Ser fuerte…

Ser fuerte es amar a alguien en silencio.

Ser fuerte es irradiar felicidad cuando se es infeliz.

Ser fuerte es intentar perdonar a alguien que no merece perdón.

Ser fuerte es esperar cuando no se crea en el regreso.

Ser fuerte es mantenerse en calma en los momentos de desesperación.

Ser fuerte es demostrar alegría cuando no se siente.

Ser fuerte es sonreir cuando se desea llorar.

Ser fuerte es hacer a alguien feliz cuando se tiene el corazón hecho pedazos.

Ser fuerte es callar cuando lo ideal seria gritar a todos tu angustia.

Ser fuerte es consolar cuando se necesita de consuelo.

Ser fuerte es tener fe aunque no se crea.

Por eso, mismo durante la dura realidad y por más difícil que la vida pueda parecer:

¡Ama y Sé Fuerte!  

Seguir adelante…

Tal vez todo lo que hoy nos preocupa y nos parece difícil e incierto con el tiempo se minimiza y nos damos cuenta que nos ayudó a crecer y a ser mejores cada día…

Momentos de prosperidad…otros de incertidumbre y preocupación…

De pronto cuando creemos tener todo en la vida alguien o algo derrumba nuestro castillo, nuestro imperio… y allí estamos nosotros…

A veces llenos de miedo, otras a la espera de que todo sea una pesadilla y tarde o temprano despertemos…

Pero nunca debemos perder la esperanza…

De pronto al mirar alrededor siempre tenemos algo que nos dice que podemos resurgir…

De todo debemos aprender… Aún cuando nos encontremos mirando con temor nuestro futuro, llenemos nuestro corazón y nuestra vida con un fuerte deseo de seguir…

Que nada ni nadie nos desaliente…

Somos nosotros los únicos que podemos elegir: Bajar los brazos ó seguir peleando.

La vida no es fácil a veces…

Pasamos por pruebas difíciles, pero siempre debe existir en cada uno de nosotros la fuerza necesaria que nos permita levantarnos y seguir caminando…

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Los dones de la mente: sabiduría y optimismo

Es imposible ser sabio y pesimista al mismo tiempo. Pero es preciso cultivar el optimismo conscientemente. “La sabiduría nace del esfuerzo” dijo Buda, y desaparace por la falta de esfuerzo. Tenemos que elegir extraer lo mejor de las situaciones difíciles que nos toque vivir y confiar en que siempre hay alguna razón subyacente que escapa a nuestra comprensión. Esta es la sabiduría de aceptar las cosas tal y como son. Desarrollamos esta facultad a través del aprendizaje de la vida.

Caroline Myss
fragmento de “El poder invisible en acción
ISBN: 84-666-2503-8

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Los deseos del campesino

Cuentan que un día un campesino le pidió a Dios le permitiera mandar sobre la naturaleza para que -según él – le rindieran mejor sus cosechas.
 
¡Y Dios se lo concedió!

Entonces, cuando el campesino quería lluvia ligera, así sucedía; cuando pedía sol, éste brillaba con todo su esplendor; si necesitaba más agua, llovía más regularmente; etc. etc.

Pero cuando llegó el tiempo de la cosecha, su sorpresa y estupor fueron grandes porque resultó un total fracaso.
 
Desconcertado y medio molesto le preguntó a Dios por qué salió así la cosa, si él había puesto los mejores climas que creyó convenientes.

Pero Dios le contestó: “tú pediste lo que quisiste, más no lo que de verdad convenía. Nunca pediste tormentas, y éstas son muy necesarias para limpiar la siembra, ahuyentar aves y animales que la consumen y purificarla de plagas que la destruyen”.

Así nos pasa en la vida. Queremos que nuestra vida sea puro amor y dulzura, nada de problemas.

El optimista no es aquel que no ve las dificultades, sino aquel que no se asusta ante ellas y no se echa para atrás.

Por eso podemos afirmar que las dificultades son ventajas, las dificultades maduran a las personas, las hacen crecer.

Por eso hace falta una verdadera tormenta en la vida de una persona, para hacerla comprender cuánto se ha preocupado por tonterías, que solo son chubascos pasajeros.

Lo importante no es huir de las tormentas, sino tener confianza en que pronto pasarán… y dejarán algo bueno en nuestras vidas.

Mi mejor amigo

¡Hola… soy Jesús!

Yo estoy a tu lado y soy aquél que nunca pierde la fe en tus sueños.

Soy yo quien algunas veces altero tu itinerario, y hasta atraso tus horarios para evitar accidentes o encuentros desagradables.

Sí, soy yo quien habla a tu oido aquellas “inspiraciones” que tú crees que acabaste de tener como “gran idea”.

Soy yo quien te causa aquellos arrepíos cuando te aproximas a lugares o situaciones que te van a colocar en peligro.

Y soy yo quien llora por ti cuando tú, con tu terquedad, insistes en hacer todo al contrario sólo para desafiar al  mundo.

Cuantas noches pasé en la cabecera de tu cama velando por tu salud, cuidando de tu fiebre y renovando tus energías.

¿Cuántos días yo te sujeté para que tú no entrases en aquel ómnibus, auto y hasta avión?, ¿por cuántas calles oscuras yo te guié con seguridad?

No sé, ya perdí la cuenta, y eso no importa.

Lo que realmente importa, y lo que me deja triste y preocupado, es…

…cuando tú asumes la postura de víctima del mundo

…cuando tú no crees en tu capacidad para resolver los problemas

…cuando tú aceptas las situaciones como insolubles

…cuando tú paras de “luchar” y simplemente reclamas de todo y de todos

…cuando tú desistes de ser feliz y culpas a otra persona de tu infelicidad

…cuando tú dejas de sonreír y asumes que no hay motivos para reír cuando el mundo está repleto de cosas maravillosas

…cuando te olvidas hasta de mí

Yo soy Jesús, aquél que Dios dio para morir en tu lugar en la cruz del calvario, en sacrifcio, para que los pecados del mundo fuesen perdonados.

Ya que me dejaron hablar diretamente contigo, me gustaría recordarte, que estoy a tu lado siempre, aun cuando tú crees estar totalmente solo y abandonado, hasta en este momento yo estoy agarrando tu  mano, yo estoy consolando a tu corazón, yo estoy mirándote, y por amarte  demasiado, me quedo triste con tu tristeza.

Pero, como yo sé que tú naciste para adorar a mi padre que está en los cielos, le agradezco a Él la oportunidad bendita de conocerte y cuidar de ti, porque tú eres realmente muy especial para mí.

¡Soy Jesús creo en ti!

Ora, alaba, agradece… Yo estoy aquí contigo, oyéndote:

“Santo Dios, Señor mío, celoso guardador, si a mí se me confió el conocerte, rige mi vida, guárdame e ilumíname, Amén”

(autor desconocido)

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El bosque

Tiempo atrás, yo era vecino de un médico, cuyo “hobby” era plantar árboles en la enorme quinta de su casa.

Algunas veces observaba desde mi ventana el esfuerzo para plantar árboles y más árboles todos los días.

Entretanto, lo que más me llamaba la atención era el hecho de que él jamás regaba los renuevos que plantaba.

Noté después de un tiempo que sus árboles estaban demorando mucho en crecer.

Cierto día, resolví entonces acercarme al médico y le pregunté si el no tenía recelo de que los árboles no crecieran pues percibía que el nunca los regaba.

Fue cuando con un aire orgulloso, él me describió su fantástica teoría.

Me dijo que; si regase sus plantas, las raíces se acomodarían  a la superficie y quedarían siempre esperando por el agua más fácil venida de encima.

Como él no las regaba, los árboles demorarían más en crecer, porque sus raíces tenderían a migrar para el fondo, en busqueda del agua y de las variadas fuentes nutrientes encontradas en las capas más inferiores del suelo.

Esa fue la charla que tuve con aquel vecino mío.
Después fui a vivir a otro país, y nunca más lo encontré.

Varios años más tarde, al retornar del exterior, fui a dar una mirada a mi antigua residencia.

Al aproximarme, noté un bosque que antes no había.
¡Mi antiguo vecino había realizado su sueño!

Lo curioso es que aquel era un día de un viento muy fuerte y helado, en que los árboles de la calle estaban arqueados, como si no estuviesen resistiendo el rigor del invierno.

Entretanto, al aproximarme a la quinta del médico, noté como estaban sólidos sus árboles: practicamente no se movían, resistiendo implacablemente aquella ventolera.

Efecto curioso, pensé yo.

Las adversidades por las cuales aquellos árboles habían pasado, habiendo sido privados del agua, parecían haberlos beneficiado, como si hubiesen recibido el mejor de los tratamientos.

Todas las noches, antes de irme a acostar doy siempre una mirada a mis hijos me inclino sobre sus camas y observo cómo han crecido. Frecuentemente, oro por ellos.

La mayoría de las veces, pido para que sus vidas sean fáciles.

“Dios mío: libra a mis hijos de todas las dificultades y agresiones de este mundo”.

He pensado, entretanto, que es hora de cambiar mis oraciones.

Este cambio tiene que ver con el hecho de que es inevitable que los vientos helados y fuertes no alcancen a nuestros hijos.

Sé que ellos encontrarán innumerables problemas, por lo tanto, mis oraciones para que las dificuldades no ocurran, han sido demasiado ingenuas.

Siempre habrá una tempestad ocurriendo en algún lugar.

Por lo tanto, pretendo cambiar mis oraciones.

Lo haré porque, queramos o no queramos la vida no es muy fácil.

Al contrario de lo que había hecho, pasaré a pedir para que mis hijos crezcan con raices profundas, de tal forma que  puedan sacar energía de las mejores fuentes -de las más divinas-, que se encuentran en los lugares más remotos.

Oramos demasiado para que tengamos facilidades,  pero en realidad lo que necesitamos hacer es pedir para desarrollar raíces fuertes y profundas, de tal manera que, cuando las tempestades lleguen y los vientos helados soplen, resistamos bravamente y no seamos dominados.

¿Zanahoria, huevo o café?

La hija se quejaba con su padre acerca de su vida y de como las cosas le resultaban tan difíciles.

No sabía como hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida.

Estaba cansada de luchar.

Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo.

Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte.

Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo.

En una de las ollas colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café.

Las dejó hervir sin decir palabra.

Su hija esperó impacientemente, preguntándose que estaría haciendo su padre.

A los veinte minutos el padre apagó el fuego.

Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón.

Sacó los huevos y los colocó en otro plato.

Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su hija le dijo: “Querida hija, ¿qué ves?”

-“Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias.

Ella lo hizo y notó que estaban blandas.

Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera.

Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro.

Luego le pidió que probara el café.

Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humíldemente la hija preguntó: -“¿Qué significa esto, padre?”

El entonces le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: el agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.

La zanahoria llegó al agua fuerte y dura, pero después de pasar por el agua hirviendo, se había vuelto débil y fácil de deshacer.

El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.

Los granos de café sin embargo, eran únicos; después de estar en el agua hirviendo, habían cambiado al agua.

- “¿Cuál eres tú?”, le preguntó a su hija.

- “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?

¿Eres una zanahoria que parece fuerte, pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable?.

¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido?

Por fuera te ves igual, pero… ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?.

¿o eres como un grano de café?

El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor.

Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor
mejoren.

Y tú, ¿cuál de los tres eres?”

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