Entre el cielo y la tierra…

Comparto el audiolibro “Francesco, Una vida entre el cielo y la tierra“, de Yohana García.

Del la descripción del libro en Amazon:

“Después de sufrir una larga enfermedad, Francesco, un poco desorientado, empieza la aventura que emprende al llegar al cielo. Los maestros espirituales le muestran cómo tendría que haber vivido para crecer, y cómo se hace para lograr lo que cada uno desea para lograr el bienestar interior. Estas escrituras conmovedoras — basadas en las enseñazas de los Registros Akáshicos — llevan al lector hasta el cielo para que después regrese a su vida y comience a dejar huellas en la tierra.”

Escuchar en ivoox

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El mayor miedo en la vida…

Comparto “Las 10 Últimas Preguntas“, un cortometraje de Mora Films.

Para reflexionar y contestarse.

“El mayor miedo en la vida, no es la muerte… es no haber vivido”

1 ¿A quién le dirías Gracias?

2 ¿A quién le pedirías Perdón?

3 ¿A quién le Pegarías?

4 ¿A quién le darías el último Abrazo?

¿A quién le harías la última Pregunta?

6 ¿A quién le dirías el Te Amo que nunca le dijiste?

7 ¿A quién le contarías que te vas a Morir?

8 ¿A quién le darías el Beso que nunca le diste?

9 ¿Con quién tendrías tu última Charla?

10 ¿Con quién pasarías la última Noche?

Todos nos vamos a morir algún día, por eso lo importante no es cuánto tiempo vivamos, sino que estemos orgullosos de cómo vivimos el tiempo que nos toca estar”

(Mas videos en Un Mensaje Para Ti…)

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En la memoria de Steve Jobs…

Hoy, 5 de Octubre de 2011,  falleció  Steve Jobs (fundador de Apple y de Pixar) a los 56 años de edad.

Vuelvo a publicar un mensaje que compartí hace ya más de cuatro años en Un Mensaje Para Ti… y que refleja el pensamiento de este hombre que ha marcado un hito en el desarrollo de la tecnología.

Un discurso inspirador…

(Mas videos en Un Mensaje Para Ti…)


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Quién eres…

Al final del camino de la vida, no te preguntarán QUE TIENES, sino QUIEN ERES. ¿Cuál será tu respuesta?

Tú eres la mayor riqueza para ti mismo y esa riqueza nadie puede quitártela. Porque tú no eres lo que tienes, sino lo que eres.

René Trossero

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Hoy… y no mañana

Prefiero que compartas conmigo unos pocos minutos ahora que estoy vivo y no una noche entera cuando yo muera.

Prefiero que estreches suavemente mi mano ahora que estoy vivo, y no apoyes tu cuerpo sobre mi cuando yo muera.

Prefiero que hagas una sola llamada ahora que estoy vivo y no emprendas un inesperado viaje cuando yo muera…

Prefiero que me regales una sola flor ahora que estoy vivo y no me envíes un hermoso ramo cuando yo muera.

Prefiero que elevemos al cielo una oración ahora que estoy vivo y no una misa cantada y celebrada cuando yo muera.

Prefiero que me digas unas palabras de aliento ahora que estoy vivo y no un desgarrador poema cuando yo muera.

Prefiero escuchar un solo acorde de guitarra ahora que estoy vivo, y no una conmovedora serenata cuando yo muera.

Prefiero me dediques una leve plegaria ahora que estoy vivo y no un político epitafio sobre mi tumba cuando yo muera.

Prefiero disfrutar de los mas mínimos detalles ahora que estoy vivo y no de grandes manifestaciones cuando yo muera.

Prefiero escucharte un poco nervioso(a) diciendo lo que sientes por mi ahora que estoy vivo y no un gran lamento porque no lo dijiste a tiempo, y ahora estoy muerto…

Aprovechemos a nuestros seres queridos, ahora que están entre nosotros.

Valora a las personas que están a tu alrededor, ámalas, respétalas, acuérdate de ellas…  ¡ mientras están vivas !

(autor desconocido)

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Inmortalidad

“Lo que hemos hecho por nosotros mismos solamente se muere con nosotros; lo que hemos hecho por otros y el mundo permanece y es inmortal”.

Albert Pike

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¡Esto es el fin!

Cuando el pequeño se está gestando en el seno de su madre no es consciente de todo lo que vive. Pero vive. Y quizá en su futura vida recordará mucho más de lo que nos imaginamos.

Son nueve meses en los que hora a hora y día a día siente como adquiere una plenitud. Sus órganos se diferencian, su sensibilidad se afina, los grandes sistemas de su organismo comienzan a cumplir sus propias funciones. Aunque no lo sepa y no se lo pueda expresar a sí mismo, y menos aún a los demás, sin embargo se da cuenta de que algo se acerca. La plenitud siempre estalla en una nueva manera de existir. No hay plenitud que cristalice permaneciendo estática. Eso nunca sucede con la vida. Y todo ser vivo guarda en su memoria ancestral la existencia de los pasos a esas nuevas etapas, mucho más plenas.

Pero el dolor y la angustia también están presentes. Allí donde la vida comienza un nuevo ciclo, se hace necesario que el anterior muera, termine, se rompa para dar salida a lo que recién comienza. Y esto no se hace de una manera tranquila y lúcida. Se abandona lo conocido, se ingresa en lo misterioso. Se abandona la experiencia y se arriesga la esperanza.

Terminados sus nueve meses de gestación, la criatura presiente que algo va a suceder. Las contracciones se lo anuncian. Todo entra en la extraña situación de ruptura y pasaje. Finalmente sobreviene el parto para la madre que da a luz. Pero para el hijito la experiencia es muy diferente. Siente que se lo expulsa, obligándolo a abandonar lo familiar, lo conocido, lo seguro. Del resto no sabe nada. Si pudiera expresarlo en palabras quizá se diría angustiado a sí mismo: – ¡Esto es el fin!

Sus padres, y todos aquellos que aguardan su  venida saben muy bien que esto no es el fin absoluto. Es simplemente la conclusión de una etapa, y el comienzo de la verdadera vida. Es cierto que en el seno materno no se tenía frío, ni hambre, ni había clases sociales. Pero en este pasaje no se cae al vacío. Hay a su llegada un par de brazos paternos y senos maternos que lo aguardan para recibirlo.

Esta segunda etapa será inmensamente mejor. Ni el ojo vio, ni el oído oyó en el seno materno, lo que le estaba preparando para cuando sus padres pudieran expresarle plenamente su amor en un cara a cara. Allá fueron nueve meses. Ahora podrían ser noventa años. Antes fue solo el tiempo de crecer recibiendo. Comienza ahora el tiempo del compartir creciendo juntos al dar y al recibir. Etapa del ver, del sentir, del amar, del comunicarse y dar la vida para que otros vivan.

A los que estamos en esta segunda parte, cada día la vida nos anuncia que avanzamos hacia la angustia de un nuevo pasaje. Para los que gemimos en el seno materno de esta tierra, nos resulta incomprensible y no imaginable lo que habrá más allá. Igual como nos sucedió cuando se acercaba nuestro propio alumbramiento. Cuando se acerque nuestra segunda ruptura, puede ser que revivamos la vieja experiencia que celebramos en cada cumpleaños pero de la que recordamos sólo la alegría de nuestros padres. Ellos fueron quienes nos enseñaron a festejarla. Pero nosotros si fuéramos sinceros, tendríamos que saber que aquello nos hizo exclamar, igual como lo hará ahora: – ¡Esto es el fin!

Los que esperan nuestra llegada, sonreirán sabiendo que sólo se trata de un comienzo doloroso y festivo. Nos esperan dos brazos de padre, para decirnos:

- ¡Vengan, benditos, al Reino que les está esperando!

Ellos desde ya nos enseñan a festejar el acontecimiento, cuando recordamos su propio pasaje desde este rancho de barro hacia la morada eterna en los cielos.

La vida no se nos quita, somos invitados a vivirla en una nueva etapa.

Mamerto Menapace

(más información)


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Un Pedazo de Cielo…

Si muero antes que tú, hazme un favor:

Llora cuanto quieras, pero no te enojes
con Dios por haberme llevado.

Si no quieres llorar, no llores.

Si no logras llorar no te preocupes.

Si quieres reír, ríe.

Si algunos amigos te cuentan algo de mí,
óyelos y cree lo que digan.

Si me elogian demasiado, corrige la exageración.

Si me critican demasiado, defiéndeme.

Si quieren hacerme un santo,
sólo porque he muerto,
di que yo tenía algo de santo,
pero estaba lejos de ser el santo que pintan.

Si quieren hacerme un demonio,
muestra que yo tal vez tuve algo de demonio,
pero toda la vida procuré ser bueno y buen amigo.

Si intentan canonizarme di que yo nunca quise ser incensado en vida.

Si hablan más de mí que de Cristo, llámales la atención.

Si sientes tristeza y deseas rezar por mí,
puedes hacerlo, pues quizá necesite tu ORACIÓN.

Si quieres hablar conmigo, habla con Jesús y yo lo escucharé.

Espero estar con Él lo suficiente
para continuar siendo útil para ti donde esté.

Y si quieres escribir algo sobre mi,
di solo una frase:

¡Fue amigo, creyó en mi y me quiso para Dios!

¡Era una flecha que vivía apuntando en dirección a Dios!

Ahí, entonces, derrama una lágrima.

Yo no estaré presente para secarla,
pero no hace falta, pues otros amigos lo harán en mi lugar.

Y viéndome bien sustituido,
iré a atender a mi nueva tarea en el cielo.

Pero de vez en cuando, da una escapadita hacia Dios;
no me verás, pero yo estaré muy feliz viéndote a ti mirar hacia Él.

Y cuando llegue para ti la hora de ir a ver al Padre,
ahí donde nadie puede separarnos,
viviremos la amistad que aquí nos preparó para El.

¿Crees en estas cosas?

Entonces, reza para que los dos vivamos
como quien sabe que va a morir un día
y que muramos como quien supo vivir bien.

La amistad sólo tiene sentido
si hace el cielo más cercano
y si aquí inaugura su comienzo.

Pero, si yo muero antes que tú,
creo que no voy a extrañar el cielo…

Ser tu Amigo,
Ya era Un Pedazo de Cielo.

(autor desconocido)

Un discurso inspirador

Les acerco el video (en inglés) del discurso que Steve Jobs (fundador de Apple y de Pixar) pronunció en la universidad de Stanford el 12 de Junio de 2005.

Creo que vale la pena su lectura y reflexión.

El discurso original en inglés puede leerse aquí.

También incluyo la traducción libre al español realizada por el autor del blog “Memoria de Acceso Aleatorio” en su artículo Steve Jobs: “Manteneos hambrientos, manteneos alocados”.

Un video subtitulado en español puede verse en Youtube

Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra iniciación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.

Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?

Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?” “Por supuesto”, dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad.

Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes.

No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.

Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.

Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.
Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.

Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.

No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida.

Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.

Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.
Mi tercera historia es sobre la muerte.

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.

Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:

Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.

Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.

Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue alocado”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.

Seguid hambrientos. Seguid alocados.

Muchísimas gracias a todos.

[Nota del traductor: muchísimas gracias a todos por el enorme interés que ha despertado esta traducción, y por comprender los posibles errores que haya podido cometer al hacerla. ¡Gracias!]

 

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Una princesa azul

… Proseguí mi marcha flotando hacia el lugar del encuentro.

Tenía una cita desde la eternidad de los tiempos: iba a encontrarme con “ella”.

Apareció a lo lejos una especie de pagoda o pérgola flotando junto a la orilla. Tenía un techo al estilo japonés, sujeto por delgadas cañas entre las que subían enredaderas de hojas rosadas y flores azules que hacían las veces de paredes. Sobre el piso de madera pulida había almohadones de anchas franjas de colores; desde el techo colgaban pequeños adornos, como inciensarios de bronce u oro y jaulitas para grillos.

Sobre los almohadones se encontraba “ella”, la sentí cercana, inmensamente cercana, sin embargo, era la primera vez que íbamos a unirnos…

No nos miramos a los ojos, queríamos alargar los momentos previos, no había que apresurar nada… tantos milenios habíamos esperado ya…

Hice una reverencia a la que ella respondió sutilmente; entré, nos comunicamos, pero no con palabras, hubiera sido demasiado vulgar, poco armonioso con ese mundo y con aquel encuentro tan anhelado. Nuestro lenguaje consistió en un ritual artístico de leves movimientos de brazos, manos o dedos, acompañados de algún sentimiento que proyectábamos vibratoriamente. Cuando el lenguaje hablado es insuficiente, el amor nos pide otras formas de comunicación…

Llegó el momento de mirar aquel rostro ignorado: era una hermosa mujer de facciones orientales piel de un azul claro. Cabellos muy negros con partidura al centro. Tenía un lunar en medio de la frente.

Sentí mucho amor por ella, y ella por mí. Llegaba el momento culminante. Acerqué mis manos a las suyas… y todo desapareció.

Estaba junto a Ami, en la nave, la neblina luminosa y blanca indicaba que nos íbamos de aquel mundo.

-… tana…  oh, ya regresaste -dijo Ami.

Supe que todo aquello había ocurrido en una fracción de segundo, entre el “ven” y el “tana” de la palabra “ventana” que Ami pronunció apenas apareció el color rosado tras los vidrios. Sentí angustia, como quien despierta de un sueño hermoso y se enfrenta a una opaca realidad… ¿o era al revés? ¿no sería esto un mal sueño y lo otro, la realidad?

-¡Quiero volver! -grité. Ami cruelmente me había separado de “ella”, desgarrándome, no podía hacerme eso. Aún no recobraba mi mente habitual, el otro “yo” estaba sobrepuesto a mi vida real. Por un lado era Pedro, un niño de nueve años; por otro lado era un ser… ¿por qué no podía recordarlo ahora?

-Ya habrá tiempo -con suavidad me tranquilizó Ami -, vas a volver… pero no todavía…

Logré calmarme. Supe que era verdad, que volvería, recordé esa sensación de “no apresurar las cosas” y me quedé tranquilo. Poco a poco fui retornando a mi normalidad, pero nunca más volvería a ser el mismo, ahora había vislumbrado otra dimensión de mi propio ser… Yo era Pedro, pero sólo momentáneamente, por otro lado era mucho más que Pedro.

-¿En que mundo estuve?

-En un mundo situado fuera del tiempo y del espacio… en otra dimensión… por ahora.

-Yo estaba allí, pero no era el de siempre… era “otro”…

-Viste tu futuro, lo que serás cuando completes tu evolución hasta cierto límite… dos mil medidas, mas o menos.

-¿Cuándo será eso?

-Te falta nacer, morir, nacer varias veces, varias vidas…

-¿Cómo es posible ver el futuro?

-Todo está escrito. La “novela” de Dios ya está escrita, la saltaste unas cuantas hojas y leiste otra página, eso fue todo. Era necesario, es un pequeño estímulo para que renuncies definitivamente a la idea de que todo termina con una muerte más, y para que lo escribas y otros lo sepan.

-¿Quién era esa mujer? siento que nos amamos, incluso ahora.

-Dios te la pondrá muchas veces a tu lado. A veces la reconocerás, a veces no, depende de tu “cerebro del pecho”. Cada alma tiene un único complemento, una “mitad”.

-¡Tenía la piel azul!

-Y tu también, solo que no te miraste en un espejo -Ami volvió a reirse de mí.

-¿Ahora la tengo azul? -me miré las manos intranquilo.

-Claro que no. Ella tampoco ahora…

-¿Donde está ella en este momento?

-En tu mundo…

-¡Llévame  a ella, quiero verla!

-¿Y cómo la vas a reconocer?

-Tenía rostro de japonesa… aunque no recuerdo sus rasgos… tenía un lunar en la frente…

-Te dije que ahora no es así -reía Ami-, en estos momentos ella es una niña común y corriente.

-¿Tu la conoces, sabes quién es?

-No te apresures, Pedrito, rcuerda que la paciencia es la ciencia de la paz, de la paz interior… no quieras abrir antes de tiempo un regalo sorpresa. La vida te irá guiando… Dios está detrás de cada aconteciemiento…

-¿Cómo la reconoceré?

-No con la mente, no con el análisis, no con el prejuicio, solo con tu corazón, con amor.

-Pero ¿cómo?

-Obsérvate siempre, especialmente cuando conozcas a alguien, pero no confundas lo interno con lo externo… Nos queda poco tiempo por delante. Tu abuelita va a despertar, debemos volver.

-¿Cuándo regresarás?

-Escribe el libro, luego volveré.

-¿Pongo lo de la “japonesita”?

-Pon todo, pero no olvides decir que es un cuento.

Fragmento de “Ami – El niño de las estrellas

Enrique Barrios

ISBN 950-739-019-0

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