí. “¡Los dos solitos!…

¿Qué opinas?“. Reflexionó sobre ello un momento. “Me gustaría muchísimo“, dijo.

Ese viernes mientras conducía para recogerla después de mi trabajo me encontraba nervioso, era el nerviosismo que antecede una cita… y por Dios, cuando llegué a su casa, vi que ella también estaba muy emocionada.

Me esperaba en la puerta con su viejo abrigo puesto, se había rizado el pelo y usaba el vestido con el que celebró su último aniversario de bodas, su rostro sonreía, irradiaba luz como un ángel.

Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo y se mostraron muy emocionadas” – me comentó mientras subía a mi auto – “No podrán esperar a mañana para escuchar acerca de nuestra velada“.

Fuimos a un restaurante no muy elegante, pero si muy acogedor, mi madre se aferró a mi brazo como si fuera “La Primera Dama de la Nación”.

Cuando nos sentamos tuve que leerle el menú. Sus ojos sólo veían grandes figuras. Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista; mi Mamá está sentada al otro lado de la mesa y sólo me miraba.

Una sonrisa nostálgica se le delineaba en los labios. “Era Yo quien te leía el menú cuando eras pequeño ¿Recuerdas…?
Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolver el favor” – respondí.

Durante la cena tuvimos una agradable conversación, nada extraordinario, sólo ponernos al día uno con la vida del otro.

Hablamos tanto que nos perdimos el cine.

Saldré Contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar“, dijo mi madre cuando la llevé a su casa, la sentí, la besé, la abracé.

¿Cómo estuvo la cita?” – quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche.

Muy agradable, gracias. Mucho más de lo que imagine“, le contesté.

Días más tarde mi Madre murió de un infarto masivo, todo fue tan rápido, no pude hacer nada.

Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante donde habíamos cenado mi madre y yo y una nota que decía:

La cena está pagada por anticipado, estaba casi segura que no podría estar allí, pero igual pagué para dos, para ti y tu esposa, jamás podrás entender lo que aquella noche significó para mi. ¡Te amo!

En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo “TE AMO” y de darles a nuestros seres queridos el espacio que se merecen; nada en la vida será más importante que Dios y tu familia, dales tiempo porque ellos no pueden esperar.

Si tu Madre vive… disfrútala.

Si no vive… recuérdala.

Y ten en cuenta  siempre que Dios perdona, pero el tiempo nunca lo hace, ni se puede regresar.

(Autor desconocido)

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Una princesa azul

… Proseguí mi marcha flotando hacia el lugar del encuentro.

Tenía una cita desde la eternidad de los tiempos: iba a encontrarme con “ella”.

Apareció a lo lejos una especie de pagoda o pérgola flotando junto a la orilla. Tenía un techo al estilo japonés, sujeto por delgadas cañas entre las que subían enredaderas de hojas rosadas y flores azules que hacían las veces de paredes. Sobre el piso de madera pulida había almohadones de anchas franjas de colores; desde el techo colgaban pequeños adornos, como inciensarios de bronce u oro y jaulitas para grillos.

Sobre los almohadones se encontraba “ella”, la sentí cercana, inmensamente cercana, sin embargo, era la primera vez que íbamos a unirnos…

No nos miramos a los ojos, queríamos alargar los momentos previos, no había que apresurar nada… tantos milenios habíamos esperado ya…

Hice una reverencia a la que ella respondió sutilmente; entré, nos comunicamos, pero no con palabras, hubiera sido demasiado vulgar, poco armonioso con ese mundo y con aquel encuentro tan anhelado. Nuestro lenguaje consistió en un ritual artístico de leves movimientos de brazos, manos o dedos, acompañados de algún sentimiento que proyectábamos vibratoriamente. Cuando el lenguaje hablado es insuficiente, el amor nos pide otras formas de comunicación…

Llegó el momento de mirar aquel rostro ignorado: era una hermosa mujer de facciones orientales piel de un azul claro. Cabellos muy negros con partidura al centro. Tenía un lunar en medio de la frente.

Sentí mucho amor por ella, y ella por mí. Llegaba el momento culminante. Acerqué mis manos a las suyas… y todo desapareció.

Estaba junto a Ami, en la nave, la neblina luminosa y blanca indicaba que nos íbamos de aquel mundo.

-… tana…  oh, ya regresaste -dijo Ami.

Supe que todo aquello había ocurrido en una fracción de segundo, entre el “ven” y el “tana” de la palabra “ventana” que Ami pronunció apenas apareció el color rosado tras los vidrios. Sentí angustia, como quien despierta de un sueño hermoso y se enfrenta a una opaca realidad… ¿o era al revés? ¿no sería esto un mal sueño y lo otro, la realidad?

-¡Quiero volver! -grité. Ami cruelmente me había separado de “ella”, desgarrándome, no podía hacerme eso. Aún no recobraba mi mente habitual, el otro “yo” estaba sobrepuesto a mi vida real. Por un lado era Pedro, un niño de nueve años; por otro lado era un ser… ¿por qué no podía recordarlo ahora?

-Ya habrá tiempo -con suavidad me tranquilizó Ami -, vas a volver… pero no todavía…

Logré calmarme. Supe que era verdad, que volvería, recordé esa sensación de “no apresurar las cosas” y me quedé tranquilo. Poco a poco fui retornando a mi normalidad, pero nunca más volvería a ser el mismo, ahora había vislumbrado otra dimensión de mi propio ser… Yo era Pedro, pero sólo momentáneamente, por otro lado era mucho más que Pedro.

-¿En que mundo estuve?

-En un mundo situado fuera del tiempo y del espacio… en otra dimensión… por ahora.

-Yo estaba allí, pero no era el de siempre… era “otro”…

-Viste tu futuro, lo que serás cuando completes tu evolución hasta cierto límite… dos mil medidas, mas o menos.

-¿Cuándo será eso?

-Te falta nacer, morir, nacer varias veces, varias vidas…

-¿Cómo es posible ver el futuro?

-Todo está escrito. La “novela” de Dios ya está escrita, la saltaste unas cuantas hojas y leiste otra página, eso fue todo. Era necesario, es un pequeño estímulo para que renuncies definitivamente a la idea de que todo termina con una muerte más, y para que lo escribas y otros lo sepan.

-¿Quién era esa mujer? siento que nos amamos, incluso ahora.

-Dios te la pondrá muchas veces a tu lado. A veces la reconocerás, a veces no, depende de tu “cerebro del pecho”. Cada alma tiene un único complemento, una “mitad”.

-¡Tenía la piel azul!

-Y tu también, solo que no te miraste en un espejo -Ami volvió a reirse de mí.

-¿Ahora la tengo azul? -me miré las manos intranquilo.

-Claro que no. Ella tampoco ahora…

-¿Donde está ella en este momento?

-En tu mundo…

-¡Llévame  a ella, quiero verla!

-¿Y cómo la vas a reconocer?

-Tenía rostro de japonesa… aunque no recuerdo sus rasgos… tenía un lunar en la frente…

-Te dije que ahora no es así -reía Ami-, en estos momentos ella es una niña común y corriente.

-¿Tu la conoces, sabes quién es?

-No te apresures, Pedrito, rcuerda que la paciencia es la ciencia de la paz, de la paz interior… no quieras abrir antes de tiempo un regalo sorpresa. La vida te irá guiando… Dios está detrás de cada aconteciemiento…

-¿Cómo la reconoceré?

-No con la mente, no con el análisis, no con el prejuicio, solo con tu corazón, con amor.

-Pero ¿cómo?

-Obsérvate siempre, especialmente cuando conozcas a alguien, pero no confundas lo interno con lo externo… Nos queda poco tiempo por delante. Tu abuelita va a despertar, debemos volver.

-¿Cuándo regresarás?

-Escribe el libro, luego volveré.

-¿Pongo lo de la “japonesita”?

-Pon todo, pero no olvides decir que es un cuento.

Fragmento de “Ami – El niño de las estrellas

Enrique Barrios

ISBN 950-739-019-0

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Mientras estés viva… siéntete viva

Siempre ten presente que la piel se arruga,
el pelo se vuelve blanco,
los días se convierten en años…

Pero lo importante no cambia,
tu fuerza y tu convicción no tienen edad.

Tu espíritu es el plumero de cualquier telaraña.

Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.

Detrás de cada logro, hay otro desafío.

Mientras estés viva, siéntete viva.

Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.

No vivas de fotos amarillas…

Sigue aunque todos esperen que abandones.

No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.

Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.

Cuando por los años no puedas correr, trota.

Cuando no puedas trotar, camina.

Cuando no puedas caminar, usa el bastón…

¡Pero nunca te detengas!

(autor desconocido)

Una mujer…

Tomó la redondez de la luna, las suaves curvas de las olas, la tierna adhesión de la enredadera, el trémulo movimiento de las hojas, la esbeltez de la palmera, el tinte delicado de las flores, la amorosa mirada del ciervo, la alegría del rayo del sol y las gotas del llanto de las nubes, la inconstancia del viento, la fidelidad del perro, la timidez de la tórtola y la vanidad del pavo real, la suavidad de la pluma de un cisne y la dureza del diamante, la dulzura de la paloma y la crueldad del tigre, el ardor del fuego y la frialdad de la nieve.

Mezcló tan desiguales ingredientes, formó a la mujer y se la dio al hombre.

Después de una semana, vino el hombre y le dijo:

- “Señor, la criatura que me diste me hace desdichado, quiere toda mi atención, nunca me deja solo, charla incesantemente, llora sin motivo, parece que se divierte en hacerme sufrir y vengo a devolvértela porque ¡no puedo vivir con ella!”.

- “Bien” – contestó Dios y tomó a la mujer. Pasó otra semana, volvió el hombre y le dijo:

- “Señor, me encuentro muy solo desde que te devolví a la criatura que hiciste para mí; ella cantaba y jugaba a mi lado, me miraba con ternura y su mirada era una caricia, reía y su risa era música, era hermosa a la vista y suave al tacto. Me cuidaba y protegía cuando lo necesitaba, me daba dulzura, ternura, comprensión y amor sin condiciones, por favor Dios, devuélvemela, porque ¡no puedo vivir sin ella!”.

- “Ya veo” – dijo Dios – “ahora valoras sus cualidades, eso me alegra mucho; claro que puedes tenerla de nuevo, fue creada para tí, pero no olvides cuidarla, amarla, respetarla y protegerla, porque de no hacerlo, corres el riesgo de quedarte nuevamente sin ella”.

(autor desconocido)

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