Archivos de la categoría ‘Confianza’

La paciencia…

Miércoles, 6 marzo, 2013

“Aprendemos la paciencia cuando esperamos el tiempo de las cosas que no es el de la ansiedad. La ansiedad es la falta de esta confianza mayor en la que descanso, mientras sé que lo que tenga que ocurrir, ocurrirá. No es dejar de hacer, es actuar sin obsesionarse por el resultado, sin la presión de nuestro imponernos sobre las cosas.

Actuar sin ansiedad, desde un corazón puro, es nuestra entrega sagrada. Es la apertura del corazón que se da confiado a lo que es.”

(fragmento de “De la mente al corazón“, de Miguel Lagos)

 

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@PabloGimenez

+Pablo

Bordados de la vida…

Lunes, 3 mayo, 2010

Cuando era niño, mi madre trabajaba mucho cosiendo.

Yo me sentaba en el suelo, miraba y le preguntaba qué es lo que estaba haciendo.

Ella me contestaba que estaba bordando.

Todos los días yo hacía la misma pregunta y ella me contestaba lo mismo.

Yo observaba su trabajo desde una posición abajo de donde ella se encontraba sentada, y repetía: “¿Mamá, que es lo que estás haciendo?”.

Le decía que desde donde yo la miraba, lo que estaba haciendo me parecía muy extraño y confuso.

Era un amontonado de nudos e hilos de diferentes colores, largos, cortos, unos gruesos y otros finos… yo no entendía nada.

Ella sonreía, me miraba y de manera amable me decía, “Hijo, sal un poco a jugar, y en cuanto termine mi trabajo te llamaré, te tomaré en mis brazos y dejaré que veas el trabajo desde mí posición”.

Pero yo seguía preguntándome desde abajo: ¿Por qué ella usaba algunos hilos de colores oscuros y otros claros?, ¿por qué me parecían tan desordenados y enmarañados?; ¿por qué estaban tan llenos de nudos y puntos?; ¿por qué había tantos nudos e hilos enredados entre si?; ¿por qué no tenían aún una forma definida?; ¿por qué tardaba tanto para hacerlo?.

Un día, cuando yo estaba afuera jugando, ella me llamó.

“Hijo, ven aquí, déjame tomarte en mis brazos”.

Me sentó en su regazo y me sorprendí al ver el bordado desde su posición.

No lo podía creer, ¡desde abajo me parecía tan confuso!.

Pero desde arriba pude ver un paisaje ¡maravilloso!.

Entonces ella me dijo:

“Hijo, desde abajo mi bordado te parecía confuso y desordenado porque no veías que en la parte de arriba había un bello diseño… pero ahora, mirando el bordado desde mí punto de vista, ya puedes ver qué es lo que yo he estado haciendo”.

Muchas veces, a lo largo de los años, he mirado hacia al cielo y he dicho: “¿Padre, qué es lo que estás haciendo?”.

Él parece responder: “Estoy bordando tu vida, hijo”.

Y yo sigo preguntando: “¿Pero por qué lo veo todo tan confuso?”

“Padre, todo está desordenado; hay muchos nudos, situaciones difíciles que no terminan y cosas buenas que pasan rápido. Los hilos son tan oscuros… ¿por qué no son más brillantes?”.

Él parece decir: “Hijo mío, ocúpate de tu trabajo, relájate… confía en mí. Yo haré mí trabajo. Un día te llevaré a ti en mis brazos, y entonces irás a ver el plan de tu vida desde mí posición, desde mi punto de vista”.

A veces no entendemos qué está ocurriendo en nuestras vidas, las cosas son confusas, no encajan y parece que nada nos sale bien.

Es que estamos mirando el reverso de la vida; del otro lado, Dios está bordando…

(autor desconocido)

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Confiemos en la “lógica de los acontecimientos”

Viernes, 9 abril, 2010

Cualesquiera sean las circunstancias que está viviendo en la actualidad, la prueba del apoyo y cuidado de Dios está a su disposición en este momento. No siempre es fácil decidir qué queremos hacer en la vida, encontrar un empleo o lograr el tipo de progreso que deseamos en nuestra carrera. Entonces cuando nos volvemos a Dios, quien es la Mente divina, recurrimos a la fuente de toda inteligencia y guía verdadera.

La Biblia dice que Dios es la fuente de la vida. Esta fuente es abundante e incapaz de fallamos. Al volvemos a Dios descubrimos que no estamos en desventaja por nuestra edad. Descubrimos que a pesar de los reveses económicos, el cuidado y la provisión de Dios son constantes. Aprendemos que aun en medio de la reestructuración, la reducción de oportunidades de empleo, y la reorganización corporativa o industrial, el hombre, la imagen y semejanza de Dios, nunca puede ser inútil. El propósito que tiene Dios para nosotros, y nuestras oportunidades de expresado, continúan apareciendo.

…El empleo de alguien es amenazado por la reorganización de la compañía o por gran número de despidos en toda la industria; el progreso en la carrera de otro es bloqueada por el prejuicio, los celos o el acose sexual; el dueño de un pequeño negocio lucha por mantenerse a flote confrontado con crecientes obligaciones crediticias y posible bancarrota. En situaciones tan difíciles es comprensible que la gente tenga temores y se desespere al tratar de encontrarle salida a la contingencia. Algunos hasta llegarán a la conclusión de que sólo mediante un gran esfuerzo de la voluntad humana se pueden alcanzar soluciones adecuadas.

Por un lado, la desesperación impide que la persona alcance las metas necesarias y cumpla con sus responsabilidades. La desesperación puede hasta acelerar la circunstancia misma que uno teme. Por otro lado, la voluntad humana corre el riesgo de lograr propósitos equivocados al emplear medios equivocados. La voluntad humana afirma que si insistimos lo suficiente durante un tiempo prolongado,de algún modo haremos que todo salga bien, que con el tiempo podemos hacer ocurrir lo que sea necesario para conservar nuestro empleo, progresar en nuestra profesión, y salvar nuestro negocio.

Es obvio que la desesperación no proporciona una respuesta satisfactoria a estos desafíos personales. Pero al principio no siempre es tan obvio que la voluntad humana en realidad tampoco satisface. No importa cuan grande sea nuestra capacidad o habilidad personal, la voluntad humana básicamente es limitada en alcance, punto de vista, perspectiva y capacidad. La voluntad humana, por sí misma, no percibe la voluntad divina y así puede perderse completamente la bendición que viene después de confiar en Dios de todo corazón para resolver cualquier circunstancia difícil que podamos encontrar.

La Ciencia Cristiana muestra como la oración y confianza radical en Dios, apoyadas por un entendimiento espiritual de Sus leyes imperantes, pueden proveer una respuesta práctica y sanadora que nos saca de la crisis o tumulto que pueda haber en nuestro empleo, carrera o negocio. En realidad, esta confianza en Dios basada en la espiritualidad es tanto un elemento importante como un resultado importante de nuestra oración. A medida que confiamos en nuestra oración, recibimos una más profunda convicción de nuestra oración.

…Poder esperar pacientemente la lógica de los acontecimientos, seguramente requeriría una confianza firme en que una ley de armonía y propósito divinos está gobernando nuestra vida, aun cuando circunstancias temporales parecieran argumentar en contra de los hechos espirituales. Y es esta devota confianza en la lógica de los acontecimientos que calladamente desplaza el temor y reemplaza la presión y los empujones mal encaminados de la voluntad humana.

…Si estamos viviendo según nuestro entendimiento más elevado de los mandamientos morales y espirituales de Dios, podemos esperar pacientemente ver la lógica de los acontecimientos. Podemos sentir la seguridad de que el bien procede inevitablemente del imperio de la sabiduría divina y de la ley espiritual. En la medida en que sometemos los propósitos humanos, deseos y expectativas egoístas a la voluntad divina, reconocemos que la evidencia del bien de Dios es un hecho presente en nuestra vida.

…Nuestro punto de vista nunca incluye resignarse a la derrota, las faltas o la limitación; es más bien aceptar la necesidad del crecimiento espiritual y la inevitabilidad del bien, porque amamos a Dios.

(fragmento de: “Trabajos, carreras y los negocios de nuestro Padre”, de The Christian Science Publishing Society)

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Creo…

Jueves, 11 junio, 2009

Creo en mis formas, en mis caminos; en esos que duelen pero que rinden frutos.

Creo en el sendero de la verdad, en el sendero difícil.

Creo en mi alma, en esa porción agazapada de mí.

Creo en mis palabras, en mis frases, en mis abrazos y en mis miradas.

Creo en quien soy y, por lo tanto, en quien a pesar de las derrotas no tengo intenciones de dejar de ser.

Creo en mi sueño, en el magnífico sueño que seguiré construyendo hasta que no me queden más fuerzas para creer.

Creo en el destino, en mi historia, en mis pasos y en mi experiencia.

Creo en mis ganas de dar y creo en un mundo maravilloso que espera recibir mi gota de cariño.

Creo en la amistad, en los besos, en la lluvia, en las sonrisas y en los secretos.

Creo en mi esfuerzo por crecer, en mis ganas de crecer.

Creo en la vida, y en la magia con la que toca todas las cosas.

Creo en el destino y en un futuro de recompensa para quienes afrontan el desafío de ser fieles a sí mismos.

Creo en mí; sobre todo creo en mí cuando caigo, cuando no tengo fuerzas, cuando el viento sopla y mis velas ceden, sigo creyendo en aguantar y en volver con todas mis fuerzas para seguir y seguir creyendo, y seguir andando, y seguir viviendo.

Creo en los sentimientos que pueden hacer de cada día un sol distinto.

Y por supuesto, creo en el amor y en ese modo indescriptible de estar parado ante la vida, en esa manera intrépida de hacer transcurrir el tiempo, en esa forma tan peligrosa y a la vez tan excitante de tener el corazón abierto.

(autor desconocido)

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Jesús, yo confío en Ti

Sábado, 14 abril, 2007

¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida?

Cuando hayas hecho todo lo que esté en tus manos para tratar de solucionarlos, déjame el resto a Mí.

Si te abandonas en Mí, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios.

No te desesperes, no me dirijas una oración agitada como si quisieras exigirme el cumplimiento de tu deseo. Cierra los ojos del alma y dime con calma:

Jesús, yo confío en Ti.

Evita las preocupaciones y angustias, y los pensamientos sobre lo que pueda suceder después.

No estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser Dios y actuar con libertad.

Abandónate confiadamente en Mí. Reposa en Mí y deja en mis manos tu futuro.

Dime frecuentemente:

Jesús, yo confío en Ti.

Y no seas como el paciente que le pide al médico que lo cure pero le sugiere el modo de hacerlo.

Déjate llevar en mis manos.

No tengas miedo…

Yo te amo.

Si crees que las cosas empeoraron, o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando, cierra los ojos del alma y confía.

Continúa diciéndome a todas horas:

Jesús, yo confío en Ti.

Necesito las manos libres para obrar.

No me ates con tus preocupaciones inútiles.

Confía solo en Mí, abandónate en Mí. Así que no te preocupes, echa en Mí todas las angustias y duerme tranquilamente.

Dime siempre:

Jesús, yo confío en Ti.

Y verás grandes milagros, te lo prometo por mi amor.

(autor desconocido)

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