Archivos de la categoría ‘Cuento’

El Sol y la Luna…

Martes, 25 diciembre, 2007

Cuando el SOL y la LUNA se encontraron por primera vez, se apasionaron perdidamente y a partir de ahí comenzaron a vivir un gran amor.

Sucede que el mundo aun no existía, y el día que Dios decidió crearlo, les dio entonces un toque final… el brillo.

Quedó decidido también que el SOL iluminaría el día, y que la LUNA iluminaría la noche, siendo así, estarían obligados a vivir separados.

Les invadió entonces una gran tristeza , y cuando se dieron cuenta de que nunca más se encontrarían, las cosas cambiaron…

LA LUNA se fue quedando cada vez más angustiada.

A pesar del brillo dado por Dios, fue tornándose mas oscura y solitaria.

EL SOL a su vez, había ganado un título de nobleza “ASTRO REY”, pero eso tampoco le hizo feliz.

Dios, viendo esto, les llamó y les explicó:

No debéis estar tristes, ambos ahora poseéis un brillo propio. Tú, LUNA, iluminarás las noches frías y calientes, encantarás a los enamorados y serás frecuentemente protagonista de hermosas poesías. En cuanto a ti, SOL, sustentarás ese título porque serás el más importante de los astros, iluminarás la Tierra durante el dia, proporcionarás calor al ser humano, y tu simple presencia hará a las personas más felices.”

La LUNA se entristeció mucho más con su terrible destino, y lloró amargamente… y el SOL, al verla sufrir tanto, decidió que no podría dejarse abatir más, pues tendría que darle fuerzas a la LUNA y ayudarle a aceptar lo que Dios había decidido.

Aún así, su preocupación era tan grande que resolvió hacer un pedido especial a Él:

Señor, ayuda a la LUNA por favor, es más frágil que yo, no soportará la soledad…”

Y Dios, en su inmensa bondad, creo entonces las estrellas para hacer compañía a la LUNA.

Desde entonces, la LUNA. siempre que está muy triste recurre a las estrellas, que hacen de todo para consolarla, pero casi nunca lo consiguen.

Hoy, ambos viven así… separados; el SOL finge que es feliz, y la LUNA no consigue disimular su tristeza.

El SOL arde de pasión por la LUNA y ella vive en las tinieblas de su añoranza.

Dicen que la orden de Dios era que la LUNA debía estar siempre llena y luminosa, pero no lo consiguió… porque es mujer, y una mujer tiene fases…

Cuando es feliz, consigue ser llena, pero cuando es infeliz es
menguante, y cuando es menguante ni siquiera es posible apreciar su brillo.

LUNA y SOL siguen así su destino.

Él, solitario pero fuerte; ella, acompañada de estrellas, pero débil.

Los hombres intentan, constantemente, conquistarla, como si eso fuese posible.

Algunos han ido incluso hasta ella, pero siempre han vuelto solos.

Nadie jamás consiguió traerla hasta la Tierra, realmente nadie consiguió conquistarla, por más que lo intentase.

Pero sucede que Dios decidió que ningún amor en este mundo fuese del todo imposible, ni siquiera el de la LUNA y el SOL…

Fue entonces que por eso Dios creó el eclipse.

Hoy SOL y LUNA viven esperando esos instantes, esos raros momentos que les fueron concedidos y que tanto cuesta que sucedan.

Cuando mires al cielo, a partir de ahora, y veas que el SOL cubre a la LUNA, es porque se acuesta sobre ella, y comienzan entonces a amarse.

Es a ese acto de amor, al que se le dio el nombre de eclipse.

Es importante recordar, que el brillo de su éxtasis es tan grande que se aconseja no mirar al cielo en ese momento, ya que tus ojos pueden cegarse al contemplar tanto amor.

Claro que tú ya sabías que en la Tierra existían SOL y LUNA… y también que existen los eclipses, pero esta es la parte de la historia que tú no conocías… sobre el amor entre el SOL y la LUNA.

(Para Lunita…)

UnMensajeParaTi.com.ar

Bookmark and Share compatir_por_email Compartir en Facebook Recibir "Un Mensaje Para Ti" por email

¿Sin sentido?

Viernes, 16 febrero, 2007

Cierto día, caminando por la playa reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar. Hacía lo mismo una y otra vez.

Tan pronto como me aproximé me di cuenta de que lo que el hombre agarraba eran estrellas de mar que las olas depositaban en arena, y una a una las arrojaba de nuevo al mar.

Intrigado, le interrogué sobre lo que estaba haciendo, a lo cual respondió:

Estoy lanzando estas estrellas de mar nuevamente al océano, como ves, la marea baja y estas estrellas han quedado en la orilla. Si no las arrojo al mar morirán aquí por falta de agua“.

Entiendo“, le dije, “pero haber miles de estrellas de mar sobre la playa. No puedes lanzarlas a todas. Son demasiadas. Y quizá no te des cuenta de que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa“.

¿No estás haciendo algo que no tiene sentido?“.

El nativo sonrió, se inclinó y tomó una estrella, y mientras la lanzaba de vuelta al mar me respondió:

¡Para ésta, si lo tuvo!

Una princesa azul

Martes, 10 octubre, 2006

… Proseguí mi marcha flotando hacia el lugar del encuentro.

Tenía una cita desde la eternidad de los tiempos: iba a encontrarme con “ella”.

Apareció a lo lejos una especie de pagoda o pérgola flotando junto a la orilla. Tenía un techo al estilo japonés, sujeto por delgadas cañas entre las que subían enredaderas de hojas rosadas y flores azules que hacían las veces de paredes. Sobre el piso de madera pulida había almohadones de anchas franjas de colores; desde el techo colgaban pequeños adornos, como inciensarios de bronce u oro y jaulitas para grillos.

Sobre los almohadones se encontraba “ella”, la sentí cercana, inmensamente cercana, sin embargo, era la primera vez que íbamos a unirnos…

No nos miramos a los ojos, queríamos alargar los momentos previos, no había que apresurar nada… tantos milenios habíamos esperado ya…

Hice una reverencia a la que ella respondió sutilmente; entré, nos comunicamos, pero no con palabras, hubiera sido demasiado vulgar, poco armonioso con ese mundo y con aquel encuentro tan anhelado. Nuestro lenguaje consistió en un ritual artístico de leves movimientos de brazos, manos o dedos, acompañados de algún sentimiento que proyectábamos vibratoriamente. Cuando el lenguaje hablado es insuficiente, el amor nos pide otras formas de comunicación…

Llegó el momento de mirar aquel rostro ignorado: era una hermosa mujer de facciones orientales piel de un azul claro. Cabellos muy negros con partidura al centro. Tenía un lunar en medio de la frente.

Sentí mucho amor por ella, y ella por mí. Llegaba el momento culminante. Acerqué mis manos a las suyas… y todo desapareció.

Estaba junto a Ami, en la nave, la neblina luminosa y blanca indicaba que nos íbamos de aquel mundo.

-… tana…  oh, ya regresaste -dijo Ami.

Supe que todo aquello había ocurrido en una fracción de segundo, entre el “ven” y el “tana” de la palabra “ventana” que Ami pronunció apenas apareció el color rosado tras los vidrios. Sentí angustia, como quien despierta de un sueño hermoso y se enfrenta a una opaca realidad… ¿o era al revés? ¿no sería esto un mal sueño y lo otro, la realidad?

-¡Quiero volver! -grité. Ami cruelmente me había separado de “ella”, desgarrándome, no podía hacerme eso. Aún no recobraba mi mente habitual, el otro “yo” estaba sobrepuesto a mi vida real. Por un lado era Pedro, un niño de nueve años; por otro lado era un ser… ¿por qué no podía recordarlo ahora?

-Ya habrá tiempo -con suavidad me tranquilizó Ami -, vas a volver… pero no todavía…

Logré calmarme. Supe que era verdad, que volvería, recordé esa sensación de “no apresurar las cosas” y me quedé tranquilo. Poco a poco fui retornando a mi normalidad, pero nunca más volvería a ser el mismo, ahora había vislumbrado otra dimensión de mi propio ser… Yo era Pedro, pero sólo momentáneamente, por otro lado era mucho más que Pedro.

-¿En que mundo estuve?

-En un mundo situado fuera del tiempo y del espacio… en otra dimensión… por ahora.

-Yo estaba allí, pero no era el de siempre… era “otro”…

-Viste tu futuro, lo que serás cuando completes tu evolución hasta cierto límite… dos mil medidas, mas o menos.

-¿Cuándo será eso?

-Te falta nacer, morir, nacer varias veces, varias vidas…

-¿Cómo es posible ver el futuro?

-Todo está escrito. La “novela” de Dios ya está escrita, la saltaste unas cuantas hojas y leiste otra página, eso fue todo. Era necesario, es un pequeño estímulo para que renuncies definitivamente a la idea de que todo termina con una muerte más, y para que lo escribas y otros lo sepan.

-¿Quién era esa mujer? siento que nos amamos, incluso ahora.

-Dios te la pondrá muchas veces a tu lado. A veces la reconocerás, a veces no, depende de tu “cerebro del pecho”. Cada alma tiene un único complemento, una “mitad”.

-¡Tenía la piel azul!

-Y tu también, solo que no te miraste en un espejo -Ami volvió a reirse de mí.

-¿Ahora la tengo azul? -me miré las manos intranquilo.

-Claro que no. Ella tampoco ahora…

-¿Donde está ella en este momento?

-En tu mundo…

-¡Llévame  a ella, quiero verla!

-¿Y cómo la vas a reconocer?

-Tenía rostro de japonesa… aunque no recuerdo sus rasgos… tenía un lunar en la frente…

-Te dije que ahora no es así -reía Ami-, en estos momentos ella es una niña común y corriente.

-¿Tu la conoces, sabes quién es?

-No te apresures, Pedrito, rcuerda que la paciencia es la ciencia de la paz, de la paz interior… no quieras abrir antes de tiempo un regalo sorpresa. La vida te irá guiando… Dios está detrás de cada aconteciemiento…

-¿Cómo la reconoceré?

-No con la mente, no con el análisis, no con el prejuicio, solo con tu corazón, con amor.

-Pero ¿cómo?

-Obsérvate siempre, especialmente cuando conozcas a alguien, pero no confundas lo interno con lo externo… Nos queda poco tiempo por delante. Tu abuelita va a despertar, debemos volver.

-¿Cuándo regresarás?

-Escribe el libro, luego volveré.

-¿Pongo lo de la “japonesita”?

-Pon todo, pero no olvides decir que es un cuento.

Fragmento de “Ami – El niño de las estrellas

Enrique Barrios

ISBN 950-739-019-0

UnMensajeParaTi.com.ar

Bookmark and Share

compatir_por_email


%d bloggers like this: