Momentos…

Moments“, un cortometraje de Will Hoffman

(¡gracias Emiliano!)

(Mas videos en Un Mensaje Para Ti…)

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@PabloGimenez

+Pablo

Hubo momentos…

Hubo un momento en el que creías que la tristeza sería eterna; pero volviste a sorprenderte a ti mismo riendo sin parar.

Hubo un momento en el que dejaste de creer en el amor; y luego apareció esa persona y no pudiste dejar de amarla cada día más.

Hubo un momento en el que la amistad parecía no existir; y conociste a ese amigo que te hizo reír y llorar, en los mejores y en los peores momentos.

Hubo un momento en el que estabas seguro que la comunicación con alguien se había perdido; y fue luego cuando el cartero visitó el buzón de tu casa.

Hubo un momento en el que una pelea prometía ser eterna; y sin dejarte ni siquiera entristecerte terminó en un abrazo.

Hubo un momento en que un examen parecía imposible de pasar; y hoy es un examen más que aprobaste en tu carrera.

Hubo un momento en el que dudaste de encontrar un buen trabajo; y hoy puedes darte el lujo de ahorrar para el futuro.

Hubo un momento en el que sentiste que no podrías hacer algo; y hoy te sorprendes a ti mismo haciéndolo.

Hubo un momento en el que creíste que nadie podía comprenderte; y te quedaste boquiabierto mientras alguien parecía leer tu corazón.

Así como hubo momentos en que la vida cambió en un instante, nunca olvides que aún habrá momentos en que lo imposible se tornará un sueño hecho realidad.

Nunca dejes de soñar, porque soñar es el principio de un sueño hecho realidad.

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Hay momentos…

Hay momentos sorprendentes en cada etapa de nuestra vida.

Nada se desperdicia en los planes del encontrarse con la madurez, en cada uno de ellos hay crecimiento, decisiones, afinidad, descuerdos y encuentros contigo mismo.

Una lágrima, el gemir, un olvido, las riquezas, lindas amistades, un recuerdo, los deseos, una mirada, una caricia y una oración, o un suspiro que te hace llenar con fuerza los pulmones de tu sentir…

Sacuden tu vida, te hacen temblar de frío y de anhelo…

Te llevan a buscar inconscientemente la llamas del fuego que producen el deseo de seguir en ruta.

Momentos de siempre…

Seguidos de todo lo que una vez planificaste.

Un instante en el cual guardas una carcajada, cierras el libro de tu historia, añoras un instante entre lo bueno y lo porvenir.

Cada día, nos trae una nueva experiencia que nos da la oportunidad de seguir en la ruta del vivir.

 

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El viajero

En tiempos remotos, en un lugar muy remoto, vivió un hombre que viajaba de un lugar a otro, siguiendo los impulsos de su espíritu aventurero.

En uno de estos viajes, que transcurrían a pie por caminos polvorientos, en las cercanías de un pueblo nuestro viajero vio algo que le llamó mucho la atención.

Era una colina, tapizada de un verde maravilloso, en ella había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.

Una puerta de bronce lo invitaba a entrar.

El viajero traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que sus ojos se deleitaran en cada detalle de este paraíso multicolor. De pronto sus ojos se detuvieron en una de las piedras, donde leyó esta inscripción: “Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.

Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla y decía:

“Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y tres semanas”

El viajero se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra, una tumba.

Una por una empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo exacto de vida del muerto.

Pero lo que lo dejó totalmente espantado fue que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años.

Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

-No, ningún familiar- dijo el viajero -, ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?, ¿por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?

El anciano se sonrió y dijo:

- Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…

Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí colgando del cuello. Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

a la izquierda, qué fue lo disfrutado….
a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia y se enamoró de ella ¿ cuanto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de su compañía? ¿una semana?, ¿dos?, ¿un mes?.

Y después… la emoción de soñar con el matrimonio, la alegría de la fiesta de bodas, ¿cuánto duró?.

¿Y la noticia de la llegada del primer hijo?
¿Y el viaje más deseado?
¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?
¿Y los buenos momentos compartidos con los amigos?

¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ¿horas? ¿días?…

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos….cada momento.

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque ESE es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO.

Algunos de los mejores momentos de la vida

Enamorarse.

Volver a enamorarse cuando creías que ya no podías volver a enamorarte.

Reirte hasta que te duele la panza.

Encontrar miles de e-mails de tus amigos cuando vuelves de las vacaciones.

El nacimiento de un hijo.

Saber que eres el refugio de alguien cuando ese alguien se siente afligido.

Tener a alguien con quien acurrucarte en la cama en una tarde muy fría y lluviosa.

Escuchar tu canción favorita en la radio.

Encontrar casualmente entre tus cosas un dibujo que te regaló tu hijo o hija.

Acostarte en tu cama y escuchar como llueve afuera.

Aprobar tu último examen.

Poder “estar de vacaciones” fuera de casa.

Recibir una llamada de alguien que hace mucho que no ves y que te quiere ver.

Una buena conversación con un ser querido.

Encontrar mensajes en tu contestador telefónico cada vez que regresas a casa.

Escuchar accidentalmente que alguien dice algo bueno de ti.

Tener a alguien que te dice “abrígate que hace frío”.

Detener el auto en el medio de la nada a escuchar como cae la lluvia sobre el techo.

Descubrir a un amigo que no sabías que quería ser tu amigo o amiga.

Despertarte pensando que ya tienes que levantarte y darte cuenta de que todavía puedes seguir durmiendo un par de horas más.

Que alguien te diga, “gracias por escucharme”.

Escuchar una canción que te hace recordar a “esa persona especial”.

Oler un aroma y recordar así, a “esa persona especial”.

Ser parte de un equipo de trabajo.

Ganarse un ascenso en el trabajo.

Recibir un aumento de sueldo cuando no lo esperabas.

El primer beso en la boca.

Que alguien te diga “gracias por tu consejo”.

Ver a un amigo y recordar que tienes muchas historias en común; saber que ese amigo o amiga es parte de tu historia.

Ver una película montones de veces y emocionarte siempre en las mismas escenas.

Hacer nuevos amigos.

Que alguien te diga que algo te queda bien.

Conocer gente “nueva” y asombrarte por descubrir cuanta gente “linda” existe.

Extrañar a alguien en cuanto ya no estás con el o ella.

Reunirte con viejos amigos solamente para recordar siempre las mismas “viejas anécdotas”, esas que puedes recordar miles de veces y siempre disfrutas como si fuera la primera vez.

Pasar un momento con tus mejores amigos, haciendo lo que sea.

Ver felices a las personas que quieres.

Que alguien te llame solo para decirte: “tenía ganas de decirte que te amo”.

Ver sanas y saludables a las personas que quieres.

Usar una prenda de la persona que te amas y que todavía huela a su perfume.

Volver a ver a un viejo amigo, uno que no ves desde hace mucho tiempo y sentir que el tiempo no pasó y que tu amistad no cambió.

Curarte de una enfermedad.

Tener a alguien que acepta todos tus defectos y ama todas tus virtudes; que te acepta tal y como eres.

Mirar una puesta de sol junto a la persona que amas.

Que te hagan sentir orgulloso por tu hijo o hija.

Tener a alguien que te diga que te quiere y que te extraña.

Que alguien hable bien de ti delante de otros.

Tener a alguien que valora de ti aquello que ni siquiera tu valoras.

Tener a alguien que te muestra tus errores porque quiere que seas mejor, no porque no los acepta.

Tener a alguien que se da cuenta cuando no estás.

Tener a alguien que te espera en casa.

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