Consejos a un hijo…

Observa el amanecer por lo menos una vez al año.

Estrecha la mano con firmeza y mira a la gente de frente a los ojos.

Evita a las personas negativas: siempre tienen un problema para cada solución.

Nunca existe una segunda oportunidad para causar una buena impresión.

Desconfía de los fanfarrones, nadie alardea de lo que le sobra.

Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa.

Recuerda que se logra más de las personas por medio del estímulo que del reproche: dile al débil que es fuerte y lo verás hacer fuerza.

Anímate a presentarte a alguien que te cae bien, simplemente con una sonrisa y diciendo: “mi nombre es tal, todavía no nos han presentado”.

Nunca amenaces si no estás dispuesto a cumplir.

Muestra respeto extra por las personas que hacen el trabajo más pesado.

Haz lo que sea correcto, sin importar lo que otros piensen.

Dale una mano a tu hijo cada vez que tengas la oportunidad… llegará el momento en que ya no te dejará hacerlo.

Aprende a mirar a la gente desde sus sandalias y no desde las tuyas. Ubica tus pretensiones en el marco de las posibilidades.

Recuerda el viejo proverbio: “sin deudas, sin peligro”.

No hay nada más difícil que responder a las preguntas de los necios.

Aprende a compartir con los demás y descubre la alegría de ser útil a tu prójimo. (El que no vive para servir, no sirve para vivir).

Acude a tus compromisos con tiempo. La puntualidad es el respeto por el tiempo ajeno.

Nunca confundas riqueza con éxito.

No pierdas nunca el sentido del humor, y aprende a reírte de tus propios defectos.

No esperes que otro sepa lo que quieres si no lo dices.

Trata a tus empleados con el mismo respeto que tratas a tus clientes.

Recuerda que a veces, el silencio es la mejor respuesta.

No descartes una buena idea porque no te gusta de quien viene.

No confundas confort con felicidad.

Escucha el doble de lo que hablas (por eso Dios nos dio dos oídos y una sola boca).

Aprende a distinguir entre tus amigos y tus enemigos.

Cuando necesites un consejo profesional, pídeselo a profesionales y no a amigos.

Nunca envidies: la envidia es el homenaje que la mediocridad rinde al talento.

Recuerda que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres.

Si no quieres sentirte frustrado, no te fijes metas imposibles.

La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor… simplemente disfruta al máximo de lo que tiene.

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