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Conversaciones con Dios

Lunes, 2 enero, 2012

Hace más de dos años atrás compartía un fragmento del libro “Conversaciones con Dios” de Neale Donald Walsch, en un mensaje que titulé “Óyeme en todas partes…“.

Hoy encontré en Youtube la película completa doblada al español (1 hora 44 minutos).

Para quienes no la han visto, la comparto aquí y les recomiendo verla.

(Mas videos en Un Mensaje Para Ti…)

“…No te sientas abandonado. Yo siempre estoy contigo. Si tienes preguntas que hacerme, preguntas cotidianas -como sé que tienes ahora mismo-, y quieres continuar, ten en cuenta que puedes acudir a Mí para que te conteste. No es necesario que sea en forma de libro.

‘No es este el único modo en que Yo te hablo. Escúchame en la verdad de tu alma. Escúchame en los sentimientos de tu corazón. Escúchame en el silencio de tu mente.

Óyeme en todas partes. Cada vez que tengas una pregunta, simplemente debes saber que ya la he contestado. Luego abre los ojos a tu mundo. Mi respuesta puede hallarse en un artículo ya publicado, en el sermón ya escrito y a punto de ser pronunciado, en las película que se está rodando; en la canción que ayer se acabó de componer; en las palabras que está a punto de decir un ser querido; en el corazón de un nuevo amigo que estamos a punto de hacer.

Mi Verdad está en el susurro del viento, en el murmullo del arroyo, en el estampido del trueno, en el tamborileo de la lluvia.

Es el tacto de la tierra, la fragancia del lirio, el calor del sol, la atracción de la luna.

Mi Verdad -y tu más segura ayuda en los momentos de necesidad- es tan sobrecogedora como el cielo nocturno, y tan simple e incontrovertiblemente confiada como el balbuceo de un niño.

Es tan potente como el latido del corazón, y tan silenciosa como el aliento contenido en unión conmigo .

No te dejaré, no puedo dejarte, puesto que eres Mi creación y Mi producto, Mi hija, Mi hijo, Mi propósito y…

Yo mismo.

Acude a mí, pues, cada vez y en cualquier circunstancia en que te alejes de la paz que Yo soy.

Yo estaré ahí.

Con la Verdad.

Y la Luz.

Y el Amor.”

del libro “Conversaciones con Dios
de Neale Donald Walsch
ISBN: 9789875662629

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Cosecharás tu siembra…

Miércoles, 16 marzo, 2011

Una mañana una mujer bien vestida se paró frente a un hombre desamparado, quien lentamente levantó la vista… y miro claramente a la mujer que parecía acostumbrada a las cosas buenas de la vida.

Su abrigo era nuevo. Parecía que nunca se había perdido de una comida en su vida.

Su primer pensamiento fue: “Solo se quiere burlar de mi, como tantos otros lo habían hecho….”

“¡¡Por favor déjeme en paz!!” gruñó el indigente…

Para su sorpresa, la mujer siguió enfrente de el. Ella sonreía, sus dientes blancos mostraban destellos deslumbrantes.

“¿Tienes hambre?” preguntó ella. “No”, contestó sarcásticamente. “Acabo de llegar de cenar con el presidente… Ahora vete.”

La sonrisa de la mujer se hizo aún más grande.

De pronto el hombre sintió una mano suave bajo el brazo. “¿Qué hace usted, señora?” -preguntó el hombre enojado.

“¡¡Le digo que me deje en paz!!”

Justo en ese momento un policía se acercó. “¿Hay algún problema, señora?” – le preguntó el oficial.

“No hay problema aquí, oficial” – contestó la mujer “Sólo estoy tratando de ayudarle para que se ponga de pie…”

¿Me ayudaría?

El oficial se rascó la cabeza.

“Si, el viejo Juan ha sido un estorbo por aquí por los últimos años. ¿Qué quiere usted con él?” – pregunto el oficial.

“¿Ve la cafetería de allí?” – preguntó ella.

“Yo voy a darle algo de comer y sacarlo del frío por un ratito”.

“¿Está loca, señora?” el pobre desamparado se resistió “¿Yo no quiero ir ahí!”

Entonces sintió dos fuertes manos agarrándolo de los brazos y lo levantaron.

“¡Déjame ir oficial, yo no hice nada!”

“Vamos viejo, esta es una buena oportunidad para ti” – el oficial le susurro al oido.

Finalmente, y con cierta dificultad, la mujer y el agente de policía llevaron al viejo Juan a la cafetería y lo sentaron en una mesa en un rincón.

Era casi mediodía, la mayoría de la gente ya había almorzado y el grupo para la comida aún no había llegado.

El gerente de la cafetería se acercó y les pregunto “¿Qué está pasando aquí, oficial?, ¿Qué es todo esto?; ¿Y este hombre, esta en problemas?”.

- “Esta señora lo trajo aquí para que coma algo” respondió el policía.

“Oh no, ¡aquí no!” el gerente respondió airadamente.

“¡¡Tener una persona como este aquí es malo para mi negocio!!”

El viejo Juan esbozó una sonrisa con sus pocos dientes.

“Señora, se lo dije. ¿ahora si van a dejarme ir?; yo no quería venir aquí desde un principio”.

La mujer se dirigió al gerente de la cafetería y sonrió, “Señor, ¿está usted familiarizado con Hernandez y Asociados, la firma bancaria que esta a dos calles?”.

“Por supuesto que los conozco”, respondió el administrador con impaciencia.

“Ellos tienen sus reuniones semanales en una de mis salas de banquetes”.

“¿Y se gana una buena cantidad de dinero con el suministro de alimentos en estas reuniones semanales?”, preguntó la Señora…

“¿Y eso que le importa a usted?”

- “Yo, señor, soy Penélope Hernández, presidente y dueña de la compañía”.

- “¡Oh Perdon!” dijo el gerente.

La mujer sonrió de nuevo, “pensé que esto podría hacer una diferencia en su trato” le dijo al policía, que fuertemente trataba de contener una carcajada.

“¿Le gustaría tomar con nosotros una taza de café o tal vez una comida, oficial?”

- “No, gracias, señora”, replicó el oficial. “Estoy en servicio”.

“Entonces, quizá, ¿una taza de café para llevar?”.

“Sí, señora. Eso estaria mejor”.

El gerente de la cafetería giró sobre sus talones como recibiendo una orden, “voy a traer el café para usted de inmediato señor oficial”.

El oficial lo vio alejarse. y opinó: “ciertamente lo ha puesto en su lugar”.

“Esa no fue mi intención” dijo la Señora, “Lo crea o no, tengo una buena razón para todo esto”.

Se sentó a la mesa frente a su invitado a cenar. Ella lo miró fijamente…

“Juan, ¿te acuerdas de mí?”

El viejo Juan miro su rostro, el rostro de ella, con los ojos lagañosos “creo que sí; digo, se me hace familiar”.

“Mira Juan, quizá estoy un poco mas grande, pero mírame bien”, dijo la Señora.

“Tal vez me veo mas llenita ahora… pero cuando tu trabajabas aqui hace muchos años, vine aquí una vez, y por esa misma puerta, muerta de hambre y frio.”.

Algunas lágrimas posaron sobre sus mejillas.

“¿Señora?” dijo el Oficial, no podía creer lo que estaba presenciando, ni siquiera pensar que la mujer podría llegar a tener hambre.

“Yo acababa de graduarme de la Universidad en mi pueblo”, la mujer comentó.

“Yo había llegado a la ciudad en busca de un trabajo, pero no pude encontrar nada”.

Con la voz quebrantada la mujer continuaba: “pero cuando me quedaban mis últimos centavos y me habían corrido de mi apartamento, caminaba por las calles; y era en

febrero y hacía frío, y casi muerta de hambre vi este lugar y entré con muy poca probabilidad de conseguir algo de comer”.

Con lágrimas en sus ojos la mujer siguió platicando…

“Juan me recibio con una sonrisa”, – “Ahora me acuerdo”, dijo Juan. “Yo estaba detrás del mostrador de servicio, se acercó y me preguntó si podría trabajar por algo de comer”.

- “Si, y me dijiste que estaba en contra de la política de la cafetería”.

Continuó la mujer… “Entonces, tu me hiciste el sándwich de carne mas grande que jamás había visto… me diste una taza de café, y me fui a un rincón a disfrutar de mi comida. Tenía miedo de que te metieras en problemas. Pero luego, cuando miré y te vi a poner el dinero de la comida en la caja registradora, supe que todo iba a estar bien”.

- “¿Así que usted comenzó su propio negocio?” el viejo Juan dijo.

“Si, encontré un trabajo esa misma tarde. Trabajé muy duro, y me fui para arriba, con la ayuda de mi Padre Dios. Eventualmente empecé mi propio negocio, que con la ayuda de Dios, prosperó…”.

La señora abrió su bolso y sacó una tarjeta. “Cuando termines aquí, quiero que vayas a hacer una visita al señor Martínez. Él es el Director de personal de mi empresa. Iré a hablar con él y estoy segura de que encontrará algo para que puedas hacer en la oficina”.

Ella sonrió y dijo “creo que incluso podría darte un adelanto, lo suficiente para que puedas comprar algo de ropa y conseguir un lugar para vivir hasta que te recuperes. Si alguna vez necesitas algo, mi puerta estará siempre abierta para ti Juan”.

Hubo lágrimas en los ojos del anciano… “¿Cómo le voy a agradecer?”, preguntó.

“No me des las gracias”, respondió la mujer. “A Dios dale la gloria… El me trajo a ti”.

Fuera de la cafetería, el oficial y la mujer se detuvieron, y antes de irse por su lado la Señora Hernández dijo “gracias por toda su ayuda, oficial”.

- “Al contrario”, dijo el oficial, “gracias a usted; vi un milagro hoy, algo que nunca voy a olvidar. Y… gracias también por el café”.

No te olvides que cuando tiras el pan sobre las aguas, nunca sabes cuando te será devuelto.

Dios es tan grande que puede cubrir todo el mundo con su amor y a la vez tan pequeño para entrar en tu corazón.

Cuando Dios te lleva al borde del acantilado, confia en Él plenamente, y dejate llevar.

Sólo dos cosas pueden suceder, o Él te sostiene cuando tu te caes, o Él te enseñará a volar…

Dios cierra puertas que ningún hombre puede abrir; y abre puertas que ningun hombre puede cerrar.

Si necesitas que Dios abra alguna puerta para ti… abre tu una puerta para los demás; de esa manera serás una bendición para ellos.


(autor desconocido)

(gracias Adelliza :) )

 

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Las iniciativas…

Miércoles, 30 diciembre, 2009

A propósito de todas las iniciativas, hay una verdad elemental cuya ignorancia mata innumerables ideas y espléndidos planes: en el momento en el que uno se compromete de verdad, la Providencia también lo hace. Toda clase de cosas comienzan a ocurrir para ayudar a esa persona, cosas que sin su previo compromiso jamás habrían ocurrido. Todo un caudal de sucesos se pone en marcha con aquella decisión ayudándole por medio de incidentes inesperados, encuentros insospechados y ayuda material que nadie hubiera soñado que pudieran ocurrir. Si sabes que puedes, o crees que puedes, ponte en marcha. La audacia tiene genio, poder y magia.

Johann Wolfgang von Goethe

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Pasar por esta vida…

Sábado, 26 diciembre, 2009

“Voy a pasar por esta vida una sola vez. Cualquier cosa buena que yo pueda hacer o alguna amabilidad que pueda hacer a algún humano, debo hacerla ahora, porque no pasaré de nuevo por aquí”.

Madre Teresa de Calcuta

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Óyeme en todas partes…

Martes, 27 octubre, 2009

No te sientas abandonado. Yo siempre estoy contigo. Si tienes preguntas que hacerme, preguntas cotidianas -como sé que tienes ahora mismo-, y quieres continuar, ten en cuenta que puedes acudir a Mí para que te conteste. No es necesario que sea en forma de libro.

‘No es este el único modo en que Yo te hablo. Escúchame en la verdad de tu alma. Escúchame en los sentimientos de tu corazón. Escúchame en el silencio de tu mente.

Óyeme en todas partes. Cada vez que tengas una pregunta, simplemente debes saber que ya la he contestado. Luego abre los ojos a tu mundo. Mi respuesta puede hallarse en un artículo ya publicado, en el sermón ya escrito y a punto de ser pronunciado, en las película que se está rodando; en la canción que ayer se acabó de componer; en las palabras que está a punto de decir un ser querido; en el corazón de un nuevo amigo que estamos a punto de hacer.

Mi Verdad está en el susurro del viento, en el murmullo del arroyo, en el estampido del trueno, en el tamborileo de la lluvia.

Es el tacto de la tierra, la fragancia del lirio, el calor del sol, la atracción de la luna.

Mi Verdad -y tu más segura ayuda en los momentos de necesidad- es tan sobrecogedora como el cielo nocturno, y tan simple e incontrovertiblemente confiada como el balbuceo de un niño.

Es tan potente como el latido del corazón, y tan silenciosa como el aliento contenido en unión conmigo .

No te dejaré, no puedo dejarte, puesto que eres Mi creación y Mi producto, Mi hija, Mi hijo, Mi propósito y…

Yo mismo.

Acude a mí, pues, cada vez y en cualquier circunstancia en que te alejes de la paz que Yo soy.

Yo estaré ahí.

Con la Verdad.

Y la Luz.

Y el Amor.

del libro “Conversaciones con Dios
de Neale Donald Walsch
ISBN: 9789875662629

Otro mensaje relacionado: Abundancia

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Pasar por la vida

Lunes, 27 abril, 2009

“Voy a pasar por la vida una sola vez: por eso cualquier cosa buena que yo pueda hacer, o alguna amabilidad que pueda hacerle a algún ser humano, debo hacerlo ahora… porque no pasaré de nuevo por aquí”

Teresa de Calcuta

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Hoy estas en mis pensamientos

Sábado, 7 marzo, 2009

Hoy pienso en ti y recuerdo cuántas veces has llegado de improviso cuando más te necesitaba, qué generoso/a  has sido siempre con tu tiempo y cómo he podido contar contigo con tanta libertad.

Hoy pienso en la alegría de estar juntos, en que todo parece aún más divertido a tu lado, e incluso, en que las cosas sencillas se vuelven especiales porque las compartimos.

Hoy pienso cuántas veces creíste en mí y, sólo por eso, en lugar de renunciar a mis metas, traté de alcanzarlas con más fuerza.

(autor desconocido)

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Ayudar a los demás…

Martes, 30 diciembre, 2008
“Usted puede llevar al caballo hasta el río, pero no puede beber por él”.

Samuel Wolpin
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Acercarse al otro

Viernes, 19 septiembre, 2008

Un original video para reflexionar sobre lo que nos pasa, lo que les pasa a los demás y cómo podemos ayudarnos mutuamente.

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La parte mas importante del cuerpo

Jueves, 15 noviembre, 2007

Un día mi madre me preguntó:

“¿Cuál es la parte más importante del cuerpo.?”

A través de los años trataría de buscar la respuesta correcta.

Cuando era más joven, pensé que el sonido era muy importante para nosotros, por eso dije, “Mis oídos, Mamá”.

Ella dijo: “No, muchas personas son sordas y se arreglan perfectamente. Pero sigue pensando, te preguntaré de nuevo.”

Varios años pasaron antes de que ella lo hiciera.

Desde aquella primera vez, yo había creído encontrar la respuesta correcta. Y es así que le dije: “Mamá, la vista es muy importante para todos, entonces deben ser nuestros ojos”.

Ella me miró y me dijo:

“Estás aprendiendo rápidamente, pero la respuesta no es correcta porque hay muchas personas que son ciegas, y salen adelante aun sin sus ojos”.

Continué pensando… ¿cuál era la solución. ?

A través de los años, mi madre me preguntó un par de veces más, y ante mis respuestas la suya era: “No, pero estás poniéndote más inteligente con los años, pronto acertarás”.

Hace algunos años,mi abuelo murió. Todos estábamos dolidos. Lloramos. Incluso mi padre lloró. Recuerdo esto sobre todo porque fue la segunda vez que lo vi llorar. Mi madre me miraba cuando fue el momento de dar el adiós final al abuelo. Entonces me preguntó:

“¿No sabes todavía cuál es la parte más importante del cuerpo, hijo?”.

Me asusté cuando me preguntó justo en ese momento. Yo siempre había creído que ese era un juego entre ella y yo.

Pero ella vio la confusión en mi cara y me dijo:

“Esta pregunta es muy importante. Para cada respuesta que me diste en el pasado, te dije que estabas equivocado y te he dicho por qué. Pero hoy es el día en que necesitas saberlo”.

Ella me miraba como sólo una madre puede hacerlo. Vi sus ojos, llenos de lágrimas, y la abracé.

Fue entonces cuando apoyada en mí, me dijo:

“Hijo, la parte del cuerpo, más importante, es tu hombro”.

Le pregunté,

“¿Es porque sostiene mi cabeza?”

Y ella respondió:

“No, es porque puede sostener la cabeza de un ser amado o de un amigo cuando llora. Todos necesitamos un hombro para llorar algún día en la vida, hijo mío. Yo sólo espero que tengas amor y amigos, y así siempre tendrás un hombro donde llorar cuando lo necesites, como yo ahora necesito el tuyo.”

(autor desconocido)

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Si alguien te busca

Lunes, 18 junio, 2007

Con frío… es porque tienes calor.

Con alegría… es porque tienes una sonrisa.

Con lágrimas… es porque tienes un pañuelo.

Con versos es… porque tienes la música.

Con dolor es… porque tienes el remedio.

Con palabras es… porque sabes oír.

Con hambre es… porque tienes el alimento.

Con besos… es porque tienes miel.

Con dudas… es porque sabes el camino.

Pidiendo limosna… es porque tienes más que Él.

Con desanimo… es porque tienes la realidad.

Desesperado… es porque tienes la serenidad.

Con entusiasmo… es porque tienes el brillo.

Con secretos… es porque tienes su confianza.

Con tumultos… es porque tienes las respuestas.

Con confianza… es porque te la haz ganado.

Con miedo… es porque tienes el amor.

¡Nadie llega por accidente o casualidad a Ti!

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Pensamientos positivos

Martes, 12 junio, 2007

Apoya a quienes veas desanimados, ten siempre una voz de aliento para quienes se sienten derrotados.

Apoya con tus palabras a los desalentados para que les infundas capacidad de superar frustraciones y sobrellevar angustias.

Si hay amor en tu corazón, podrás transmitir confianza, apoyo y esperanza.

Tu puedes ser un sembrador de felicidad, de esperanzas y de objetivos nobles y altruistas, siendo ejemplo y promotor de actitudes positivas, nobles y de superación.

No basta sólo con predicar y enseñar, debemos dar ejemplo.

¿Cómo puede hablar de bondad y buen trato una persona egoísta y grosera?.

¿Cómo puede hablar de equidad y justicia una persona egoísta?.

Piensa en esto: “Nadie puede dar lo que no tiene”.

Acércate a las personas a tu alrededor con un rostro que refleje tu paz interna.

Habla siempre con palabras adecuadas, sin apresuramientos, sin gritos, con respeto por la individualidad de cada persona.

Si tienes que regañar o reclamar, hazlo con voz calmada y sin ofender, así lograrás que te escuchen y te atiendan.

Recibirás de las demás personas… exáctamente lo mismo que les ofrezcas.

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Tirar para arriba de los demás

Viernes, 9 marzo, 2007

Una palabra amable y conciliadora es fácil de decir, pero sin embargo, a veces nos cuesta llegar a pronunciarla.

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay otros que luchan muchos años y son mucho mejores. Pero hay quienes luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Estas palabras de Bertolt Brecht nos invitan a pensar en lo necesarias que resultan esas personas que todos conocemos y que parece que nunca se cansan, que siempre están ahí, que siempre tiran hacia arriba del ambiente en el que están, que son un catalizador de todo lo positivo de quienes le rodean.

Si nos paramos a pensar, hay bastantes personas que son así, que han hecho natural en sus vidas esa estabilidad emocional y esa madurez que les hace acostumbrarse a tirar hacia arriba de los demás, pasando ellos casi inadvertidos.

Sienten de vez en cuando, como todos, la tentación de dejar de hacer esa discreta y eficaz labor, se sienten a veces hartos de tener que escuchar, animar, mediar, conciliar…

Sin embargo, quienes logran hacer todo eso de modo natural, y pasan a considerar ese esfuerzo como algo ordinario, son las personas que consiguen crear y mantener un ambiente de trabajo, de optimismo, de buen entendimiento entre todos.

Son esos hombres o mujeres cuyo influjo muchas veces no se valora hasta el día en que faltan, y quizá entonces se ve que su papel era fundamental, que el clima positivo que había a su alrededor era fruto de que se habían acostumbrado a pensar en los demás, a no cansarse de ser paño de lágrimas de unos y otros, a decir con cariño y lealtad lo que se debía mejorar, a relajar la tensión que tantas veces se crea por simples nimiedades.

Me recuerda también aquella vieja película de Frank Capra titulada “Qué bello es vivir”, en la que el protagonista está desesperado y a punto de suicidarse, y un simpático ángel le hace ver lo valiosa que ha sido su vida y lo mucho que ha repercutido para el bien de muchísimas personas.

Para demostrárselo, le concede el privilegio de ver lo que hubiese sucedido en la vida de algunas de ellas si él no hubiera existido y por tanto no hubiera podido ayudarlas.

Gracias a eso, recupera la alegría de vivir y comprende todo lo que una existencia normal puede aportar en la vida de tantísima gente.

Todos podemos incorporar a nuestra vida esa actitud. Porque una palabra amable y conciliadora es fácil de decir, pero sin embargo, a veces nos cuesta llegar a pronunciarla.

Nos detiene el cansancio, nos distraen otras preocupaciones, nos frena un sentimiento de frialdad o de indiferencia egoísta.

Pasamos junto a personas a las que conocemos pero apenas las miramos a la cara y no reparamos en que sufren, y en que quizá sufren precisamente porque se sienten ignoradas o poco valoradas por nosotros.

Bastaría una palabra cordial, un gesto afectuoso, e inmediatamente algo se despertaría en ellas: una señal de atención y de cortesía puede ser una ráfaga de aire fresco en lo cerrado de una existencia castigada en ese momento por la tristeza y el desaliento.

Muchas veces lo que impide esa buena actitud es nuestra impaciencia ante los defectos ajenos. Quizá esas personas que tanto nos impacientan tienen objetivamente esos defectos que tanto nos enfadan, pero si centramos ahí demasiado nuestra atención eso generará en nosotros una ansiedad que no ayuda nada, ni a ellas ni a nosotros, y puede acabar en algo parecido a una obsesión.

Además, hay demasiadas veces en que esos defectos no son tales, sino diferentes y legítimos modos de ser.

Si somos demasiado quejosos, quizá debemos ganar en reciedumbre interior y esforzarnos más en ser como esas personas de las que hemos hablado.

Alfonso Aguiló Pastrana

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Mi amigo Kyle

Martes, 13 febrero, 2007

Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a un compañero de mi clase caminando de regreso a su casa. Se llamaba Kyle. Iba cargando todos sus libros y pensé: “¿Por qué se estará llevando a su casa todos los libros el viernes?. Debe ser un  “nerd (traga)”.

Yo ya tenía planes para todo el fin de semana, fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde, así que me encogí de hombros y seguí mi camino.

Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia él. Cuando lo alcanzaron le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo tiró al suelo.

Vi que sus lentes volaron y cayeron al suelo como a tres metros de él. Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus lentes. Vi lágrimas en sus ojos.

Le acerqué a sus manos sus lentes y le dije, “esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto”. Me miró y me dijo:

“¡gracias!”. Había una gran sonrisa en su cara; una de esas sonrisas que mostraban verdadera gratitud.

Le ayudé con sus libros. Vivía cerca de mi casa. Le pregunté por qué no lo había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de una escuela privada. Yo nunca había conocido a alguien que fuera a una escuela privada.

Caminamos hasta casa. Le ayudé con sus libros; parecía un buen chico. Le pregunté si quería jugar al fútbol el sábado conmigo y mis amigos, y aceptó. Estuvimos juntos todo el fin de semana. Mientras más conocía a Kyle, mejor nos caía, tanto a mí como a mis amigos. Llegó el lunes por la mañana y ahí estaba Kyle con aquella enorme pila de libros de nuevo. Me paré y le dije:

“Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días”. Se rió y me dio la mitad para que le ayudara.

Durante los siguientes cuatro años nos convertimos en los mejores amigos. Cuando ya estábamos por terminar la secundaria, Kyle decidió ir a la Universidad de Georgetown y yo a la de Duke. Sabía que siempre seríamos amigos, que la distancia no sería un problema. Él estudiaría medicina y yo administración, con una beca de fútbol.

Llegó el gran día de la graduación. Él preparó el discurso.

Yo estaba feliz de no ser el que tenía que hablar. Kyle se veía realmente bien. Era una de esas personas que se había encontrado a sí misma durante la secundaria, había mejorado en todos los aspectos, se veía bien con sus lentes. Tenía más citas con chicas que yo y todas lo adoraban. ¡Caramba!, algunas veces hasta me sentía celoso… Hoy era uno de esos días. Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que le di una  palmadita en la espalda y le dije:

“Vas a estar genial, amigo”. Me miró con una de esas miradas (realmente de agradecimiento) y me sonrió:

“Gracias”, me dijo.

Limpió su garganta y comenzó su discurso:

“La Graduación es un buen momento para dar gracias a todos aquéllos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: tus padres, tus maestros, tus hermanos, quizá algún entrenador… pero principalmente a tus amigos. Yo estoy aquí para decirles que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir y, a propósito de esto, les voy a contar una historia”.

Yo miraba a mi amigo incrédulo cuando comenzó a contar la historia del primer día que nos conocimos. Aquel fin de semana él tenía planeado suicidarse. Habló de cómo limpió su armario y por qué llevaba todos sus libros con él: para que su madre no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela. Me miraba fijamente y me sonreía.

“Afortunadamente fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer algo irremediable”.

Yo escuchaba con asombro como este apuesto y popular chico  contaba a todos ese momento de debilidad. Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud. En ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras:

“Nunca subestimes el poder de tus acciones: con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal. Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros para impactarlos de alguna manera”.

“Los amigos son ángeles que nos llevan en sus brazos cuando nuestras alas tienen problemas para recordar como volar“.

No lo olvides nunca …

Hay personas que se dedican a iluminar las vidas de otros con su alegría, y su cariño, y eso a veces vale mucho.

(autor desconocido)

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Señor… ayúdame

Domingo, 5 noviembre, 2006

Señor… ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.

Si me das fortuna, no me quites la razón.

Si me das éxito, no me quites la humildad.

Si me das humildad, no me quites la dignidad.

Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.

Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás.

No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.

Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.

Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza.

Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.

Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.

¡Señor… si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí!

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