Cyberbully – Cyber Acoso

Comparto la película “Cyberbully“, en español latino.

Para ver con nuestros hijos y reflexionar sobre los alcances, los límites y los riesgos del uso indebido de las nuevas tecnologías, internet y las redes sociales.

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Mensaje de un hijo a sus padres

Mensaje de un hijo a sus padres. Para meditar.

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Me Divierto Sin Alcohol

Comparto la iniciativa de un grupo de jóvenes argentinos que en el año 2008 decidió iniciar un proyecto al que denominaron Me Divierto Sin Alcohol” (MDSA).

El proyecto busca transmitir un mensaje de concientización que promueve la diversión sin la necesidad de abusar del alcohol.

Esto es lo que hacen (en las palabras de los propios integrantes del proyecto):

“En 2008 iniciamos este proyecto, “me divierto sin alcohol”, y al día de hoy seguimos entusiasmados con el mismo. Desde ese entonces, trasmitimos este mensaje por muchas partes y de diversas maneras. Somos conscientes de la realidad en la que vivimos, y como jóvenes no queremos quedarnos de brazos cruzados, por eso creamos este mensaje “Me Divierto Sin Alcohol” (mdsa). No creemos necesario el abuso de alcohol para divertirnos, y somos conscientes de que muchas veces puede ser riesgoso para nuestra salud, incluso nuestra vida. Sin embargo, nuestro enfoque no está destinado a la prohibición del alcohol, sino, que se puede tomar con criterio. Queremos generar conciencia acerca del buen uso de la libertad. Nuestra postura es abierta y siempre desde el apoyo, no importa el pasado sino el presente, como un punto donde comienza el camino. Importa si tenemos ganas a partir de hoy, ahora querer elegir. Ser protagonistas de nuestra vida, la decisión pasa por un deseo propio y no por la presión que ejerce el entorno. Hacer valer la opinión propia es hacer valorarse a uno mismo. Y así crecemos, eligiendo, y sabiendo convivir con los que no piensan igual, o descalifican nuestra visión, o quienes quieren llevarnos a donde piensan ellos.”

Una iniciativa que sin dudas merece ser apoyada y difundida entre los jóvenes (y por que no, entre los no tan jóvenes).

Para más información sobre el proyecto puedes consultar su sitio oficial en: www.MeDiviertoSinAlcohol.com

O visitar su página en Facebook en: http://www.facebook.com/pages/Me-Divierto-Sin-Alcohol/142843359132091

(Mi agradecimiento al Colegio José Hernández que me permitió tomar contacto con esta iniciativa)

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¡Papá, mamá, no se metan en mi vida!

Recordaba una ocasión en que escuché a un joven gritarle a su Padre:

¡No te metas en mi vida!

Su padre entonces le dijo:

¡Un momento, no soy yo el que me meto en tu vida, tu te has metido en la mía!

Hace muchos años, gracias a Dios, y por el amor que mamá y yo nos tenemos, llegaste a nuestras vidas, ocupaste todo nuestro tiempo, aún antes de nacer.

Mamá se sentía mal, no podía comer, todo lo que comía lo devolvía, y tenía que guardar reposo.

Yo tuve que repartirme entre las tareas de mi trabajo y las de la casa para ayudarla.

Los últimos meses del embarazo, antes de que llegaras a casa, mamá no dormía y no me dejaba dormir.

Los gastos aumentaron increíblemente, tanto que gran parte de lo nuestro se gastaba en ti, en un buen médico que atendiera a mamá y la ayudara a llevar un embarazo saludable, en medicamentos, en la maternidad, en comprarte todo un guardarropa; mamá no veía algo de bebé que no lo quisiera para ti, una vestido , un moisés… todo lo que se pudiera, con tal de que tú estuvieras bien y tuvieras lo mejor posible.

¿Que no me meta en tu vida?

Llegó el día en que naciste: hay que comprar algo para darles de recuerdo a los que te vinieran a conocer (dijo Mamá), hay que adaptar un cuarto para el bebé.

Desde la primera noche no dormimos. Cada tres horas como si fueras una alarma de reloj nos despertabas para que te diéramos de comer. En ocasiones te sentías mal y llorabas y llorabas, sin que nosotros supiéramos que hacer, pues no sabíamos qué te sucedía y hasta llorábamos contigo.

¿Que no me meta en tu vida?

Empezaste a caminar; yo no sé cuando he tenido que estar más detrás de “ti”, si cuando empezaste a caminar o cuando creíste que ya sabías.
Ya no podía sentarme tranquilo a leer el periódico o a ver una película, o el partido de mi equipo favorito, porque para cuando acordaba, te perdías de mi vista y tenía que salir tras de ti para evitar que te lastimaras.

¿Que no me meta en tu vida?

Todavía recuerdo el primer día de clases, cuando tuve que llamar al trabajo y decir que no podría ir, ya que tú en la puerta del colegio no querías soltarme y entrar, llorabas y me pedías que no me fuera, tuve que entrar contigo a la escuela y pedirle a la maestra que me dejara estar a tu lado un rato ese día en el salón, para que fueras tomando confianza.

A las pocas semanas no sólo ya no me pedías que no me fuera, hasta te olvidabas de despedirte cuando bajabas del auto corriendo para encontrarte con tus amiguitos.

¿Que no me meta en tu vida?

Seguiste creciendo, ya no querías que te lleváramos a tus reuniones, nos pedías que una calle antes te dejáramos y que pasáramos por ti una calle después, por que ya eras “grande”, “independiente”…

No querías llegar temprano a casa, te molestabas si te marcábamos reglas, no podíamos hacer comentarios acerca de tus amigos sin que te volvieras contra nosotros, como si los conocieras a ellos de toda la vida y nosotros fuéramos unos perfectos “desconocidos” para ti.

¿Que no me meta en tu vida?

Cada vez sé menos de ti por ti mismo, sé mas por lo que oigo de los demás; ya casi no quieres hablar conmigo, dices que nada más te estoy regañando, y todo lo que yo hago está mal o es razón para que te burles de mí, pregunto: ¿con esos defectos te he podido dar lo que hasta ahora tienes?.

Mamá se la pasa en vela y no me deja dormir a mí diciéndome que no has llegado y que es de madrugada, que tu celular está desconectado, que ya son las 3:00 y no llegas; hasta que por fin podemos dormir cuando acabas de llegar.

¿Que no me meta en tu vida?

Ya casi no hablamos, no me cuentas tus cosas, te aburre hablar con “viejos” que no entienden el mundo de hoy. Ahora sólo me buscas cuando hay que pagar algo o necesitas dinero para la universidad, o para salir; o peor aún, te busco yo cuando tengo que llamarte la atención.

¿Que no me meta en tu vida?

Hijo, yo no me meto en tu vida, tu te has metido en la mía, y te aseguro que desde el primer día, hasta el día de hoy, no me he arrepentido de que te hayas metido en ella, y de que le hayas cambiado para siempre.

Mientras esté vivo, me meteré en tu vida, así como te metiste en la mía; para ayudarte, para formarte, para amarte y para hacer de ti un hombre o una mujer de bien.

Solo los padres que saben meterse en la vida de sus hijos logran hacer de éstos, hombres y mujeres de bien, que triunfen en la vida y sean capaces de amar.

A los papás que lo hacen: ¡Muchas gracias por meterse en la vida de sus hijos, o mejor dicho, por haber permitido que sus hijos se metan en sus vidas!

A los hijos de esos papás: ¡Valoren a sus padres, no son perfectos per los aman; y lo único que desean es que ustedes sean capaces de salir adelante en la vida y triunfar como hombres y mujeres de bien, hombres y mujeres felices.

La vida da muchas vueltas, y en menos de lo que ustedes se imaginen alguien les dirá… “¡Papá, Mamá, no te metas en mi vida!”

La paternidad no es un capricho o un accidente, es un don de Dios, que nace del Amor.

 
(autor desconocido)

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Los hijos… como los buques

Al mirar un buque en el puerto, imaginamos que está en su lugar más seguro, protegido por un fuerte amarre.

Sin embargo, sabemos que está allí preparándose, abasteciéndose y alistándose para zarpar, cumpliendo con el destino para el cual fue creado, yendo al encuentro de sus propias aventuras y riesgos.

Dejando su estela y dependiendo de lo que la fuerza de la naturaleza le reserve, tendrá que desviar la ruta, trazar otros rumbos y buscar otros puertos.

Pero retornará fortalecido por el conocimiento adquirido, enriquecido por las diferentes culturas recorridas.

Y habrá mucha gente esperando feliz en el puerto para celebrar sus millas navegadas.

Así son los hijos…

Tienen a sus padres, como puerto seguro, hasta que se tornan independientes.

Por más seguridad, protección y manutención que puedan sentir junto a sus padres, los hijos nacieron para surcar los mares de la vida, correr sus propios riesgos y vivir sus propias aventuras.

Cierto es que llevarán consigo los ejemplos adquiridos, los conocimientos obtenidos en el colegio, pero lo más importante estará en el interior de cada uno, en el timón de su corazón:

La capacidad de saber ser feliz.

Sabemos que no existe felicidad inmediata, que no es algo que se guarda en un escondite para ser dada o transmitida a alguien.

El lugar más seguro para el buque es el puerto.

Pero el buque no fue construido para permanecer allí.

Los padres piensan que serán el puerto seguro de los hijos, pero no pueden olvidarse que deben prepararlos para navegar mar adentro y encontrar su propio lugar, donde se sientan seguros, con la certeza que deberá ser, en otro tiempo, un puerto para otros seres (los nietos).

Nadie puede trazar la ruta de los hijos; lo que sí podemos hacer es tomar conciencia y procurar que lleven en su equipaje valores.

Valores como la humildad, la solidaridad; la honestidad; la disciplina; la gratitud y la generosidad.

Los hijos nacen de los padres, pero deben convertirse en ciudadanos del mundo.

Los padres pueden querer que haya siempre una sonrisa en los hijos, pero no pueden sonreír por ellos.

Pueden desear su felicidad, pero no pueden ser felices por ellos.

La felicidad consiste en tener un ideal para buscar; y la certeza de estar navegando en mareas abiertos, con rumbo y marcación hacia ese logro.

Los padres no deben seguir la travesía de los hijos, y los hijos nunca deben descansar en los logros que los padres alcanzaron.

Los hijos deben hacerse a la mar desde el puerto donde sus padres llegaron; y como los buques, partir en busca de sus propias conquistas y aventuras.

Para ello, requieren ser preparados para navegar en la vida, con la certeza de que: “Quien ama educa”.

¡Cuan difícil es soltar las amarras y dejar zarpar al buque…!

Sin embargo, el regalo de amor más grande que puede dar un padre es la autonomía.

¡Buen viento y buen mar hijos!

(autor desconocido)

La infancia…

“Una infancia amorosa y ordenada en el terreno por el cual caminaremos hasta la vejez… y nuestra aventura existencial tendrá más o menos chances a medida que ese terreno sea confiable”

(autor desconocido)

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Madres malas

Un día, cuando mis hijos estén crecidos lo suficiente para entender la lógica que motiva a los padres y a las madres, yo habré de decirles:

“Los amé lo suficiente como para haberles preguntado a dónde van, con quién van y a que hora regresarán.”

Los amé lo suficiente como para no haber quedado callado y hacerles saber, aunque no les gustara, que aquel nuevo amigo no era buena compañía.

Los amé lo suficiente para hacerles pagar las golosinas que tomaron del supermercado o las revistas que sacaron al kiosquero.

Los amé lo suficiente como para haber permanecido de pié, junto a ustedes, dos horas, mientras limpiaban su cuarto, cuando yo podía haberlo hecho en 15 minutos.

Los amé lo suficiente como para dejarles ver además del amor que sentía por ustedes, la decepción y también las lágrimas en mis ojos.

Los amé demasiado como para dejarlos asumir la responsabilidad de sus acciones, aún cuando las penalidades eran tan duras que partían el corazón.

Los amé demasiado, y ante todo los amé lo suficiente para decir no cuando sabía que podían odiarme por eso (y en algunos momentos sé que me odiaron). Estas eran las batallas más difíciles de todas. Estoy contenta, vencí, porque al final ustedes ganaron también… y cualquiera de estos días, cuando mis nietos hayan crecido lo suficiente para entender la lógica que motiva a los padres y madres, cuando les pregunten si sus padres eran malos, mis hijos dirán:

“Sí, nuestra madre era mala, era la más mala del mundo. Los chicos comían golosinas en el desayuno y nosotros teníamos que comer cereales, huevos y tostadas; los otros chicos a la hora del almuerzo podían comer papas fritas y gaseosas y nosotros debíamos comer carne, arroz, verduras y frutas.

Sí, nuestra madre era mala, quería saber quienes eran nuestros amigos y qué hacíamos nosotros con ellos. Insistía en que le dijéramos con quién íbamos a salir, aunque demorásemos apenas una hora…

Insistía para que le dijéramos solo la verdad y nada mas que la verdad y cuando fuimos adolescentes parecía leernos el pensamiento.

¡Nuestra vida sí que era pesada!

Ella no permitía que nuestros amigos nos tocaran bocina para salir, tenían que bajar, tocar la puerta y entrar para que los conocieran.

Cuando todos podían volver tarde a la noche, con 12 años, nosotros tuvimos que esperar hasta los 16… y aquella pesada se levantaba para saber si todo había estado bien (solo para saber que estábamos de vuelta).

Por culpa de nuestra madre nos perdimos inmensas experiencias en la adolescencia. Ninguno estuvo envuelto en problemas de drogas, robos, actos de vandalismo, violación de la propiedad, ni fuimos presos por ningún crimen.

¡Todo fue culpa de ella!

Ahora que somos adultos honestos y educados, estamos haciendo lo mejor para ser “padres malos”, como fue nuestra madre.

Yo creo que este es uno de los males de hoy:  no hay suficientes “madres malas”

Dr. Carlos Hecktheuer, médico psiquiatra

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La libreta de calificaciones

Era viernes, 19 hs., llegué puntual a la escuela de mi hijo.

- No olviden venir a la reunión, es importante -, fue lo que la maestra escribió en el cuaderno de mi hijo.

¡Pues qué cree la maestra!, ¿cree que podemos disponer de tiempo a la hora que ella diga?. Si supiera qué importante era la reunión que tenía a las 19 hs., de aquí dependía un buen negocio y… ¡Tuve que cancelarla!.

Ahí estábamos todos, papás y mamás. La maestra empezó puntual, agradeció nuestra presencia y empezó a hablar.

No recuerdo qué dijo, mi mente estaba pensando cómo resolver lo de ese negocio, probablemente podríamos comprar una nueva televisión con el dinero que recibiría.

¡Juan Rodríguez!… escuché a lo lejos.

- ¿No está el papá de Juan? – dijo la maestra.

Sí, si ¡aquí estoy!, contesté pasando a recibir la libreta de mi hijo.

Regresé a mi silla y me dispuse a verla.

¿Para esto vine?, ¿qué es esto?.

La libreta estaba llena de 6 y 6.

Guardé las calificaciones inmediatamente, escondiéndolas para que ninguna persona viera las feas calificaciones de mi hijo.

De regreso a casa aumentó mi enojo, a la vez que pensaba… ¡sie le doy todo!, ¡nada le falta!.

¡Ahora sí que me va a escuchar!…

Estacioné mi auto, entré a acasa y grité:

¡Vení para acá Juan!.

Juan estaba en su dormitorio y corrió a abrazarme.

- ¡Päpi!.

¡Qué papi ni que nada!, + lo retiré de mi y le grité hasta cansarme.

¡¡¡ Y volvé a tu cuarto!!! + Terminé.

Juan se fue llorando, su cara estaba roja y su boca temblaba.

Mi esposa no dijo nada, solo movió la cabeza negativamente y se fue…

Cuando me fui a acostar, ya más tranquilo, mi esposa me entregó otra vez la libreta de calificaciones de Juan y me dijo: Leela despacio y después tomá una decisión.

La libreta decía así:

LIBRETA DE CALIFICACIONES PARA EL PAPÁ

Tiempo que dedica a su hijo:

En conversar    5

En jugar   6

En ayudarlo a hacer la tarea   5

En salir de paseo en familia   6

En abrazarlo y besarlo   6

En ver la televisión con el    5

Él me había puesto 6 y 5 a mí.

Yo me hubiese calificado con menos de 5…

Me levanté y corrí a la habitación de mi hijo, lo abracé y lloré… quería regresar el tiempo atrás, pero era imposible…

Juan abrió sus ojos, aún estaban hinchados por las lágrimas, me sonrió, me abrazó y me dijo:

¡Te quiero papi!

Cerró sus ojos y se durmió.

Que duro es ver nuestros errores como padres desde esta perspectiva…

Démosle el valor a lo que realmente es de valor para nosotros… nuestra familia.

(autor desconocido)

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Tu foto en Internet…

Comparto algunos vídeos que intentan alertarnos sobre las implicaciones de publicar fotos y compartir información personal en Internet.

Están orientados especialmente hacia los menores y jóvenes.

Compartilos con tus hijos.

La tecnología, como todas las cosas,  es maravillosa cuando es utilizada con buenos propósitos.

Enseñemos a nuestros hijos a utilizar correctamente estos nuevos medios de comunicación, relación e intercambio; pero siendo al mismo tiempo conscientes de los riesgos e implicancias que tiene su utilización incorrecta.

No hay que tener miedo, hay que informarse.

Para más información:

Cybertipline

Ptotégeles

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Los misterios de ser padres…

Te di la vida, pero no puedo vivirla por ti. 

Puedo enseñarte muchas cosas, pero no puedo obligarte a aprender.

Puedo dirigirte, pero no responsabilizarme por lo que haces.

Puedo instruirte en lo malo y lo bueno, pero no puedo decidir por ti.

Puedo darte amor, pero no puedo obligarte a aceptarlo.

Puedo enseñarte a compartir, pero no puedo forzarte a hacerlo.

Puedo hablarte del respeto, pero no te puedo exigir que seas respetuoso.

Puedo aconsejarte sobre las buenas amistades, pero no puedo escogértelas.

Puedo educarte acerca del sexo, pero no puedo mantenerte puro.

Puedo hablarte acerca de la vida, pero no puedo edificarte una reputación.

Puedo decirte que el alcohol es peligroso, pero no puedo decir NO por ti.

Puedo advertirte acerca de las drogas, pero no puedo evitar que las uses.

Puedo exhortarte a la necesidad de tener metas altas, pero no puedo alcanzarlas por ti.

Puedo enseñarte acerca de la bondad, pero no puedo obligarte a ser bondadoso. 

Puedo amonestarte en cuanto al pecado, pero no puedo hacerte una persona moral.

Puedo explicarte cómo vivir, pero no puedo darte vida eterna. 

Puedes estar seguro de que me he esforzado hasta el máximo por darte lo mejor de mi… porque ¡te AMO!

Pero lo que hagas de tu vida, dependerá de TÍ… aún cuando siempre esté junto a Ti, las decisiones las tomarás TU.

Solo le pido a Dios que te ilumine para que tomes las decisiones correctas.

La vida es el regalo que Dios nos hace. 

La forma en que vivas TU vida, es el regalo que te haces a TI y a Dios.

(autor desconocido)

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