Un buen sueldo…

“Mientras la empresa actúe como si me estuviera pagando un buen sueldo… yo actuaré como si estuviera haciendo un buen trabajo”. :)

:) :) :)

Nunca está de mas un poco de humor

(¿ un poco de humor… ?)

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Los 10 pecados capitales del Jefe

1 - El jefe no decide, no manda: La ausencia de mando puede tener consecuencias muy negativas para la organización. Este vacío puede venir derivado de una no aceptación por parte del jefe de las responsabilidades asociadas al cargo, lo cual supone una dimisión implícita. El jefe que no manda, que no decide, es un estorbo. ¿Para qué queremos un jefe que no ejerza como tal?… Por otro lado, para mandar, hay que saber delegar. La esencia del mando radica en la delegación de funciones y tareas a un tercero, al que debe proporcionarle las herramientas adecuadas y al que controla y evalúa.

2 – El jefe manda, pero no lidera: Para conseguir la complicidad de la organización, el jefe tiene que enviar señales, muchas de ellas muy sencillas, que le permitan ser tomado como referente. El carisma se construye a través de comportamientos cotidianos, no sólo con un verbo fácil y locuaz. El jefe que busca liderar su equipo tiene que encontrar mucha complicidad en él. Es cierto que toman decisiones, pero son incapaces de convertirlas en algo que los demás compartan. Existen jefes que parecen empeñados en distanciarse de sus subordinados, lo que hace imposible su liderazgo. Una de las características del líder es su capacidad para crear un equipo y conseguir que el conjunto esté por encima de la suma de las individualidades.

3 – El jefe es un prepotente: (lo cual, a menudo, coincide con que el jefe no es muy educado, no es muy humano o no es muy honrado). El jefe es prepotente porque ha desarrollado su autoestima de una forma excesiva. Cree que las personas como él son diferentes a las demás, la gran mayoría, y que éstas no merecen su tiempo y estima.

4 – El jefe oye pero no escucha: Escuchar lo que no se quiere oír es incómodo, difícil, pero necesario. El buen jefe que sabe escuchar obtiene valiosa información que le hace cuestionarse decisiones y formas de funcionamiento: tendrá más probabilidades de acierto. Escuchar aporta información, siembra dudas, mejora la decisión que sólo el jefe puede tomar.

5 – El jefe pierde su propio control: Controlarse es dominar la capacidad y el valor de elegir. Dudo que nadie que haya desarrollado esa capacidad opte por hacerse daño a sí mismo. Quien no puede controlar esa primera decisión, la de cuidarse, y elige todo lo contrario, maltratarse, en un peligro como jefe.

6 – Anteponer los resultados concretos a hacer las cosas bien: Aquellos jefes que anteponen los resultados concretos a hacer las cosas bien, cometen el sexto de los pecados capitales. Transmitir que uno quiere hacer las cosas bien, tiene mucho más fundamento que definir el objetivo en una cifra nominal e imponérselo a los demás. En la carrera por la calidad no existe línea de meta. Trabajar y vivir en una organización con jefes que sólo piensen en resultados, sin reparar en mejorar los medios y la estructura organizativa para conseguirlos, es descorazonador y muy desalentador.

7 – El jefe no despide a los empleados o directivos perjudiciales: La miopía y la desidia hacen que un mando intermedio destructivo y que no permite que otras personas dependientes de él sean productivas, no sea despedido por su superior.

8 – El jefe no piensa primero en los clientes: Poner en el centro de todo al cliente es algo que no falla. Eso sí, exige mucho esfuerzo y humildad. El jefe que peca anteponiéndose al cliente rompe la baraja del sentido común y hace que las personas que dependen de él se sientan siervos más que productores de un servicio para el que han sido contratados. Aunque todas las empresas dicen orientarse al cliente, el jefe es, en muchas ocasiones, el principal entorpecedor de este noble propósito

9 - El jefe tiene miedo. O el jefe divide: Los jefes pueden ver en los compañeros a competidores. Pueden ver competencia donde en realidad hay aumento de riqueza intelectual, y eso es el principio de un mal final: el de las empresas repletas de personas a imagen y semejanza de quien contrata, que no quiere ningún tipo de sorpresa. El miedo paraliza a las personas y organizaciones. Y, lo que es aún más grave, el miedo a los posibles competidores internos obsesionan a los malos jefes, más pendientes de sobrevivir que de la eficacia de su gestión.

10 – El jefe es injusto: El jefe es injusto cuando no entiende la importancia que tiene el dinero para sus subordinados y juega con el dinero ajeno. Justicia es el deber de dar a cada cual lo suyo, tarea nada fácil en el seno de una empresa.

Eres un Jefe… no creas que eres un Líder

El efecto del líder sobre sus seguidores depende tanto de su personalidad, como de sus excepcionales características de influir sobre ellos, demostrada por la ejemplaridad de su comportamiento, de su conducta y de su capacidad para asumir responsabilidades en la consecución de determinados objetivos.

En el ejercicio del liderazgo no existen reglas para llegar a ser un líder.

Se aprende a ser líder, liderando (como se aprende a nadar, nadando), ya sea en el entorno organizacional o en el social.

Aquel que desarrolle intuición, sensibilidad, y comprensión hacia los demás, tiene amplias posibilidades de encontrar “seguidores”.

Los Líderes son aquellos individuos que por sus acciones facilitan el comportamiento de los grupos hacia una meta común o compartida.

Por eso, a todo aquel que de una u otra forma tiene dentro de la organización una autoridad formal, se le conoce como Gerente, Director o Administrador, pero no como Líder.

Por ello, todo Gerente debería convertirse en un Líder, aunque no todo Líder, necesariamente, debe ser o convertirse en un Administrador o Gerente.

Ser Líder no es sinónimo de ser Administrador o Gerente.

En los Líderes, las actuaciones se derivan de su personalidad, comportándose  como facilitadores y generando un profundo impacto en la vida de las personas y de las organizaciones, no solo hacia abajo, también lateralmente y hacia arriba.

A los Líders siempre se les conoce por lo que son capaces de hacer, no por lo que son capaces de ordenar que se haga.

Todo Líder tiene seguidores; los seguidores tienden a seguir a aquellos a quienes perciben que son capaces de dar cumplimiento a las necesidades del grupo, por lo cual hacen lo necesario para satisfacerlas.

En las organizaciones y en las empresas hay muchos Dirigentes, pero pocos Líderes. 

  • Para el Dirigente, su condición tiene que ver con la legalidad del cargo que ocupa.
  • Para el Líder, su condición se sustenta en la legitimidad ante sus seguidores.
  • El Dirigente no necesariamente tiene que ser Líder.
  • El Líder no forzosamente debe ser Dirigente.
  • El Dirigente se apoya en su autoridad formal.
  • El Líder se apoya en la autoridad que le otorgan sus seguidores.
  • El Dirigente manda.
  • El Líder suele convencer.
  • La Dirigencia es un oficio.
  • El Liderazgo es una cualidad.
  • El Dirigente hace que los principios se respeten.
  • El Líder logra que los principios se apliquen.
  • El Dirigente se apega y mantiene lo que existe.
  • El Líder cree en la la suma de las pequeñas acciones y en la transformación que ellas generan.
  • El Dirigente controla, supervisa, gerencia e impone su autoridad.
  • El Líder inspira y genera cambios, sin necesitar autoridar.
  • El Dirigente produce resultados a corto plazo.
  • El Líder prepara y modela los cambios para el futuro.
  • El Dirigente actúa sobre los recursos físicos, las destrezas humanas y los resultados.
  • El Líder lo hace sobre las emociones y lo espiritual de las personas.

La única definición de “Líder” es aquel que tenga “seguidores”, sin éstos, no puede haber líderes.

 
Tienes subordinados… eres un Jefe, Gerente, Director o Administrador.

Tienes seguidores… eres un Líder.
 

Puedes ser lo que desees, pero no te confundas
 

No te llames Líder… deja que a tí te llamen Líder.

 

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Un Mediocre o Mal Jefe…

Un mediocre o mal Jefe arrea a sus empleados, obtiene respeto imponiéndose por jerarquía, inspira inquietud o temor, dice “yo”, dice “preséntese a tiempo”, señala la pena para la infracción, siempre “sabe” como se hacen las cosas, convierte en penoso el trabajo, suele decir “váyase de aquí” y terminar el díálogo abruptamente y su única preocupación es el objetivo que persigue.

En cambio un líder guía a sus hombres, obtiene obediencia voluntaria, inspira confianza y despierta entusiasmo, dice siempre “nosotros”, suele llegar antes que los otros, señala sólo la infracción, invierte tiempo en enseñar cómo se hacen las cosas, despierta que su gente encuentre interesante su tarea, dice “vamos” y piensa en los hombres antes que en el objetivo.

Con la formación y manera de conducir de los primeros, lo único que puede lograrse es comprar con un salario parte del tiempo de alguien, su presencia física en el lugar de trabajo y su actividad muscular.

En cambio para el lider, es natural recibir entusiasmo, lealtad y entrega de corazón, de espíritu y de alma, pero esas virtudes no se pueden comprar, hay que conquistarlas.

(Autor no conocido)

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Qué es un Jefe y qué un Líder

Existen diferencias entre ser un jefe y ser un líder, entre ellas:

Para el Jefe, la autoridad es un privilegio de mando y para el Líder un privilegio de Servicio.

El Jefe ordena: “Aquí mando yo”, el Líder: “Aquí sirvo yo”.

El jefe empuja al grupo y el Líder va al frente comprometiéndose con sus acciones.

El Jefe existe por la autoridad, el Líder por la buena voluntad.

El Jefe necesita imponerse con argumentos extensos, el Líder con ejemplos entrañables.

El Jefe inspira miedo, se le teme, se le sonríe de frente y se le critica de espalda.

El Líder inspira confianza, da poder a su gente, los entusiasma y cuando está presente, fortalece al grupo.

Si temes a tu superior, es Jefe.

Si lo amas es un Líder.

El Jefe busca al culpable cuando hay un error.

El que la hace la paga.

Sanciona, castiga, reprende, cree arreglar el mundo con un grito o con una infracción.

El Líder jamás apaga una llama encendida, corrige pero comprende, no busca las fallas por placer, sino para rehabilitar al caído.

El Jefe asigna los deberes, ordena a cada quien lo que tiene que hacer, mientras contempla desde su lugar cómo se le obedece.

El Líder da el ejemplo, trabaja con y como los demás, es congruente con su pensar, decir y actuar.

El Jefe hace del trabajo una carga, el Líder un privilegio.

Los que tienen un Líder, pueden cansarse más no fastidiarse, porque el Líder transmite la alegría de vivir y de trabajar.

El Jefe sabe cómo se hacen las cosas, el Líder enseña como deben hacerse.

Uno se guarda el secreto del éxito, el otro capacita permanentemente, para que la gente pueda hacer las cosas con eficacia.

El Jefe maneja a la gente, el Líder la prepara.

El Jefe masifica a las personas convirtiéndolas en números o fichas.

El Líder conoce a cada uno de sus colaboradores, los trata como personas, no los usa como cosas.

Respeta la personalidad, se apoya en el hombre concreto, lo dinamiza y lo impulsa constantemente.

El Jefe dice, “vaya”, el Líder “vayamos”.

El Líder promueve al grupo a través del trabajo en equipo, forma a otros Líderes, consigue un compromiso real de todos los miembros, formula planes con objetivos claros y concretos, motiva, supervisa y difunde el ideal de una esperanza viva y una alegría contagiosa.

El Jefe llega a tiempo, el Líder llega adelantado.

“Un pie adelante del grupo, una mirada más allá de los seguidores” el que inspira, el que no se contenta con lo posible sino con lo imposible.

El Líder hace de la gente ordinaria, gente extraordinaria.

La compromete con una misión que le permita la trascendencia y realización.

Le da significado a la vida de sus seguidores, un porqué vivir, es un arquitecto humano.

No todos pueden ser “líderes”.

Lo importante es saber la diferencia.

(autor desconocido)

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