Archivos de la categoría ‘Empresa’

Tener razón…

Viernes, 7 mayo, 2010

Comparto en esta ocasión un excelente artículo que he extraído del blog “Puerto Managers” de Andrés Ubierna.

¿Cuántas veces caemos en la tentación de querer tener razón a cualquier precio?.

Que lo disfrutes.

Juegos de poder y conversaciones

Mirando la tele encuentro, en los últimos días  una y otra vez y con más frecuencia (al menos en la Argentina donde vivo), programas periodísticos donde los invitados comienzan conversando amigablemente y terminan a las trompadas, o discusiones agresivas entre conductores de diferentes programas que se pelean por quién tiene la razón sobre determinada situación, o descalificaciones mutuas entre políticos de partidos distintos, o escraches a escritores durante la exposición de sus obras…

Ataques al que piensa diferente, confusiones entre el pensador y lo pensado, asignaciones de intencionalidad al que dice algo que no le gusta a alguien… El diálogo se deforma convirtiéndose en un juego burdo que gana quien logra demostrar que tiene “la razón más grande”, como si el que la tiene más grande fuera el más poderoso.

[Por más análogas que sean mis palabras con ciertas partes de la anatomía masculina, me estoy refiriendo siempre al tamaño de "la razón". Dejemos a Freud de lado, ¿sí?]

Para jugar a este juego, el jugador tiene que mostrar algunas de las siguientes posturas:

  1. Cree firmemente que la suya es la única y la verdadera.
  2. Cree seriamente que la suya es la más grande.
  3. Sabe que la suya es más chica que la de algún otro jugador… pero como le da vergüenza perder el juego, lucha y se desangra para que nadie lo descubra.

Así que es muy probable que estos juegos deriven en escaramuzas con lesionados (física o emocionalmente), o en algún asesinato/suicidio (real o simbólico).

En las reuniones de trabajo también abundan quienes creen que solo existe una razón: la propia, y que si logran imponerla, son más fuertes, poderosos, inteligentes y admirables. ¿Quién no cayó una o muchas veces en esta trampa de pelearse por tener razón? En la serie Conversaciones problemáticas 1, 2, 3 y 4, lo expresé de una manera un poco más elaborada:

En toda actividad humana se juegan aspectos de imagen, identidad, autoestima y poder ante los demás. Cuando es este el juego que realmente se juega durante una conversación, los jugadores y su público, pueden creer (en piloto automático) que quien muestre comprensión y acepte convivir con ideas distintas, es alguien “débil”, en lugar de considerar que estas características denotan fortaleza e inteligencia social y operativa.

Quien confunde “triunfo” con “tener razón”, cree que esta es un objeto valioso que le permite adquirir ascendencia sobre los demás. Este “ganar”, cueste lo que cueste, atacando, burlando, desacreditando y ridiculizando no sólo la idea diferente, sino a quien piensa distinto, lo lleva a creerse que es más que el otro, pues es el que “tiene la razón”, “sabe cómo deben ser las cosas”, “está en lo correcto”, y se asume merecedor del respeto (de sí mismo, del otro, y de la organización).

En este modelo mental triunfa quien haga predominar su razón y la imponga, más allá de lo efectiva que pueda ser esta razón. Pero en esa lucha conversacional los grandes perdedores son la humanidad y la efectividad. El deseo más profundo de los que operan así, no es ser más efectivos, sino prevalecer uno sobre el otro y obtener la correspondiente sensación efímera que otorga el pseudo poder y la pseudo autoestima del “viste, gané, yo tenía razón”.

Ciertamente, desde cierto lugar en este modelo lo único que se juega es la autoestima asociada a tener razón. Este patrón mental es altamente pernicioso para la efectividad individual y colectiva, y para las relaciones. Quienes lo juegan, si bien se creen ganadores, pagan un precio muy alto, obturando la creatividad, el respeto, la capacidad innovadora y el aprendizaje mutuo, y arruinando el clima organizacional.

(Muchas gracias Andrés)

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Un buen sueldo…

Miércoles, 25 noviembre, 2009

“Mientras la empresa actúe como si me estuviera pagando un buen sueldo… yo actuaré como si estuviera haciendo un buen trabajo”. :)

:) :) :)

Nunca está de mas un poco de humor

(¿ un poco de humor… ?)

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Solo quiero “soluciones” y no problemas…

Viernes, 16 octubre, 2009

Con frecuencia, los equipos empresariales suelen pasar el tiempo luchando en defensa de su “territorio”, evitando todo aquello que pueda dejarlos mal parados y fingiendo que todos respaldan la estrategia colectiva del equipo, para mantener la apariencia de un equipo cohesivo.

Para preservar esta imagen, procuran callar sus desacuerdos, personas que tienen grandes reservas evitan manifestarlas públicamente, y las decisiones conjuntas son aguadas componendas que reflejan lo que es aceptable para todos, o bien el predominio de una persona sobre el grupo.

La mayoría de los managers consideran la indagación colectiva como una amenaza inherente. Nuestra educación no nos capacita para admitir que no conocemos la respuesta, y la mayoría de las empresas refuerzan esa lección al recompensar a las personas que saben defender sus puntos de vista pero no indagar los problemas complejos. (¿Cuándo fue la última vez que una persona de la organización de usted fue recompensada por plantear difíciles preguntas acerca de la actual política de la compañía, en vez de resolver problemas urgentes?).

Ante la incertidumbre o la ignorancia, aprendemos a protegernos del dolor de manifestarlas. Ese proceso bloquea nuestra comprensión de aquello que nos amenaza. La consecuencia es lo que se denomina “incompetencia calificada”: equipos llenos de gente increíblemente apta para cerrarse al aprendizaje.

(publicado por  Con “p” de persona )

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Los 10 pecados capitales del Jefe

Lunes, 14 septiembre, 2009

1 - El jefe no decide, no manda: La ausencia de mando puede tener consecuencias muy negativas para la organización. Este vacío puede venir derivado de una no aceptación por parte del jefe de las responsabilidades asociadas al cargo, lo cual supone una dimisión implícita. El jefe que no manda, que no decide, es un estorbo. ¿Para qué queremos un jefe que no ejerza como tal?… Por otro lado, para mandar, hay que saber delegar. La esencia del mando radica en la delegación de funciones y tareas a un tercero, al que debe proporcionarle las herramientas adecuadas y al que controla y evalúa.

2 – El jefe manda, pero no lidera: Para conseguir la complicidad de la organización, el jefe tiene que enviar señales, muchas de ellas muy sencillas, que le permitan ser tomado como referente. El carisma se construye a través de comportamientos cotidianos, no sólo con un verbo fácil y locuaz. El jefe que busca liderar su equipo tiene que encontrar mucha complicidad en él. Es cierto que toman decisiones, pero son incapaces de convertirlas en algo que los demás compartan. Existen jefes que parecen empeñados en distanciarse de sus subordinados, lo que hace imposible su liderazgo. Una de las características del líder es su capacidad para crear un equipo y conseguir que el conjunto esté por encima de la suma de las individualidades.

3 – El jefe es un prepotente: (lo cual, a menudo, coincide con que el jefe no es muy educado, no es muy humano o no es muy honrado). El jefe es prepotente porque ha desarrollado su autoestima de una forma excesiva. Cree que las personas como él son diferentes a las demás, la gran mayoría, y que éstas no merecen su tiempo y estima.

4 – El jefe oye pero no escucha: Escuchar lo que no se quiere oír es incómodo, difícil, pero necesario. El buen jefe que sabe escuchar obtiene valiosa información que le hace cuestionarse decisiones y formas de funcionamiento: tendrá más probabilidades de acierto. Escuchar aporta información, siembra dudas, mejora la decisión que sólo el jefe puede tomar.

5 – El jefe pierde su propio control: Controlarse es dominar la capacidad y el valor de elegir. Dudo que nadie que haya desarrollado esa capacidad opte por hacerse daño a sí mismo. Quien no puede controlar esa primera decisión, la de cuidarse, y elige todo lo contrario, maltratarse, en un peligro como jefe.

6 – Anteponer los resultados concretos a hacer las cosas bien: Aquellos jefes que anteponen los resultados concretos a hacer las cosas bien, cometen el sexto de los pecados capitales. Transmitir que uno quiere hacer las cosas bien, tiene mucho más fundamento que definir el objetivo en una cifra nominal e imponérselo a los demás. En la carrera por la calidad no existe línea de meta. Trabajar y vivir en una organización con jefes que sólo piensen en resultados, sin reparar en mejorar los medios y la estructura organizativa para conseguirlos, es descorazonador y muy desalentador.

7 – El jefe no despide a los empleados o directivos perjudiciales: La miopía y la desidia hacen que un mando intermedio destructivo y que no permite que otras personas dependientes de él sean productivas, no sea despedido por su superior.

8 – El jefe no piensa primero en los clientes: Poner en el centro de todo al cliente es algo que no falla. Eso sí, exige mucho esfuerzo y humildad. El jefe que peca anteponiéndose al cliente rompe la baraja del sentido común y hace que las personas que dependen de él se sientan siervos más que productores de un servicio para el que han sido contratados. Aunque todas las empresas dicen orientarse al cliente, el jefe es, en muchas ocasiones, el principal entorpecedor de este noble propósito

9 - El jefe tiene miedo. O el jefe divide: Los jefes pueden ver en los compañeros a competidores. Pueden ver competencia donde en realidad hay aumento de riqueza intelectual, y eso es el principio de un mal final: el de las empresas repletas de personas a imagen y semejanza de quien contrata, que no quiere ningún tipo de sorpresa. El miedo paraliza a las personas y organizaciones. Y, lo que es aún más grave, el miedo a los posibles competidores internos obsesionan a los malos jefes, más pendientes de sobrevivir que de la eficacia de su gestión.

10 – El jefe es injusto: El jefe es injusto cuando no entiende la importancia que tiene el dinero para sus subordinados y juega con el dinero ajeno. Justicia es el deber de dar a cada cual lo suyo, tarea nada fácil en el seno de una empresa.

de Los diez pecados capitales del jefeLeo Farache King
ISBN: 978-84-96968-43-1

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Eres un Jefe… no creas que eres un Líder

Jueves, 8 mayo, 2008

El efecto del líder sobre sus seguidores depende tanto de su personalidad, como de sus excepcionales características de influir sobre ellos, demostrada por la ejemplaridad de su comportamiento, de su conducta y de su capacidad para asumir responsabilidades en la consecución de determinados objetivos.

En el ejercicio del liderazgo no existen reglas para llegar a ser un líder.

Se aprende a ser líder, liderando (como se aprende a nadar, nadando), ya sea en el entorno organizacional o en el social.

Aquel que desarrolle intuición, sensibilidad, y comprensión hacia los demás, tiene amplias posibilidades de encontrar “seguidores”.

Los Líderes son aquellos individuos que por sus acciones facilitan el comportamiento de los grupos hacia una meta común o compartida.

Por eso, a todo aquel que de una u otra forma tiene dentro de la organización una autoridad formal, se le conoce como Gerente, Director o Administrador, pero no como Líder.

Por ello, todo Gerente debería convertirse en un Líder, aunque no todo Líder, necesariamente, debe ser o convertirse en un Administrador o Gerente.

Ser Líder no es sinónimo de ser Administrador o Gerente.

En los Líderes, las actuaciones se derivan de su personalidad, comportándose  como facilitadores y generando un profundo impacto en la vida de las personas y de las organizaciones, no solo hacia abajo, también lateralmente y hacia arriba.

A los Líders siempre se les conoce por lo que son capaces de hacer, no por lo que son capaces de ordenar que se haga.

Todo Líder tiene seguidores; los seguidores tienden a seguir a aquellos a quienes perciben que son capaces de dar cumplimiento a las necesidades del grupo, por lo cual hacen lo necesario para satisfacerlas.

En las organizaciones y en las empresas hay muchos Dirigentes, pero pocos Líderes. 

  • Para el Dirigente, su condición tiene que ver con la legalidad del cargo que ocupa.
  • Para el Líder, su condición se sustenta en la legitimidad ante sus seguidores.
  • El Dirigente no necesariamente tiene que ser Líder.
  • El Líder no forzosamente debe ser Dirigente.
  • El Dirigente se apoya en su autoridad formal.
  • El Líder se apoya en la autoridad que le otorgan sus seguidores.
  • El Dirigente manda.
  • El Líder suele convencer.
  • La Dirigencia es un oficio.
  • El Liderazgo es una cualidad.
  • El Dirigente hace que los principios se respeten.
  • El Líder logra que los principios se apliquen.
  • El Dirigente se apega y mantiene lo que existe.
  • El Líder cree en la la suma de las pequeñas acciones y en la transformación que ellas generan.
  • El Dirigente controla, supervisa, gerencia e impone su autoridad.
  • El Líder inspira y genera cambios, sin necesitar autoridar.
  • El Dirigente produce resultados a corto plazo.
  • El Líder prepara y modela los cambios para el futuro.
  • El Dirigente actúa sobre los recursos físicos, las destrezas humanas y los resultados.
  • El Líder lo hace sobre las emociones y lo espiritual de las personas.

La única definición de “Líder” es aquel que tenga “seguidores”, sin éstos, no puede haber líderes.

 
Tienes subordinados… eres un Jefe, Gerente, Director o Administrador.

Tienes seguidores… eres un Líder.
 

Puedes ser lo que desees, pero no te confundas
 

No te llames Líder… deja que a tí te llamen Líder.

 

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Un Mediocre o Mal Jefe…

Jueves, 8 mayo, 2008

Un mediocre o mal Jefe arrea a sus empleados, obtiene respeto imponiéndose por jerarquía, inspira inquietud o temor, dice “yo”, dice “preséntese a tiempo”, señala la pena para la infracción, siempre “sabe” como se hacen las cosas, convierte en penoso el trabajo, suele decir “váyase de aquí” y terminar el díálogo abruptamente y su única preocupación es el objetivo que persigue.

En cambio un líder guía a sus hombres, obtiene obediencia voluntaria, inspira confianza y despierta entusiasmo, dice siempre “nosotros”, suele llegar antes que los otros, señala sólo la infracción, invierte tiempo en enseñar cómo se hacen las cosas, despierta que su gente encuentre interesante su tarea, dice “vamos” y piensa en los hombres antes que en el objetivo.

Con la formación y manera de conducir de los primeros, lo único que puede lograrse es comprar con un salario parte del tiempo de alguien, su presencia física en el lugar de trabajo y su actividad muscular.

En cambio para el lider, es natural recibir entusiasmo, lealtad y entrega de corazón, de espíritu y de alma, pero esas virtudes no se pueden comprar, hay que conquistarlas.

(Autor no conocido)

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El compromiso de los empleados…

Martes, 22 abril, 2008

Les acerco un pequeño video que trata el tema del compromiso de los empleados.

El video se titula “Are You Effectively Managing Your Most Important Asset” y está en inglés.

Pueden ver el video original en la página de McDaniel Partners

Que lo disfruten.

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