La cosecha

En un oasis escondido en medio del desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras. Su vecino Hakim se detuvo a abrevar sus camellos y lo vio transpirando, mientras parecía cavar en la arena. -

¿Que tal anciano? le dijo:

- Muy bien-contestó Eliahu sin dejar su tarea.

- ¿Qué haces aquí, con este calor, y esa pala en las manos?

- Siembro dátiles-contestó el viejo.

- ¡Dátiles!! -repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez- . El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Dime, ¿cuántos años tienes?

- Ochenta, … pero eso, ¿qué importa?

- Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Aunque vivas hasta los cien años, difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que siembras. Deja eso y ven conmigo.

- Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto… y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.

(autor desconocido)

UnMensajeParaTi.com.ar

Bookmark and Share compatir_por_email Compartir en Facebook Recibir "Un Mensaje Para Ti" por email

Pensar en los demás…

 

“Alguien está sentado en la sombra hoy porque algún otro plantó un árbol tiempo atrás”.

Warren Buffett

 

UnMensajeParaTi.com.ar

El árbol de la buena onda…

Diga gracias.
Vaya a caminar. Sonríale a
todos. Haga un álbum familiar. Cuente
las estrellas. Mime a los que ama. Llame a
sus amigos por teléfono. Dígale a alguien : “Te
quiero mucho”. Hable con Dios. Sea otra vez un
niño. Salte a la cuerda. Borre la palabra rencor. Diga
que sí. Ríase. Lea un libro. Pida ayuda. Corra. Cumpla sus
promesas. Cante una canción. Anote los cumpleaños. Ayude a
un enfermo. Salga para divertirse. Cambie su peinado. Sea voluntario.
Piense. Devuelva un favor. Termine un proyecto. Rompa con un hábito.
Dése un baño de espuma. Escriba una lista con las cosas que hace
bien. Visite
a un hermano. Sueñe despierto. Apague el televisor  y
converse.Permítase
equivocarse. Devuelva una amabilidad.  Escuche
a los grillos. Agradezca a
Dios por el sol. Acepte un  cumplido.
Perdónese. Deje que alguien lo cuide.
Muestre  su felicidad. Aprenda
 algo que siempre deseó. Tóquese la punta de
los pies. Mire una flor
con atención. No diga “no puedo” por un día. Cante
en la ducha.
Viva cada minuto de la mano de Dios. Empiece una tradición
familiar. Haga un picnic adentro de su casa. Por hoy no se
preocupe.
Practique el coraje en las pequeñas cosas.
Ayude a un anciano del barrio.
Aliente a un niño.
Mire fotos viejas. Escuche a un amigo. Imagine
las olas del mar. Juegue con su mascota.
Permítase brillar.
Dése una  palmada
en la espalda. Grite
por su
equipo favorito. Pinte
un cuadro. Salude a
un nuevo vecino.
Haga un pequeño
cambio. Delegue
tareas. Hágale
sentirse bien-
venido a alguien.
Permita que alguien lo
ayude. Sepa que no está solo. Hágase un regalo.
Comprométase a vivir con pasión: Nada se logra sin ella.

El árbol de los amigos

Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.

Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar, más otras apenas vemos entre un paso y otro.

A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos.

Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos.

El primero que nace del brote es nuestro amigo “papá” y nuestra amiga “mamá”, nos muestra lo que es la vida. Después vienen los amigos hermanos, con quienes dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros.

Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien. Más el destino nos presenta a otros amigos, los cuales no sabíamos que iban a cruzarse por nuestro camino.

A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, de corazón. Son sinceros, son verdaderos. Saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz. Y a veces uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón y entonces es llamado un amigo enamorado. Ése da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios, saltos a nuestros pies.

Más también hay aquellos amigos por un tiempo, tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas; ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro, durante el tiempo que estamos cerca.

Hablando de cerca, no podemos olvidar a amigos distantes, aquellos que están en la punta de las ramas y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre hoja y hoja.

El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas hojas, algunas nacen en otro verano y otras permanecen muchas estaciones. Pero lo que nos hace más felices es que las que cayeron continúan cerca, alimentando nuestra raíz con recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino.

Te deseo, hoja de mi árbol, amor, paz, salud, suerte y prosperidad

Hoy y siempre… simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejaran nada. Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.

(autor desconocido)

( …gracias Paloma )

UnMensajeParaTi.com.ar @PabloGimenez

Bookmark and Share compatir_por_email Compartir en Facebook Recibir "Un Mensaje Para Ti" por email Seguirme en Twitter

El árbol de los problemas

El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar mi vieja granja, acababa de finalizar su primer día de trabajo muy duro. Su cortadora eléctrica se había dañado y le había hecho perder una hora de su trabajo y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar.

Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia.

Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.

Al entrar en su casa, ocurrió una sorprendente transformación.

Su bronceada cara sonreía plenamente. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente me acompañó hasta el auto. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo visto cuando entramos.

“Ese es mi árbol de los problemas”, contestó. “Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero hay algo que es seguro: los problemas no pertenecen a mí casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego. Luego a la mañana los recojo otra vez…”

“Lo divertido es… – dijo sonriendo – que cuando salgo a la mañana a recogerlos, ni remotamente encuentro tantos como los que recuerdo haber dejado la noche anterior”.

UnMensajeParaTi.com.ar

Bookmark and Share

compatir_por_email

El bosque

Tiempo atrás, yo era vecino de un médico, cuyo “hobby” era plantar árboles en la enorme quinta de su casa.

Algunas veces observaba desde mi ventana el esfuerzo para plantar árboles y más árboles todos los días.

Entretanto, lo que más me llamaba la atención era el hecho de que él jamás regaba los renuevos que plantaba.

Noté después de un tiempo que sus árboles estaban demorando mucho en crecer.

Cierto día, resolví entonces acercarme al médico y le pregunté si el no tenía recelo de que los árboles no crecieran pues percibía que el nunca los regaba.

Fue cuando con un aire orgulloso, él me describió su fantástica teoría.

Me dijo que; si regase sus plantas, las raíces se acomodarían  a la superficie y quedarían siempre esperando por el agua más fácil venida de encima.

Como él no las regaba, los árboles demorarían más en crecer, porque sus raíces tenderían a migrar para el fondo, en busqueda del agua y de las variadas fuentes nutrientes encontradas en las capas más inferiores del suelo.

Esa fue la charla que tuve con aquel vecino mío.
Después fui a vivir a otro país, y nunca más lo encontré.

Varios años más tarde, al retornar del exterior, fui a dar una mirada a mi antigua residencia.

Al aproximarme, noté un bosque que antes no había.
¡Mi antiguo vecino había realizado su sueño!

Lo curioso es que aquel era un día de un viento muy fuerte y helado, en que los árboles de la calle estaban arqueados, como si no estuviesen resistiendo el rigor del invierno.

Entretanto, al aproximarme a la quinta del médico, noté como estaban sólidos sus árboles: practicamente no se movían, resistiendo implacablemente aquella ventolera.

Efecto curioso, pensé yo.

Las adversidades por las cuales aquellos árboles habían pasado, habiendo sido privados del agua, parecían haberlos beneficiado, como si hubiesen recibido el mejor de los tratamientos.

Todas las noches, antes de irme a acostar doy siempre una mirada a mis hijos me inclino sobre sus camas y observo cómo han crecido. Frecuentemente, oro por ellos.

La mayoría de las veces, pido para que sus vidas sean fáciles.

“Dios mío: libra a mis hijos de todas las dificultades y agresiones de este mundo”.

He pensado, entretanto, que es hora de cambiar mis oraciones.

Este cambio tiene que ver con el hecho de que es inevitable que los vientos helados y fuertes no alcancen a nuestros hijos.

Sé que ellos encontrarán innumerables problemas, por lo tanto, mis oraciones para que las dificuldades no ocurran, han sido demasiado ingenuas.

Siempre habrá una tempestad ocurriendo en algún lugar.

Por lo tanto, pretendo cambiar mis oraciones.

Lo haré porque, queramos o no queramos la vida no es muy fácil.

Al contrario de lo que había hecho, pasaré a pedir para que mis hijos crezcan con raices profundas, de tal forma que  puedan sacar energía de las mejores fuentes -de las más divinas-, que se encuentran en los lugares más remotos.

Oramos demasiado para que tengamos facilidades,  pero en realidad lo que necesitamos hacer es pedir para desarrollar raíces fuertes y profundas, de tal manera que, cuando las tempestades lleguen y los vientos helados soplen, resistamos bravamente y no seamos dominados.