Archivar como 30 octubre 2008

Hace un año… Octubre de 2007

Jueves, 30 octubre, 2008

Hace un año encontrábamos en Un Mensaje Para Ti, los siguientes mensajes:

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El roble y la hiedra

Miércoles, 29 octubre, 2008

Un hombre edificó su casa y la embelleció con un jardín interno.

En el centro plantó un roble.

Y el roble creció lentamente.

Día a día echaba raíces y fortalecía su tallo, para convertirlo en tronco, capaz de resistir los vientos y las tormentas.

Junto a la pared de su casa plantó una hiedra y la hiedra comenzó a levantarse velozmente.

Todos los días extendía sus tentáculos llenos de ventosas, y se iba alzando adherida a la pared.

Al cabo de un tiempo la hiedra caminaba sobre los tejados.

El roble crecía silenciosa y lentamente.

- “¿Cómo estás, amigo roble?”, preguntó una mañana la hiedra.

-” Bien, mi amiga” contestó el roble.

-” Eso dices porque nunca llegaste hasta esta altura “, agregó la hiedra con mucha ironía.

“Desde aquí se ve todo tan distinto. A veces me da pena verte siempre allá en el fondo del patio”.

-” No te burles, amiga”, respondió muy humilde el roble. ” Recuerda que lo importante no es crecer deprisa, sino con firmeza “.

Entonces la hiedra lanzó una carcajada burlona.

Y el tiempo siguió su marcha.

El roble creció con su ritmo firme y lento.

Las paredes de la casa envejecieron.

Una fuerte tormenta sacudió con un ciclón la casa y su jardín.

Fue una noche terrible.

El roble se aferró con sus raíces para mantenerse erguido.

La hiedra se aferró con sus ventosas al viejo muro para no ser derribada.

La lucha fue dura y prolongada.

Al amanecer, el dueño de la casa recorrió su jardín, y vio que la hiedra había sido desprendida de la pared, y estaba enredada sobre sí misma, en el suelo, al pie del roble.

El hombre arrancó la hiedra, y la quemó.

Mientras tanto el roble reflexionaba:

” Es mejor crecer sobre raíces propias y crear un tronco fuerte, que ganar altura con rapidez, colgados de la seguridad de otros”.

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El manzano generoso

Martes, 28 octubre, 2008

Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas.

Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él.

Trepaba el árbol hasta la copa, que le daba sombra.

Él amaba al árbol y el árbol amaba al niño.

Pasó el tiempo, y el pequeño niño creció y nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.

Un día, sin embargo, el muchacho regresó y escuchó cómo aquel manzano le preguntaba con tristeza:

–¿Vienes a jugar conmigo?

Pero él contestó:

–Ya no soy el niño de antes que se divertía contigo. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos.

–Lo siento –dijo el árbol–, pero no tengo dinero… Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera obtendrás el dinero que necesitas para comprar tus juguetes.

El muchacho se sintió muy afortunado.

Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero, y el árbol recobró su felicidad.

Pero resultó que su querido amigo no volvió en mucho tiempo…

Cuando aquel muchacho regresó, se había convertido ya en todo un hombre.

El manzano, todavía expectante, le preguntó:

-¿Vienes a jugar conmigo?

–No tengo tiempo para jugar –respondió él–. Debo trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa y con mis hijos. ¿Puedes ayudarme?.

–Lo siento, pero no tengo una casa. Sólo se me ocurre que puedes cortar mis ramas y usarlas para construir la tuya.

Y el joven cortó todas las ramas del árbol, volviendo a desaparecer por muchos años, y dejando al árbol triste y solo.

Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el manzano recuperó la sonrisa.

–¿Vienes a jugar conmigo?– le preguntó.

Pero el hombre contestó:

–Estoy triste: me estoy haciendo mayor. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?.

–Usa mi tronco para construir uno. Así podrás navegar y ser feliz –respondió el árbol.

El hombre cortó el tronco y construyó su bote.

Luego se fue a navegar por un largo tiempo.

Finalmente, regresó después de muchos años.

El manzano, adelantándose a los acontecimientos, le aclaró:

–Lo siento mucho, pero no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.

Pero el hombre replicó:

–Ya no tengo dientes para morder ni fuerza para escalar… Porque ahora yo también soy un viejo.

Entonces, el árbol, con lágrimas en sus ojos le dijo:

–Realmente no puedo darte nada, a excepción de mis raíces muertas.

Y el hombre contestó:

–Yo no necesito mucho ahora; tan solo un lugar para reposar tras años y años de trabajo.

–Bueno… las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y goza de los placeres de la naturaleza.

El hombre se sentó junto al manzano, y éste, tan desnudo de madera, hojas y frutos como feliz y pleno, sonrió con lágrimas…

Ésta puede ser la historia de cada uno de nosotros.

El árbol son nuestros padres, con quienes tanto compartimos de pequeños… pero a los que tan de lado dejamos según vamos creciendo.

Parece a veces que sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas.

Y allí los encontramos siempre, dispuestos a sacrificarse y a darnos todo con tal de vernos felices.

Se podría pensar que el muchacho es cruel con el manzano, pero… ¿no tratamos tantas y tantas veces así a nuestros padres?.

Valorémoslos, querámoslos, mimémoslos… mientras los tengamos a nuestro lado.

Si ya no están, que la llama de su amor arda por siempre en tu corazón y su recuerdo te dé fuerza cuando más cansado te sientas.

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La vida y sus problemas

Viernes, 24 octubre, 2008

Muchas veces nos desesperamos por la cantidad de problemas que tenemos que afrontar diariamente: en el trabajo, en la casa, en cualquier otro lado.

Parecería que fuéramos de problema en problema; no terminamos de salir de uno cuando ya aparece otro.

En esos momentos solemos decir: “¡Que feliz sería si no tuviera tantos problemas!”.

Sin embargo, este es un enfoque equivocado.

Mientras vivamos, la vida nos presentará inevitablemente problemas para resolver, y el hecho de ser feliz no está relacionado con la existencia o no de problemas, sino con la manera en que los enfrentas

Piensa un poco en qué es una situación problemática.

Se dice que tenemos un problema cuando algo no se produce de la manera que nos gustaría.

No ganamos lo que nos gustaría, los hijos no se portan como nos gustaría, o simplemente el tránsito no avanza tan rápidamente cómo nos gustaría.

¿Sería posible que todo ocurriera de la manera en que a ti te viene bien?.

Obviamente que no, aunque más no fuera por la razón de que muchas veces lo que es el beneficio de uno es el perjuicio del otro.

Entonces vemos que los problemas son una parte ineludible de la vida.

Si queremos vivir, tenemos que enfrentar problemas.

Pero no debes verlo como un mal irremediable, sino como una oportunidad para superarte.

Cada problema es una oportunidad para ejercer tu razonamiento, que es la manera de crecer.

Ejercer tu razonamiento con un problema no significa necesariamente tener que resolverlo.

Tal vez lo que debas hacer es ignorarlo.

Con cada problema que se te presenta, tienes las dos opciones: resolverlo o ignorarlo.

Existen distintos tipos de problemas, y a menudo se presentan varios simultáneamente.

Sería una cuestión sin sentido, tratar de resolver todos sin que falte uno.

Cuando tenemos que enfrentar varios problemas al mismo tiempo, lo primero que tenemos que hacer es jerarquizar los mismos.

Habrá algunos más importantes y otros que lo son menos.

Tus recursos no son ilimitados, y es probable que al tratar de solucionar los menos importantes, comprometas la solución de los más urgentes.

Entonces sería una decisión sabia ignorar aquellos problemas que en el momento no te son tan importantes. 

Una vez establecida una jerarquía de problemas y determinado cuáles vamos a tratar de resolver y cuáles vamos a dejar para más adelante o para nunca, no nos queda otra alternativa que comenzar a tratar de resolverlos.

Es en este momento cuando realmente está en juego la posibilidad de ser feliz; la diferencia entre ser feliz o no, radica en la actitud con que afrontas tus problemas.

Hay tres actitudes con las que puedes encarar la resolución de tus problemas: “Soy incapaz de solucionar nada”, “Nada es demasiado difícil para mí” y “Algunas cosas podré resolver y otras no”.

La última opción es la única que te puede ayudar a tener más felicidad en tu vida.

Si desde el comienzo supones que eres incapaz de resolver cualquier problema que se te presente, estarás constantemente dependiendo de alguna otra persona para poder vivir.

Llevar una vida dependiente no es la manera de vivir feliz.

Para poder serlo debes tratar de ser tan autónomo como te sea posible, dentro de los limites que implica seguir siendo un ser humano.

Vivir encadenado a los otros para que te solucionen tus problemas, es condenarte a la infelicidad.

Si partes de la base de que no hay nada que esté más allá de tus posibilidades, también vas camino a la infelicidad, sencillamente porque esa afirmación no es cierta.

No existe ningún ser humano todopoderoso, todos tenemos nuestras limitaciones.

Si piensas que todo lo puedes, estás equivocado, y en algún momento la realidad se encargará de demostrártelo.

Cuando ello ocurra, el golpe puede ser muy fuerte y ciertamente no serás una persona feliz.

Si tienes una apreciación realista de tus posibilidades y reconoces que algunas cosas podrás resolver y otras no, estás mucho mejor preparado para ser feliz.

Es importante darse cuenta de que hay hechos que escapan a nuestra decisión y que, por más buena intención que pongamos, no lograremos cambiarlos.

Esto no significa que dejes de hacer todo lo que puedas, si no para solucionar, al menos para tratar de mejorar en lo que se pueda la situación.

Siempre tenemos que ponderar hasta donde llegan nuestras posibilidades, y tratar de llegar hasta el límite de las mismas, pero no pretender ir más allá.

Si eternamente estás tratando de hacer lo que no puedes, eternamente serás infeliz.

Para que los problemas no te impidan tener toda la felicidad que puedas en tu vida, debes tener fe en tu capacidad para resolverlos, pero tampoco creerte omnipotente.

Debes alegrarte por los que has podido resolver y no amargarte por aquellos que quedaron sin solución, descansando siempre en la tranquilidad que te da el saber que has hecho todo lo que has podido.

(Autor desconocido)

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La vida oculta las cosas…

Lunes, 20 octubre, 2008

“La vida oculta las cosas poniéndolas delante de nuestros ojos”

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Soneto

Lunes, 20 octubre, 2008

Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,

si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.

Francisco Luis Bernárdez

 

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Hace un año… Septiembre de 2007

Viernes, 3 octubre, 2008

Hace un año encontrábamos en Un Mensaje Para Ti, los siguientes mensajes:

 

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